EL JARDINERO TRANQUILO “El salto de la torre”

Lunes 14 de Diciembre de 2015




En el nº 54 de la revista "The Ecologist", ya se publicó una entrevista a Juan Manuel López Muñoz, autor del blog de "El Jardinero Tranquilo". Desde entonces, las crónicas sobre este jardín de casa adosada en una ciudad andaluza no han dejado de fascinar a los internautas. Se trata de relatos breves cuya finalidad principal no es enseñar a cultivar plantas, sino presentar el jardín como un entorno singular donde el jardinero puede percibir la dinámica de la naturaleza a pequeña escala.

El Jardinero Tranquilo apuesta por un jardín donde caben los animales y los insectos, incluso los parásitos, cuando estos contribuyen a la eficiencia del ecosistema; un jardín donde la muerte y la enfermedad forman parte del ciclo natural de la vida, o donde la belleza y la fealdad cohabitan de manera armoniosa. Además, El Jardinero Tranquilo consigue una rara proeza: mostrarnos al homo urbanus desde la perspectiva de la planta de jardín. Ahora, acaba de publicar una novela: El salto de la torre
Hablar con Juan Manuel López, "El Jardinero Tranquilo", es hacerlo con un filósofo del mundo vegetal. Alguien que comprende un universo del que la mayoría no conocemos apenas nada…

-Jardinero, tú no necesitas salir de la ciudad para comprender los misterios de la naturaleza. ¿Cómo es esto posible?
-Muchas personas creen que la vida acontece lejos de ellas; creen que es preciso viajar a parajes exóticos para admirar el espectáculo de la naturaleza. Pero yo lo que hago simplemente es sentarme en mi jardín de ciudad y escuchar. O ni siquiera escuchar. Como dijo Kafka, sólo tengo que esperar, quieto y tranquilo, y entonces el mundo viene hacia mí para que lo desenmascare. No tiene otra opción. El problema está en que es mucho más difícil esperar y estar quietos que moverse, aunque a priori no lo parezca. Con la fábula mal entendida de la cigarra y de la hormiga nos enseñaron desde pequeños a rechazar la improductividad. Vamos de acá para allá constantemente, haciendo mil tareas, con la sensación de estar siempre en situación de tránsito, sin darnos cuenta de que estamos unidos a nuestro entorno y de que en cada momento estamos interactuando con el espacio que habitamos y con los demás seres vivos que lo pueblan. La práctica de la jardinería nos ayuda a estar quietos y así poder reconocernos como parte del entorno. No hace falta tener un gran jardín. El alféizar de una ventana o un balcón pueden bastar para que nos demos cuenta de que así como nos relacionamos con nuestras macetas… así nos relacionamos con la Tierra.

JARDINERÍA Y MIMOS
-Pero la jardinería parece incompatible con esa pasividad de la que hablas, pues cuidar un jardín puede requerir mucho trabajo, ¿o no?
-Se trata de construir un jardín que funcione por sí mismo, que demande una mínima intervención del jardinero. Esto es posible si lo diseñamos a gusto de las plantas, no a gusto del jardinero, y mucho menos en función de los intereses de los comerciantes de plantas. Por desgracia, las plantas se han convertido en productos de consumo rápido, de usar y tirar. Los viveros y supermercados ofrecen plantas en pleno desarrollo, repletas de flores, provenientes de todos los hemisferios. Son plantas muy frágiles, a pesar de su aspecto maravilloso; han crecido en condiciones artificiales, hiperalimentadas e hiperprotegidas. Las posibilidades de que estas plantas sobrevivan al ser trasplantadas y se integren a la dinámica del jardín son muy escasas, y exigirán demasiados mimos.
 


PLANTAS ADAPTADAS
-Entonces, ¿qué tipo de plantas recomendarías y cómo podemos conseguirlas?
-El jardín tranquilo está constituido por plantas adaptadas a la condiciones del terreno. Podemos elegir plantas exóticas siempre que los requerimientos de éstas sean semejantes a los de las plantas de la región donde habitamos. Un jardín no se puede empezar por el final, es decir, no podemos pretender que este luzca maravilloso desde el primer día. Es una buena idea hacerse con semillas y esquejes de plantas de amigos y vecinos, además de buscar por la zona viveristas responsables que apuesten por la sostenibilidad. El jardín al principio parecerá poco vistoso, pero lo cuidaremos tranquilamente con la certeza de que se convertirá en el jardín que deseamos. “Todo lo que es exquisito madura lentamente”, dijo Schopenhauer. Esto es una de las cosas más difíciles de asumir por el jardinero principiante: la lentitud del biorritmo del jardín, comparado con el frenesí de la vida urbana.

RESPETAR LA MICROFAUNA
-¿Cómo actúas frente a las plagas que afectan al huerto o al jardín?
-Respetarla microfauna permite al jardinero tomar conciencia de su responsabilidad como garante de la armonía del encuentro entre especies -incluyéndose a sí mismo-. Muchos animales que nos parecen dañinos, como por ejemplo los caracoles y babosas, colaboran en realidad con el jardinero en la tarea de reciclaje de la necromasa del jardín. Al hacer esto no sólo limpian el jardín de un modo eficiente, sino que además permiten un retorno más rápido de los nutrientes al suelo. Los ataques de pulgones y otros parásitos se pueden controlar asegurándose simplemente de que las plantas tienen las condiciones y el vigor necesarios para poder soportar la enfermedad sin sucumbir. Los pulgones forman parte de una cadena alimentaria fundamental para la biodiversidad del entorno, al ser a la vez fuente de azúcares para las hormigas y presa de otros insectos y de aves. En el jardín hay dos mundos paralelos, un mundo sonoro, y otro silencioso. La mayoría de la gente se queda con éste último, y mira un jardín igual que lee un texto escrito. Pero deberíamos ser capaces de mirar el jardín sin dejar de atender a los zumbidos de los insectos y los ruidos y los cantos que aportan los animales.

PLANTAS CON CONCIENCIA
-Tus plantas parecen vivas hasta el punto de tener conciencia…
-Los jardines son lugares en los que suceden muchas cosas inesperadas cuando se está suficientemente atento. Más que dar consejos de jardinería, lo que pretendo en mi blog es enseñar  el lenguaje de las plantas, de manera que el jardinero inexperto llegue a poder comunicarse directamente con ellas sin necesidad de intermediarios. Ellas manifiestan con signos inequívocos sus deseos y sus carencias. Su lenguaje es mucho menos opaco que el lenguaje humano. La dificultad estriba en que apela a sentidos que los humanos no solemos emplear para la comunicación, como por ejemplo el olfato y el tacto. Al principio cuesta un poco comprender el hecho de que las plantas hayan podido desarrollar todo un sistema de signos destinado a comunicarse con seres sensoriales, teniendo en cuenta que ellas mismas no lo son.

“EL SALTO DE LA TORRE”
-Ahora la editorial Muñoz Moya acaba de publicar tu primera novela titulada “El salto de la torre”. ¿En qué se parece esta novela a los relatos de El Jardinero Tranquilo? ¿Qué pueden encontrar los lectores de The Ecologist y de El Ecomensajero Digital en esta nueva creación tuya?
-Aunque la publicación de El salto de la torre es posterior a la creación del blog de El Jardinero Tranquilo, en realidad la idea de éste surgió mientras estaba escribiendo la novela. El blog lo concebí como puesta en práctica de la visión del mundo que defiendo en la novela, y que consiste, por decirlo muy resumidamente, en redescubrir lo cotidiano, intentando percibirlo con los cinco sentidos, aparcando a un lado la mente. La mente puede ser como una torre, desde lo alto de la cual tenemos un gran campo de visión. Desde las alturas nos parece verlo todo muy claro, y cuando saltamos y volvemos a caer en la tierra, al principio todo resulta confuso. Los ojos ya no nos sirven tanto, y al recurrir al oído, al olfato y al tacto, comprendemos que están desentrenados. Saltar de la torre nos resitúa en el entorno, permitiéndonos reconsiderar los hábitos adquiridos, nuestras creencias y nuestros saberes. Esta actitud ecológica, entendida en el sentido de conciencia de la inscripción integral del individuo en su medio, mostrará al protagonista, el profesor Mirón, una realidad desconocida, y lo impulsará a participar en una aventura, donde las palabras adquieren dimensiones extraordinarias.

Aurelio Redondo

ALGO MÁS QUE UN HUERTO ”BIO”
ATENTO A TODO
-¿Y cómo te aseguras de la salud y la productividad del huerto sin recurrir a pesticidas?
-Por supuesto, los pesticidas están desterrados de mi jardín. Pero la horticultura ecológica implica mucho más que evitar el uso de pesticidas. No basta con seguir un código de buenas prácticas medioambientales. Se trata de adoptar una actitud comprometida con los seres vivos que pueblan el huerto, atenta a los comportamientos y a las demandas de éstos. Los árboles frutales, como en general todas las plantas, tienen mecanismos muy complejos de interacción con los insectos y animales, ya sea para defenderse de éstos o para utilizarlos en beneficio propio. Además, gestionan eficientemente sus recursos, que son variables según las estaciones y según los años. En función de la cantidad de carbono y de otros nutrimentos en cada momento, los frutales pueden escoger por ejemplo desarrollar más los tallos y ramas o bien producir más hojas. A veces prefieren detener su crecimiento y reservar energías para el futuro. Por la misma razón, pueden decidir un año producir muchas flores pequeñas, o pocas flores grandes, o incluso no florecer en absoluto, decidiendo posponer la reproducción y dedicar los recursos a otra cosa. La misión del jardinero ecológico es la de estar atentos a las señales que dan las plantas respecto a sus intenciones de crecimiento y productividad y entonces actuar en consecuencia, garantizando que cada una tiene todo lo que está reclamando a nivel de espacio, humedad, nutrientes, etc. , según el momento del año y según los años.

Enlace al blog del Jardinero Tranquilo
Enlace a información sobre la novela El salto de la torre

foto de Juan Manuel López: @Miguel Parra.






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