DISTOPÍAS ALIMENTARIAS/OPINIÓN La mala alimentación mata cada año a 11 millones de personas

Miercoles 10 de Abril de 2019





“The Lancet” acaba de publicar un informe, que han repicado varios rotativos españoles, que señala que la mala alimentación es responsable de 11 millones de óbitos al año en el planeta. Más que el tabaco, el cáncer, los infartos y la obesidad, que, a su vez, tienen que ver también con una alimentación saturada de grasas, azúcares, proteína animal, pesticidas y todo tipo de conservantes. En el informe han trabajado 130 científicos de 40 países y el estudio lo han comentado medios tan poco sospechosos de estar a favor de la salud natural como “El País”. Burruezo comenta el afer…
 

Dime lo que comes y te diré quién eres
Anthelme Brillat-Savarín


“The Lancet” lo ha publicado bien alto y bien claro. Por si a alguien le quedaban aún dudas. La mala alimentación, es decir la alimentación habitual del ciudadano medio en Occidente y en todo el planeta, prácticamente, es responsable de 11 millones de muertes al año en todo el orbe.  Algunos medios catalanes y españoles han glosado el asunto, medios muy poco sospechosos de ser proalimentación ecológica, algunos de esos medios que todos conocemos y que se apuntan a un bombardeo con tal de intentar desprestigiar a la alimentación “bio” y todo lo que gire a su alrededor, especialmente las terapias naturales (ahora, en la jerga oficialista, “pseudoterapias”). Los financiadores del informe, la Fundación Bill y Melinda Gates, tampoco son muy sospechosos de pertenecer a un lobby orgánico ni nada parecido. Pero es que ciertas verdades no se pueden ocultar por mucho más tiempo. Como dice el proverbio chino: “Se puede engañar a muy poca gente durante muy poco tiempo, pero no a mucha gente durante mucho tiempo”. La buena dieta está formada, en general, por alimentos ecológicos, de temporada, locales, más vegetales que animales, crudos y frescos en un buen porcentaje, lo más artesanos posibles… y procedentes de Comercio Justo aquellos que no pertenecen al ámbito local. Lo que es bueno para ti también es lo mejor para los ecosistemas. Grasas trans, azúcares a cascoporro, carne procesada y/o carne roja a manta, mucho sodio, pesticidas hasta en la sopa, colorantes y conservantes, transalimentos genéticamente modificados, alimentos cocinados de manera industrial… nos llevan a la tumba y, además, lo hacen lentamente, con enfermedades que nos van a hacer sufrir. Dicho esto, que cada uno entienda lo que ha de entender y que obre en consecuencia. Pero, si sigues comiendo como hasta ahora, tranquilo: todo está pensado. Los mismos inversores de la alimentación convencional son los que invierten en farmacopea y aparatología médica porque una población crónicamente enferma es sumamente rentable…

UNA FÁBRICA DE MUERTE
Crecen las muertes por alimentación nociva mientras crecen, asimismo, las tasas de cáncer, de enfermedades degenerativas y de otras enfermedades de la civilización. Para la OMS, el 80% de los óbitos relacionados con las enfermedades de la sociedad de masas están íntimamente relacionados con la pésima calidad de la dieta del ciudadano de a pie. Reflexionar sobre todo esto, y actuar en consecuencia, es hoy una obligación moral.
Si a los datos expresados le sumamos que otros millones de personas, frecuentemente los más vulnerables, mueren cada año no por comer en exceso ni por alimentarse de “comestibles” fraudulentos… sino por no poder llevarse nada a la boca, todo indica que nuestro sistema agroalimentario global y sus responsables son una enorme fábrica de muerte, enfermedad y desesperación. El mismo sistema agroalimentario crea obesidad y hambre, según estés donde estés. Mientras, nuestros políticos títeres miran hacia otros lados y se enrocan en asuntos sin trascendencia alguna (de algo hay que entretener a las masas). Y mientras, también, señores como el tal Mulet de Valencia (uno de los grandes defensores de la antiutopía alimentaria actual) aparecerán dentro de poco en los mismos medios para decir que en “The Lancet” están todos locos y que los 130 científicos de 40 países que han participado en este informe son unos iluminados conspiradores al servicio de grupos de presión golpistas de extrema izquierda y no sé cuántas cosas más. Personajes como el citado Mulet aprovecharán, de paso, para meter eso, lo de las vacunas, las pseudoterapias, el fanatismo de algunos líderes religiosos y el asunto de la verdadera razón de la muerte de Diana de Gales… todo en el mismo saco. A río revuelto, pescadores que no saben pescar… siempre se llevarán algo a la saca.

NOSOTROS SOMOS DIFERENTES
España, afortunadamente, es uno de los países cuya población mejor se alimenta en todo el planeta y los óbitos son menores que en otras zonas del globo a causa de una nutrición menos perniciosa. Gracias a Dios, aún tenemos el aceite de oliva virgen y algunos otros usos y costumbres que son como antídotos para el encuentro con el galeno. Sin embargo, lo que comía mi abuelo, que a los 91 años tuvo un hijo, ya apenas está en las mesas de nuestros comensales del S. XXI, al menos para un alto porcentaje de la ciudadanía. Y la cosa va a peor, y a ritmos aceleradísimos. Legumbres, verduras frescas, fruta recién cogida del árbol, huevos de gallinas libres… Qué verde era mi valle. Lo normal ahora es: carne roja a tutiplén, bollería industrial a manta, platos precocinados congelados sin alma y sin vida por doquier, refrescos azucarados… Vivimos ya en una distopía alimentaria en toda regla, sí señor. Una distopía o antiutopía es una sociedad ficticia indeseable en sí misma. Una distopía alimentaria es una fórmula antiutópica que tiene resultados horrorosos a largo plazo para muchas personas y consecuencias positivas muy reducidas para un escueto porcentaje de la población (ciertos inversores) y, además, sólo a corto plazo, pues ellos mismos también padecerán, directa o indirectamente, los problemas que crean. En la distopía global actual, un grupo chiquitín de empresarios se llena los bolsillos a costa de la salud global, tanto de las personas como de los ecosistemas. Parece que todo es correcto y los hipermercados rebosan de una oferta variada y atrayente mientras los consumidores deambulan con cara alegre (sólo en los anuncios) por los pasillos atiborrados de productos alimentarios muy coloridamente empaquetados. Detrás, expoliación, enfermedad, dolor, sacrificios innecesarios, crisis climática, agotamiento de los recursos, consumo excesivo… Por todo eso, el carro de la compra, nunca mejor dicho, se ha convertido en una especie de carro de combate con que ponerle freno a tanta locura y devastación. Dime qué consumes y te diré quién eres. Todos nuestros actos importan y somos absolutamente responsables de ellos.

LA MAGNITUD DEL ASUNTO
La magnitud del problema al que nos enfrentamos es extraordinario y por ello es necesario tomar actitudes firmes y consecuentes. Antes de que se publicara el informe de “The Lancet”… el que ha querido ver… ha podido hacerlo con claridad. Todos tenemos hoy un familiar, un amigo, un compañero de trabajo… con cáncer. Las enfermedades raras y otras patologías físicas y mentales asociadas a una dieta errónea aparecen a edades cada vez más tempranas. Las asmas y las alergias se multiplican. Las patologías degenerativas están a la orden del día. La obesidad crece. Una de cada cuatro parejas en edades de procrear tiene que recurrir a métodos de fertilidad artificiales. En Granada ya hay más clínicas de reproducción asistida que farmacias. La biodiversidad se agota. Los desórdenes climáticos se manifiestan de forma cada vez más contundente. Buena parte del origen de todo ello tiene que ver con la alimentación globalizada: una dieta salpicada de sangre, dolor y enfermedad. ¿Todavía no has visto la relación causa-efecto? ¿A qué vas a esperar para cambiar de chip? Sí, ahora vivimos más que antes, pero… ¿cómo?

Y NO TE CEBES…
Me despido con la frase con la que el gran Nicolás Olea zanjó su emocionante y profunda charla en BioCultura Sevilla sobre disrupción hormonal y exposición a químicos cotidianos a través de la dieta y de otras exposiciones: “Come ecológico, local, de temporada, más vegetal que animal y todo lo crudo que puedas. Y, de todo eso, come poco… por si me estoy equivocando…”. Nuestra salud y la salud de todos está en juego. Ahora, tú decides… Y no te cebes, hombre, que ya ves cómo crecen en todo el Mediterráneo las estadísticas sobre obesidad, un problema desconocido para nosotros hasta hace muy poco…

Pedro Burruezo






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