ESCRITORES/MAURICE CARÈME El poeta de la Naturaleza más sencilla y humilde

Martes 04 de Diciembre de 2018






Con una gran acogida, se acaba de publicar en edición bilingüe francés-castellano la antología “Poemas al lado de la Naturaleza”, de Maurice Carême (Wabre, Bélgica, 1899-1978), poeta de prestigio internacional, pero que curiosamente no se había traducido al castellano. De una sencillez aparente, su obra inspiró a pintores y músicos, de hecho centenares de compositores pusieron música a sus poemas. Había nacido y crecido en una aldea, y siempre le admiró la Naturaleza, en la que encontraba similitudes de una posible sociedad más solidaria, más sencilla, pero también más creativa, con los mejores valores del ser humano.


Le gustaba escribir en el campo, en donde se recreaba de sol a sol, y llegó a publicar casi un centenar de obras entre cuentos, novelas, ensayos, traducciones, recopilaciones, además de 60 poemarios (11 editados de forma póstuma) que se siguen reeditando desde la fundación cultural que lleva su nombre y que creó en 1975 junto a su musa y compañera, la señora Jeannine Burny. Ahora edita esta antología La Fertilidad de la Tierra Ediciones, en su sello editorial Tierra de Sueños. Hablamos con los editores, Rosa Barasoain y Fernando López.

-¿Por qué os habéis decidido a publicar este libro de Maurice Carême?
-En primer lugar porque nos gusta y lo queremos compartir, queremos que se le conozca, porque hasta ahora estaba prácticamente inédito en castellano. También porque coincide plenamente con nuestra idea editorial. Es un canto a lo que reivindicamos a favor de la agricultura, de la ecología, que es el cuidado del planeta como nuestra casa, como el lugar en el que podemos disfrutar pero sobre todo mejorar y evolucionar como seres humanos.

EL DESCUBRIMIENTO
-¿Cómo lo descubristeis?
-Leímos un poema suyo en la revista francesa “Biodynamis” y nos fascinó, de manera que seguimos buscando hasta dar con la Fondation Maurice Carême, y a partir de ahí leímos muchos de sus libros, de narrativa y unos doce poemarios, y seleccionamos estos 87 poemas, que hemos acompañado de su versión original en francés para que se pueda apreciar su musicalidad.

-¿En su poesía, la Naturaleza aparece vista no a través de los ojos de un ciudadano occidental tecnocientífico, sino de un hombre anterior a la era tecnológica. ¿Es así?
-Su sencillez es aparente. Es una persona muy culta, le interesaban mucho las artes, la filosofía, la ciencia también, no está en contra del progreso, pero le encanta la vida sencilla y busca en la escritura la sencillez de un niño. Le gusta pasear por el campo y en esos paseos encuentra siempre tema, le abre al sentimiento, al pensamiento, y supongo que pensó mucho en el futuro y en las generaciones venideras. Le tocó una época muy dura, tomó conciencia de que él solo no podía hacer mucho, de la importancia de estar unidos, por eso trabajó en dejar algo positivo y hermoso.
 


“Ama lo natural como manifestación de una espiritualidad, eso es lo que proclama, la esperanza en el ser humano y el respeto a los reinos hermanos, incluso se asoma al reino de los ángeles, pero lo hace con humor, de una manera muy sutil, como un peldaño más del reino humano. Sugiere que hay algo más que lo material y ese algo no debemos dejar que lo aniquile la industrialización ni el mal llamado progreso”



ANTROPOSOFÍA
-Para Carême la Naturaleza es, sin duda, una teofanía… ¿Lo veis así?
-No tanto una teofanía sino casi una antroposofía, porque mira al ser humano y sus sentimientos elevados como algo central, no supeditado ni que le lleve a un dios concreto. Le interesaban las religiones y la filosofía, como vía de evolución, pero ten en cuenta que esta antología la hemos hecho con relación a la Naturaleza, que era su tema central, aunque su labor literaria daría para otras antologías.

-El poema dedicado a la bondad es precioso… Pero el mundo moderno, y el mundo agroindustrial actual, están muy distantes de estas visiones de alguien que ama lo natural como manifestación de lo sagrado…
-Ama lo natural como manifestación de una espiritualidad, eso es lo que proclama, la esperanza en el ser humano y el respeto a los reinos hermanos, incluso se asoma al reino de los ángeles, pero lo hace con humor, de una manera muy sutil, como un peldaño más del reino humano. Sugiere que hay algo más que lo material y ese algo no debemos dejar que lo aniquile la industrialización ni el mal llamado progreso.

CEREZOS EN FLOR
-Me encanta el lado naïf que tiene su obra. Me recuerda, a veces, los haikus japoneses, de autores que también se embelesan ante un hecho pequeño, diminuto, del mundo natural… pero extraordinariamente hermoso.
-Sí, hay una relación. Maurice era un gran lector, y conocía no sé si la poesía clásica china pero sí la poesía japonesa. Curiosamente sus poemas fueron también traducidos al japonés y al vietnamita… De hecho tiene mucho de esa filosofía taoísta de contemplar y respetar el entorno en vez de intentar dominarlo. Además, siempre buscó la brevedad como esencia y como sinónimo de sencillez; cada poema lo trabajaba como un orfebre de las palabras pero en este caso buscando no el brillo sino que atraiga a la parte buena del lector.

-¿Qué tienen los cerezos en flor que nos cautivan a todos por igual?
-Los cerezos necesitan del frío para florecer y fructificar; los humanos agradecemos ese contraste del invierno y la primavera, de las ramas desnudas y heladas con las flores delicadas que ponen una cálida nota de color. Para Carême el despertar de la vida es un despertar de la emoción y quiere compartirlo buscando las mejores palabras. Esa añoranza del Paraíso, no sé si perdido, un Paraíso que está ahí y no vemos, hasta que la primavera eclosiona delante de nuestros ojos y el Poeta lo subraya.

THOREAU
-En la corriente actual literaria de ahondamiento en la dimensión salvaje del mundo natural y de su identificación con ella por parte de algunos escritores, ¿cómo situarías a Carême? ¿Cerca de Thoreau?
-Están cerca en el aspecto de búsqueda de la belleza en la Naturaleza y los dos son ecologistas. Tal vez la diferencia sea un matiz, su búsqueda espiritual, más allá de lo material; Carême no es americano, es europeo, procede de una tradición cultural menos pragmática, digamos que más clásica y más internacional, y le tocó vivir una Europa en guerra, pero aún así busca lo positivo en el ser humano.

-Carême vivió de pleno la explosión de la Revolución Verde… ¿Hay textos en su obra referentes al desastre que supuso para el mundo natural y el mundo campesino en particular?
-No lo dice explícitamente, pero señala las virtudes de una vida tranquila, de campos diversos y arbolados, de acianos en los trigales… y los acianos son unas bellas flores azules que ningún monocultivo va a dejar que crezcan, les aplicarían herbicida. Cita a las plantas y animales por su nombre exacto, habla de la huerta y del mercado como un hermoso escaparate donde los alimentos expuestos son toda una fiesta, no algo envuelto en plástico; habla de alimentos sencillos pero auténticos y nutritivos... Habla en positivo. Es hermosa y muy gráfica la imagen de “partir el pan sobre el corazón”. Mi abuela lo hacía, se ponía el gran pan casero sobre el pecho, sobre el corazón, y partía las rebanadas… Y así podría elegir más imágenes, que son muy reales para quien ha vivido en un entorno rural y quiere mantener unos valores frente a la deshumanizada globalización y la vía muerta del productivismo a ultranza.

Pedro Burruezo
 


ALIMENTOS “BIO”
CONTRA LOS TRANSGÉNICOS
-¿Qué crees que diría Carême de los transgénicos y de todo lo que se avecina?
-No sabemos cómo lo diría, pero sí sabemos que Mme. Burny, su compañera, su bien-aimée, que tiene ahora 93 años, elige alimentos ecológicos y los reivindica, porque es la vía que eligió conscientemente al lado de Maurice, ya en los años 70.
 


ALGUNOS POEMAS DE LA ANTOLOGÍA
LA BONDAD DE LA CAMPIÑA…

Bondad

Hace falta más de una manzana
Para llenar un frutero
Hace falta más de un manzano
Para que cante un vergel
Pero sólo hace falta un ser humano
Para que un poco de bondad
Brille como una manzana
Que se va a compartir

 

Oración del poeta

No sé ni cavar, ni rastrillar, ni segar,
Y como el pan que otros han sembrado.
Pero todo lo que se puede cosechar de dulzura,
Lo he sembrado, Señor.
No sé ni levantar un muro de buena piedra,
Ni colar un vidrio donde se enciende la luz.
Pero todo lo que se puede construir sobre la felicidad,
Lo he construido, Señor.
No sé trabajar ni la seda, ni la lana,
Ni trenzar en cestería el junco de la fuente.
Pero lo que se puede tejer para vestir el corazón
Lo he tejido, Señor.
No sé ni tocar antiguas canciones populares,
Ni siquiera memorizar una oración.
Pero lo que se puede cantar para sentirse mejor,
Lo he cantado, Señor.
Mi vida se ha extendido acorde a vuestros pasos.
El humilde niño que fui sigue siendo niño,
Y lo poco que un niño da en su candor,
Os lo ofrezco, Señor.

 

Paisaje campesino

Praderas, un gran campo de trigo.
Detrás, una alta montaña.
Se deja caer las manzanas.
No se es pobre en el campo.
Se tiene un alma de ardilla
Que en el fondo se contenta con poco.
Se tiene el aroma de la madreselva,
Un perro tranquilo cerca del fuego.
Se escucha pasar el tiempo
En el viejo reloj de roble.
Ha visto transcurrir tantos años
Que poco importa el próximo.
Los muertos están alrededor de la iglesia
Todavía mezclados con los vivos.
Nadie se molesta
Por oírles en el viento.
Y si uno de ellos a veces vuelve
Para sentarse, friolero, al amor de la lumbre,
Se le deja llamar a su gata
Que ronronea y se acuerda.

 


TOMA NOTA
ISBN: 978-84-948267-1-9
15x21 cm
224 pgs.
PVP: 14,00 €






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