BRENDA CHÁVEZ “Al borde de un ataque de compras”

Miercoles 05 de Febrero de 2020





Brenda Chávez procura llevar todo lo que ha aprendido al escribir sobre consumo a su vida cotidiana


Brenda Chávez acaba de publicar “Al borde de un ataque de compras. 73 claves para un consumo consciente” (Debate). Se trata de un volumen fácil de leer y muy manejable. Chávez es periodista especializada en sostenibilidad y medio ambiente. Estará en BioCultura A Coruña (ver abajo) para presentar esta obra que, a todas luces, nos puede ayudar a tener un consumo más consciente. 

-¿Le puedes explicar tu libro a alguien que no lo haya leído?
-Es un libro, útil, práctico, para todas las edades y públicos, que se lee en unas horas, para ayudar a consumir sosteniblemente. Porque consumir se ha vuelto un acto cada vez más complejo de practicar conscientemente, es decir, teniendo en cuenta no sólo su calidad y el precio, sino también sus implicaciones sociales y medioambientales. Y como votar, no deja de ser una decisión política con la que cada día perfilamos nuestra realidad e implica intereses de todo tipo que podemos estar apoyando, sin saberlo, en contra de nuestros propios valores. Sus 73 claves son unas pautas sencillas que tener presentes en el camino hacia fórmulas de consumo más sostenibles. Facilitan la toma de decisiones y simplifican nuestra labor como consumidores y consumidoras sin sermonear, ni culpabilizar. Desarrollan en pocos párrafos unas reflexiones ilustrativas y consejos prácticos sobre alternativas concretas que están a nuestro alcance, así como desmonta mitos y narrativas para desprogramarnos lógicas de mercado que tenemos totalmente incorporadas y que nos influyen al elegir sin que apenas nos demos cuenta.

UNIFICANDO CRITERIOS
-¿Por qué 73 opciones para un consumo responsable?
-Me parecía pertinente unificar criterios y simplificar en lo posible la labor de todos nosotros, consumidores y consumidoras, porque desde que publiqué “Tu consumo puede cambiar el mundo”, hace más de dos años, me han invitado a participar en multitud de conferencias, ponencias, mesas redondas, debates, cursos, talleres, charlas (incluida una TEDTalk). También he hecho numerosas entrevistas en medios muy distintos. Y al establecer un diálogo sobre el consumo consciente (también llamado responsable, sostenible, crítico o transformador) con audiencias de diverso poder adquisitivo, ideología, religión, edades, nacionalidades, sexo, nivel de conocimiento, necesidades, así como con colectivos profesionales, civiles, empresariales, institucionales, etc., he podido constatar que existe una preocupación común, creciente, por conocer qué hay detrás de lo que se consume habitualmente, y qué alternativas existen con menos impactos negativos. En todas estas experiencias, he ido viendo cuestiones que se repetían, y me llevaron a reflexionar sobre la necesidad de contar con unas pautas sencillas que faciliten la toma de decisiones. Al final han salido 73 claves, pero no ha sido premeditado. Juntas, establecen filtros y líneas de acción con las que decantarnos por artículos o elecciones que influyan de forma virtuosa en nuestras vidas, en el planeta, en los seres que lo habitan y en la economía actual. 

-¿El cesto de la compra puede ser un “carro de combate” contra la destrucción del mundo?

-Sí, el consumo vertebra nuestra sociedad; vivimos en una sociedad que llamamos “de consumo”, y somos parte de un engranaje fundamental. Con cada compra emitimos un voto de confianza, apoyamos con nuestro dinero una cadena de producción y de consumo que igual está cometiendo abusos sociales, medioambientales, culturales, políticos o económicos, que podemos estar apoyando, en contra de nuestros valores, sin saberlo. Por el contrario el consumo puede ser transformador social y medioambientalmente, y una palanca de cambio, si invertimos nuestro dinero en servicios y bienes sostenibles, que respeten los recursos del planeta, a las personas que los elaboran, a los demás seres vivos, y promuevan una economía donde el bienestar y el desarrollo sostenible estén el centro, no exclusivamente el lucro, como ocurre con muchísimas empresas y con la economía actual que está depredando el planeta. Si apoyamos las malas prácticas estas se cronificarán, y si, por el contrario, fomentamos un consumo con impactos positivos, estamos construyendo otra realidad, otra economía y otro mundo, algo que está reclamando mucha gente ya porque nos va la vida y el planeta en ello.

PLÁSTICOS

-¿Qué papel juegan los plásticos y sus residuos y su contaminación en el consumo consciente que tú propones?

-El consumo consciente supone en minimizar plásticos, envases, etc., reduciendo su consumo todo lo posible porque el problema de la plaga de plástico es extremadamente grave y está contaminando el mundo, el agua, a las especies y nuestros cuerpos.


-¿Cómo hay que luchar contra los productos de un solo uso, que es de lo más nefasto a lo que nos enfrentamos?
-Ya no sólo los productos de un solo uso, sino contra toda la cultura del “usar y tirar”, que está instalada desde hace décadas. Apostemos por los bienes duraderos, de largo recorrido, y fabricados con procesos sostenibles. O bienes reciclajes y compostables a los que, a ser posible, les podamos dar más de un sólo uso.


-¿Pones algún ejemplo en el libro de cómo consumir sin plásticos? ¿Nos lo puedes contar?
-Sí, hay muchos, desde consumir a granel, a cosmética o higiene zero waste (como champús sólidos o mantecas corporales, copas menstruales), a usar botellas recusables, cestas o bolsas de la compra, y también recomiendo algún recurso útil como el libro y el blog “Vivir sin plásticos” de Patricia y Fernando.

UN ACTO POLÍTICO

-Así, entonces, ¿nuestra forma de consumir puede ser un acto político?

-Lo queramos o no, consumir es un acto político y económico de primero orden, porque tras el consumo y la producción hay intereses de todo tipo, aunque interesa potenciarlo (como ocurre con el voto durante el periodo electoral) lo más acrítica, emocional e irreflexivamente como sea posible.  El modelo productivo (es decir, cómo se está produciendo y consumiendo nuestros bienes y servicios) es responsable de graves externalidades medioambientales como el cambio climático, la acifidicación de los océanos, niveles de residuos nunca vistos, pero también de externalidades sociales como la precarización del mercado laboral global y la brecha creciente en el mundo entre ricos y pobres. Por si fuera poco a estos nuevos consumidores conscientes hoy diversos estudios los considera el potencial “punto de inflexión” del consumo global, el marketing los llama “participantes activos” o “mundiales” porque con sus acciones y hábitos son capaces de modificar el desarrollo, la producción y la venta de bienes o servicios. Dada la presión a la que someten a las empresas, hacen que estas necesiten revisar y ajustar sus procesos para convertirse en responsables con el medio ambiente y con la comunidad global. ¿A qué esperamos?

-¿Es más democrático tener un consumo responsable y consciente que ir a votar cada 4 años (o cada año, como pasa ahora)? 
-Cualquier herramienta a nuestro alcance para cambiar la economía y el planeta es necesaria, el voto, el consumo consciente, ser una ciudadanía activa e informada, participar de colectivos que reivindiquen mejoras, también de la propia la democracia. Todo suma. Lo importante es intentar ser parte de la solución, no del problema. Como ciudadanos votamos sólo cada cuatro años; bueno, últimamente, más…pero sin embargo como consumidores tenemos más poder e influencia de lo que pensamos porque, a diario, con cada acto de consumo también estamos votando a empresas que igual no nos merecen y luego incluso pueden estar haciendo lobby en contra de la ciudadanía, contra el juego democráticos, para su lucro y beneficio particular. Deberíamos de estar más atentos a estas cuestiones que a las infinitas opciones de consumo que nos intentan vender, la mayoría innecesarias, de mala calidad, y manchadas de abusos y tragedias.

 


“Lo queramos o no, consumir es un acto político y económico de primero orden, porque tras el consumo y la producción hay intereses de todo tipo, aunque interesa potenciarlo (como ocurre con el voto durante el periodo electoral) lo más acrítica, emocional e irreflexivamente como sea posible”



CONSUMO CONSCIENTE

-¿Por qué has escrito este libro?

-Porque quería acercar el consumo consciente, responsable o sostenible a todo tipo de públicos desde adolescentes a personas mayores, concienciadas y no concienciadas, que fuera cómodo, que se pudiese regalar y leer en un ratito, que se pueda transportar y llevarlo contigo si lo necesitan consultar, porque tiene el tamaño de un cuaderno de nota. Con la emergencia climática que estamos viviendo y la brecha social, creo que mi obligación como periodista no es solo informar y denunciar estas cuestiones, sino también dar visibilidad a las alternativas, porque las hay, en todos los sectores, están a nuestro alcance, y todos podemos contribuir a un cambio de modelo productivo, de economía y de planeta, a mejor.

-¿Este libro era impensable hace 40 años?
-Hace cuarenta años la conciencia medioambiental y social estaba generando todo un cuerpo teórico necesario, del que nos hemos nutrido, para poder desarrollar prácticas con las que poder cambiar las cosas. Ha sido una evolución necesaria, un relevo intergeneracional vital para que profesionales como yo… podamos desarrollar el trabajo que estamos haciendo, que agradezco infinitamente y que hay siempre que recordar para mantener esa memoria viva para las siguientes generaciones. Además, muchas de las alternativas que recojo se han ido desarrollando en la últimas décadas, pero también tengamos en cuenta que, en las últimas cuatro décadas, precisamente de esplendor de la economía neoliberal, se ha cuadruplicado la producción y el consumo, hasta niveles suicidas: anualmente, tal y como apunta Global Footprint Network, demandamos 1,7 tierras en recursos naturales, es decir, consumimos y producimos por encima de la capacidad terrestre para renovarse. En 2030, según WWF, serán dos tierras, y en 2050 casi tres…  No es de extrañar que la producción y el consumo responsable sean el punto duodécimo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la agenda de 17 metas de Naciones Unidas para alcanzar esa prosperidad global en 2030. Algo fundamental.

DATOS IMPORTANTES
-¿Qué datos sorprendentes aportas en tu libro? Danos alguno…
-Nos doy datos ni para provocar, ni para alarmar, sino para hacernos reflexionar y darnos cuenta del engranaje del que formamos parte, porque así podremos encontrar vías para volverlo sostenible y para usar el consumo como una herramienta de transformación social y ambiental. Por ejemplo es interesante saber que entre el 60 y el 80 por ciento de la huella ecológica proviene del consumo de los hogares. Cambiar nuestros hábitos tiene un efecto drástico en nuestra huella medioambiental, pero, cuidado, las cuartas quintas partes de esos impactos no son directamente atribuibles a los consumidores sino secundarios, es decir, derivados de las diferentes industrias que fabrican nuestros bienes y productos, sus sistemas productivos los crean. Por eso es importante saber qué estamos fomentando con nuestro dinero y nuestro consumo. Además hay datos de lo que cobran las costureras que hacen la ropa, de los productores que cultivan nuestra comida, del beneficio que se lleva una multinacional, o de cómo han acumulado poder las transnacionales volviéndose en muchos casos peligrosas para el sistema, porque sus tamaños mastodónticos, sus gigantescas demandas de recursos, sus crecimientos pretendidamente infinitos en un mundo de recursos finitos, y porque a veces se vuelven too big too fall, demasiado grandes para caer, como ha pasado con muchos bancos a los que se ha rescatado con dinero de la ciudadanía. «How your personal consumption affects climate», Gemini, NTNU Trondheim-Universidad de Ciencia y Tecnología, 23 de febrero del 2016.

-¿Por qué te hiciste periodista?
-Porque me ayuda a entender la realidad y el mundo en el que vivo, y porque me gusta poner al alcance de la ciudadanía información que no puede conocer de motu propio si alguien no la recoge, o la investiga. Pero mientras ocupé cargos en revistas femeninas sentía que hacía más marketing que periodismo, y que esos medios incitaban e incitan a un consumo y promovían y promueven unos modelos femeninos que me provocaban muchos conflictos; tantos, que las dejé y cambié de vida profesional. Ahora tengo el placer de formar parte del colectivo de periodistas de investigación, todas mujeres, Carro de combate, que son absolutamente maravillosas. Justo este mes sacan el libro “Los monocultivos que conquistaron el mundo”, que recomiendo fervientemente. Además, los medios con los que colaboro ahora entienden y respetan el periodismo que quiero hacer, así que estoy muy feliz.

Pedro Burruezo

 


LO COTIDIANO

-¿En qué medida llevas a tu cotidianeidad personal todo aquello de lo que hablas en el libro?
-En todo lo posible. Al final del libro cuento cómo me he ido organizando (y aún sigo evolucionando), aunque no creo que sea un ejemplo de nada, pero mi experiencia personal puede desdramatizar y desprejuiciar este proceso de consumir conscientemente que muchos tildan de imposible, difícil, árido e incluso utópico. Y aunque no está exento de sorpresas, es más fácil de lo que pensamos. Lo practico en la moda, en la alimentación, en la cosmética, en el transporte, en la banca, en la energía, en los seguros, en el hogar, en la salud, con la tecnología, en todo lo que puedo y donde sé que hay alternativas más sostenibles… ¡Bueno, hasta con mi gata! Pero que nadie piense que vivo obsesionada con esto, o que sólo me dedico a esto, para nada. Llevo una vida tan normal y ajetreada como la de cualquiera, con un presupuesto como casi todo el mundo, al que me tengo que atener. Y el consumo no me interesa tanto, hay cosas en la vida infinitamente más importantes que consumir. Pero si lo hacemos, que el consumo no nos consuma, ni consuma el mundo con todo lo que contiene, todos salimos ganando.




EN BIOCULTURA A CORUÑA
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Título de la conferencia: NUESTRO CONSUMO PUEDE CAMBIAR EL MUNDO
Día: SÁBADO, 29 FEBRERO
Hora: 18:00 h.
Sala: 1






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