CONSUMO La opinión de Ángeles Parra

Lunes 10 de Julio de 2017




Ángeles Parra reflexiona en voz alta sobre todo lo que está aconteciendo en el consumo ecológico en los últimos meses…

De todas las estadísticas que vemos en los últimos tiempos en torno al consumo ecológico, y de nuestra propia experiencia personal, podemos extraer algunas conclusiones. Primera: el consumo ecológico crece. Esto está muy claro. Pero, ¿cuáles son los sectores en los que crece más? Segunda: también aumenta el número de personas y/o familias que comen mayoritariamente alimentos orgánicos, pero lo cierto es que crece más y más rápidamente el número de familias y/o personas que consumen alimentos “bio” de forma esporádica, de la misma manera que aumenta más y con mayor celeridad el número de consumidores que consumen de forma aleatoria, de vez en vez, productos destinados a veganos… que el número de veganos. Los que consumen mayoritariamente alimentos ecológicos de forma continua compran en establecimientos especializados, en un porcentaje alto. Saben lo que quieren y cómo. Y su consumo responsable es igualmente consciente en otros ámbitos de la eco-nomía doméstica. Los que consumen alimentos ecológicos de forma puntual no tienen una responsabilidad tan acentuada en otros ámbitos. Tercera conclusión: la ampliación de los puntos de venta de alimentos ecológicos (tiendas especializadas, súpers “bio”, grandes superficies, mercadillos, etc.), en general, salvo excepciones, da respuesta a formas de consumo diferentes y a grupos sociales diversos. Al menos, y por el momento, en el territorio español.

La cuarta conclusión, al menos desde nuestro parecer, es que lo que nos parece interesante, al menos en este momento, es que el consumo ecológico siga creciendo. Por diferentes razones: sanitarias, medioambientales, económicas, emocionales, familiares, etc. La alimentación ecológica es un tesoro y hay que democratizarla. Cuantas más personas consuman alimentos ecológicos, mejor. En sus casas, en escuelas, en hospitales, en guarderías, en comedores sociales, en restaurantes, en cafeterías, etc.  ¿Cómo lo hacemos? Pensemos lo que pensemos nosotros, sea cual sea nuestra opinión al respecto, el proceso de ampliación del sector ecológico con la entrada en juego de las grandes superficies y los grandes capitales, ya está en marcha. Y cumple una función, lo queramos o no. Nosotros, desde BioCultura, vamos a limitar la entrada en la feria de estas grandes superficies de varias maneras: en espacio y  en presencia. Pero oponernos por completo, radicalmente, a que estas empresas estén presentes en BioCultura, aunque sea de una manera simbólica, limitada, será un error. Trabajando junto a ellas podemos hacer que se impregnen de la esencia de lo que ha sido el sector hasta la fecha. Si les rechazamos, si les perdemos la pista, tarde o temprano van a pasar de todos nosotros y transformarán por completo el sector y sin ninguna regla de responsabilidad.

Son tiempos raros. Son decisiones complejas. Ni todo es blanco ni todo es negro. Hay que hacer apuestas y ni todo es totalmente positivo ni todo es totalmente negativo. Ojalá fuera así. Tampoco podemos dejarnos llevar por ideologías, que encorsetan. BioCultura no quiere perder su esencia, pero tampoco quiere ser una burbuja al margen de la sociedad. ¿Un campesino que vende su producción a una gran superficie es un “traidor”? ¿Alguien que compra mayoritariamente en tiendas especializadas pero que también consume en grandes superficies cuando es necesario (cosa que todos hacemos, lo confesemos o no) es un “esquirol”? ¿Una empresa eco de "toda la vida" que decide seguir creciendo con la entrada de "gran capital" "se ha vendido al enemigo"? Hay que seguir trabajando con consciencia, apostando por lo mejor, pero sin ir por la vida de ermitaños. Ni de sabelotodos. Ni de superiores.  Hemos trabajado desde el principio para conseguir democratizar la alimentación ecológica. Vamos a seguir en ello y para que esta popularización siga los pasos más correctos. Pero no podemos trabajar de espaldas a la realidad diaria. No sería sano, ni mental ni emocionalmente. Todo es posible y lo que cuenta, nos dicen los sabios de las grandes tradiciones, es la intención. Y la nuestra está muy clara: llegar a la democratización de la alimentación ecológica y que el consumidor pueda llegar a ella de la forma que más le plazca. El consumidor es, realmente, quien elige. Se trata de facilitarle las cosas. El crecimiento del sector también implica bondad para todos (productores, restaurantes, tenderos, superficies, elaboradores, importadores, sector gourmet…) y, con la ampliación del sector, también hay más negocio para todos sus protagonistas. Se trata de que cada uno sepa encontrar su espacio. Nosotros trabajaremos para limitar el poder de las grandes superficies pero sin pensar con nostalgia en “paraísos perdidos”.

Ángeles Parra es directora de BioCultura






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