LA ECOJUSTICIERA NATURAL La extinción del Eros

Martes 23 de Diciembre de 2014




Prado Esteban, lúcida como pocas, nos resume en este texto ideas realmente brillantes. No tiene desperdicio. No se lo pierdan. ¿Nos dirigimos hacia una nueva especie?

La natalidad presente, que en el Estado español es de poco más de un hijo por mujer, puede verse como un frío dato demográfico o como un problema con consecuencias económicas o políticas… pero es mucho más. El índice de fecundidad actual es tanto causa como consecuencia de procesos que están transformando sustancialmente la civilización, la naturaleza humana e incluso los fundamentos biológicos de la especie. ¿Estamos a las puertas de una gran catástrofe?
La evidencia es que la desnatalidad es, desde hace más de cuatro décadas, la biopolítica  del sistema que ha invertido grandes cantidades de trabajo y recursos económicos en hacer menguar la fertilidad. Los programas de los organismos internacionales de planificación familiar (que derivaron en muchos lugares en esterilizaciones masivas impuestas), el adoctrinamiento permanente sobre el carácter opresivo de la función maternal o la ampliación del salariado femenino que hace incompatible el trabajo con la maternidad son algunas de las fórmulas utilizadas. Hoy es ya una realidad que la gran mayoría del planeta tiene una demografía negativa y que este siglo conocerá una situación inédita en la que los mayores superarán en mucho  a los jóvenes y los niños.
Pero puede parecer menos evidente que este proyecto político, inscrito en la conciencia de las mujeres y los hombres, tenga una resonancia biológica que puede estar transformándonos esencialmente. “The Lancet”, el más prestigioso periódico médico del mundo, ha advertido que las disfunciones sexuales, en especial las masculinas, pueden ser la epidemia del siglo XXI.

CONJUNCIÓN DE DIVERSOS FACTORES
La devastación de la fertilidad humana es el resultante de una elevadísima conjunción de factores de diferentes tipos, prohibiciones, legislaciones, adoctrinamiento, tóxicos, estructuras de vida, factores psicológicos, pérdida de vitalidad de las sociedades, hábitos…. Las disfunciones sexuales afectan de la forma más radical a la fertilidad pues hacen cada vez más problemático y a veces imposible el acto que da origen a la vida, la cópula. Que el coito sea cada vez más difícil, más escaso y más pobre es una catástrofe en muchos sentidos.
En este trabajo quisiera abordar solo algunos factores de desorganización del acto genésico que pasan más desapercibidos porque no son tan evidentes pero que tienen la peculiaridad de estar tocando los fundamentos de la especie, es decir, pueden alterar sustancialmente lo que somos y degenerar en una situación sin vuelta atrás.

LAS IDEAS, LAS LEYES, LAS ESTRUCTURAS Y EL EROS
Aunque nuestra sociedad se presenta como un ejemplo de libertad en lo sexual, la regulación y ordenación de la vida libinal es más severa que nunca. Lo políticamente correcto es una armadura que impide toda desviación de la norma. Uno de los principios fundadores de esta nueva ortodoxia fue que el sexo debía ser rescatado de su función primaria reproductiva; la fertilidad ha sido presentada desde entonces como un enemigo de la vivencia erótica plena mutilándola al cercenar de ella no solo el coito reproductivo sino el embarazo, el parto y la lactancia que son actos fundamentales de la vida sexual femenina.

ALZANDO LA VOZ
Algunas autoras como Germaine Greer han alzado la voz contra esta nueva vulgata de la gazmoñería moderna que persigue la sexualidad no autorizada y ha proscrito casi todas las formas de sexo trascendente frivolizando tanto el acto que no podía llegar a otro puerto que a donde se encuentra actualmente, el aburrimiento y la ausencia de deseo.
Pero hay más, la procreación requiere de hembras y machos, algo que la sociedad actual ha desterrado como una excrecencia de un pasado caduco y agotado, la virilidad está en peligro acosada por la sospecha de ser peligrosa y violenta. Las generaciones de hombres que se debaten entre la feminización y el machismo mostrenco han perdido el equilibrio de su propia masculinidad, del lado salvaje y primario de su condición sexual y ello tiene relación muy probablemente con que la erección empiece a ser problemática en un porcentaje cada vez mayor.
Tampoco las mujeres están autorizadas a conservar y desarrollar su condición de hembras. En “El segundo sexo”, Simone de Beauvoir nos define a las mujeres como aquellas que “sufren su cuerpo pasivamente” y “encierran dentro de sí un elemento hostil, la especie, que las roe”. Ya hay varias generaciones de mujeres que  viven encerradas en un cuerpo que no aceptan, que no entienden o al que tienen miedo y que viven como un castigo su fisiología y como una vergüenza el ser mujeres y ello tiene consecuencias físicas difícilmente negables.
La perturbación de las funciones fisiológicas femeninas es evidente. La menstruación,  que en el pasado fue poco frecuente (los periodos de amenorrea por embarazos y lactancias eran largos), hoy está perturbada por múltiples factores ambientales y psíquicos y vivimos una epidemia de enfermedades de los órganos reproductivos femeninos que nadie osa explicar.

CUERPOS QUE MUTAN
Puede observarse que nuestros cuerpos han cambiado perceptiblemente en poco más de  cincuenta años. Si miramos la figura de las mujeres a mediados del siglo XX y los comparamos con los del inicio de este siglo XXI veremos que las curvas han sido sustituidas por rasgos mucho más rectos y masculinos, lo que seguramente tiene que ver con perturbaciones hormonales que implican una diferente localización de la grasa en el cuerpo. Los vientres ahora son perfectamente planos, ha desaparecido el espacio que alojaba el útero relajado y pulsátil que tan bien describe Casilda Rodrigáñez y que desea rescatar Mónica Felipe. El rígido útero de las mujeres modernas cuya vida se concentra en el trabajo no necesita un espacio propio…
Sospechamos que las ideas pueden llegar a modificar nuestra fisiología pero también lo pueden hacer las leyes. La actual guerra de los sexos alimentada por una legislación de protección y tutela de las mujeres ha trastornado profundamente el encuentro carnal entre los sexos, el miedo y la desconfianza son los ingredientes principales del coito, en esas condiciones. ¿Reacciona nuestro cuerpo como la naturaleza había previsto? ¿No es el cóctel hormonal de la fecundación una situación de especial éxtasis y alegría?
Y no son menos importantes en la modificación de nuestro soma los sistemas de encuadramiento económico que originan una presión psíquica y física y una coacción hacia la esterilidad creciente. La empresa es el agente de acoso a la maternidad más cercano a las mujeres, el trabajo es el principal factor en la decisión de no tener hijos o de abortar. La sexualidad femenina y la construcción de la identidad femenina están enlazadas de forma primaria con la maternidad, pocos autores se han atrevido a expresar con tanta claridad y contundencia esta verdad como la psicoanalista Estela V. Weldon, y, si esto es así: ¿No tendrá una repercusión física y psíquica la represión externa e interna de uno de los impulsos más primitivos de la especie?

EL NACIMIENTO E SIMPORTANTE EN NUESTRA VIDA FUTURA
La vida intrauterina y el nacimiento tienen más influencia sobre nuestros impulsos primarios de la que le otorga el racionalismo moderno. La formación de los primeros vínculos está constituida por una retícula de acontecimientos físicos, psíquicos y espirituales tan singular y asombrosa, pero sobre todo tan delicada, que su desorganización es demasiado fácil.
En el proceso fisiológico del nacimiento se produce un complejo coctel hormonal asociado a un estado de la conciencia, de la afectividad y la sensibilidad absolutamente único. Quien mejor ha estudiado este proceso ha sido Michel Odent, que rastrea la relación de los actos asociados al amor con la producción de un compuesto hormonal en el que la oxitocina tiene un papel predominante.
La oxitocina es, en realidad, la hormona más abundante en todos los actos eróticos humanos. En los primeros momentos después del nacimiento el encuentro piel con piel entre la madre y la criatura produce en ambos un auténtico éxtasis amoroso que queda impreso en la memoria más primitiva e instintiva. Esta situación se recrea durante un largo periodo si se mantiene la lactancia.
Al nacimiento ya hay una historia de amor y un vínculo entre la criatura y madre; la interacción entre ambos es simbiótica y no es solo emocional sino también biológica porque desde las primeras semanas de embarazo se produce el intercambio de ADN entre la madre y el bebé, un intercambio que es permanente y modifica definitivamente a ambos.

TRANSFORMACIONES IMBORRABLES
El inicio del parto, cuando se produce de forma natural, pone en marcha no solo un peculiar combinado de hormonas sino que, como explica Ibone Olza, provoca transformaciones imborrables en los cerebros de la madre y la criatura. El dolor  del parto, al que Verena Schmid dedica un libro precioso, forma parte de la respuesta fisiológica a un proceso difícil y peligroso que comparten la madre y el bebé y estimula la producción de oxitocina y endorfinas además de ser la puerta a la experiencia más poderosa de las mujeres.
¿Qué sucede cuando durante parto es la oxitocina sintética la que regula el proceso? ¿Qué ocurre cuando la cesárea programada impide que se inicie el parto por la interacción entre la madre y el bebé? ¿Qué pasos se destruyen cuando se introduce la anestesia y desaparece el dolor? ¿Qué se rompe cuando la criatura es arrancada del útero materno y separada de su madre por la fuerza? ¿Qué vacío se produce cuando el primer desarrollo del embrión se produce en un laboratorio y no encuentra el objeto con el que fundirse amorosamente intercambiando su rastro genético?
Se sabe que esos actos pueden perturbar todas las funciones humanas asociadas al amor y a los vínculos perdurables. Y no solo eso… Nos recuerda Michel Odent que la epigenética intensifica los procesos evolutivos y genera mutaciones rápidas y cualitativas. La escasez de acontecimientos que provoquen la producción de oxitocina hará que el sistema oxitocínico humano se extinga o quede reducido a su mínima expresión lo que será ya una condición hereditaria. No habrá entonces impulsos amorosos ni sexuales espontáneos, ni capacidad de las mujeres para parir por sí mismas y sin ayuda ¿Es ese nuestro futuro?

LA INTERVENCIÓN
La intervención sobre el parto y sobre el periodo primal que aquí se institucionalizó durante el franquismo… es uno de los proyectos de ingeniería psíquica y social más nocivos e inquietantes a que nos enfrentamos.
El siglo XXI ha incorporado además la irrupción de nuevos desafíos para la especie. El incremento en flecha de la maternidad artificial y mercantilizada que se escuda en la idea política de que la maternidad/paternidad es un derecho nos sitúa ante expectativas  muy amenazadoras. Mientras la maternidad natural es acosada crecen desde el coito programado que provee de las hormonas sintéticas necesarias para la fecundación y define el momento en que ha de producirse, hasta la fecundación in vitro y la naturalización de los úteros de alquiler que hace presagiar las granjas humanas, todas las formas artificiales y comerciales de concebir y nacer son hoy las que se favorecen.
La pasión, el amor, el arrebato, la alegría, la generosidad y todo lo sagrado que rodea a la vida está en trance de ser liquidado. ¿Vamos hacia la post-humanidad?

Prado Esteban Diezma
pradoesteban@hotmail.com
prdlibre.blogspot.com.es

 






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