MÓNICA PÉREZ/UNIVERSIDAD DE ALICANTE “Los plásticos han entrado en la cadena trófica”

Lunes 25 de Noviembre de 2019




Mónica Pérez es directora general de INTERLAB y directora de Calidad de Aguas de SUEZ España. Mónica es licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad de Alicante con más de 20 años de experiencia en el sector del agua y del medio ambiente. Tiene varios másteres, entre los que recientemente destaca el Programa para Mujeres Directivas #Talentia360. Está al frente de la creación de un nuevo doctorado, fruto de la colaboración entre Fundación Aquae y la Universidad de Alicante, desde el que se busca contribuir a la estandarización de metodologías con datos comparativos entre métodos para la evaluación del impacto ambiental y en la salud de los microplásticos.

-Fundación Aquae y la Universidad de Alicante han firmado un Acuerdo Marco para impulsar proyectos y programas de colaboración, en el ámbito de la formación y la investigación universitaria, centrados en el desarrollo sostenible y el agua. Uno de los campos a estudiar es el de los microplásticos. ¿Por qué es un problema muy grave?
-Las cifras de los últimos estudios (ONU) estiman en 13 millones las toneladas de plástico que se arrojan al mar cada año; algo que ya se ha clasificado como “catástrofe ambiental mundial”. Aproximadamente el 80% procede de basura plástica de tierra a mar y el 20 % restante, de aparejos de pesca y redes, según la Agencia de Medio Ambiente de la ONU. Los plásticos tardan varios cientos de años en desaparecer del medio y sus efectos no somos capaces todavía de dimensionarlos, más allá de los visibles. Los plásticos son la parte más visible, pero más recientemente se ha puesto el acento en los microplásticos, “primos” de los primeros. La Unión Europea, en uno de sus últimos informes publicados, menciona que los microplásticos constituyen el 94% de esta descomunal acumulación de residuos.

VÍAS DE LLEGADA
-¿De qué manera llegan los microplásticos a los cursos fluviales y a los mares? ¿Qué es la “sopa de plásticos”?
-Son muchas las rutas por las que los plásticos llegan al mar: a través de los vertidos directos, de los cauces de los ríos, de la polución del aire, de la propia actividad marítima; y a nivel más individual, mediante la eliminación deliberada de estos materiales en las masas de agua. Debemos saber que estos materiales son de difícil degradación y que, por efectos de la erosión del agua, el sol o las bacterias, son susceptibles de convertirse en microplásticos, partículas más difíciles de rastrear a nivel visual pero que “ahí están”. Estas grandes concentraciones de residuos de basura del mar forman la denominada “sopa de plástico”. La más conocida es la del Pacífico, pero por desgracia no es la única; cada vez son más los residuos acumulados en nuestros mares y océanos, formando islas de partículas de diversos tamaños, a veces tan pequeños que la fauna del entorno las confunde con plancton.

-¿Cuáles serían sus recomendaciones para evitar que estos microplásticos lleguen a los océanos?
-La solución no es sencilla. El consumo racional de plásticos, la reutilización y el reciclaje puedeN ayudar a evitar un crecimiento tan exponencial del problema de estos materiales. Pero esto no es suficiente ya que la responsabilidad no pasa solo por los consumidores. Las empresas productoras deben implicarse en la solución, así como los políticos y los legisladores, regulando el problema y apoyando en la búsqueda de alternativas.
 


La presencia de microplásticos en el ciclo integral del agua, al igual que en otros campos,
tiene en común la falta de metodologías estandarizadas que permitan recoger y
analizar datos de forma homogénea, de ahíla necesidad del nuevo doctorado



CADENA TRÓFICA
-¿Los plásticos y sus componentes tóxicos han llegado a la cadena trófica? ¿Cómo? ¿De qué manera puede afectar eso a la salud de la población?
-Las últimas revisiones de la Unión Europea sobre el impacto de los microplásticos en los alimentos reflejan la posible existencia de 201 especies comestibles (200 marinas y 1 terrestre) que pudieran ser consideradas como afectadas por la presencia de estos materiales. En la mayoría de las especies marinas, la contaminación puede explicarse por ingestión directa pero, debido a la persistencia del plástico, también puede producir una bioacumulación, aumentando los niveles de concentración cuanto más elevado es el nivel trófico. Si bien en muchas especies las partículas plásticas se eliminan por el tracto digestivo antes de ser consumidas, otras como los bivalvos o pescados pequeños podrían ser una fuente de contaminación en la dieta humana si se consumen enteros. Además de las especies marinas, las más documentadas hasta la fecha, hay otros estudios que detectan la presencia de microplásticos en otros productos de consumo habituales como el azúcar, la sal o la miel, aunque todavía no hay datos concluyentes y, además, hay muchos alimentos aún por evaluar. Según la OMS, todavía no hay evidencias científicas suficientes para avalar ninguna hipótesis sobre el riesgo de estas partículas para nuestra salud. Lo más probable es que este peligro se deba a la naturaleza físico-química de los microplásticos y al potencial daño tisular que pueden causar. También puede deberse al hecho de que podrían ser portadores de sustancias químicas potencialmente tóxicas que son difíciles de metabolizar por el organismo, acumulándose y amplificándose conforme se avanza en la cadena trófica.

-¿Qué recomendaciones serían las suyas, por tanto, para evitar la exposición a esos contaminantes a través de la ingesta de productos tóxicos?
-Me gustaría comentar que, de momento, y pese a la inquietud que se está generando actualmente por los efectos de estas sustancias de manera directa en la salud, según la OMS, la presencia de microplásticos no supone un riesgo para la salud en los niveles actuales detectados. En el primer informe que se realiza sobre esta cuestión se concluye que tanto los nano como los microplásticos pasan por el organismo sin ser absorbidos. También la propia organización advierte de que estos resultados y conclusiones se basan en “información limitada” y sobre la que se pretenden realizar estudios en mayor profundidad. En cualquier caso, las últimas tendencias apoyan evitar el uso de estos plásticos en la medida de lo posible; por ejemplo, utilizando botellas o recipientes de cristal para el agua o los alimentos, además de evitar someter a estos materiales en contacto con alimentos o agua a elevadas temperaturas, minimizando así la migración de los componentes más peligrosos a los alimentos, que en condiciones normales de uso en principio no estarían presentes.

CONSCIENCIA
-¿La población es consciente de los peligros que encierra el hecho de que productos tóxicos procedentes de los plásticos hayan entrado en la cadena trófica?
-En mi opinión, todavía no somos del todo conscientes de los efectos de estos plásticos y sus compuestos, por lo menos a nivel de consumidor. A nivel científico ya ha habido muchos estudios que ponen de manifiesto los riesgos de las sustancias empleadas en la fabricación y su incorporación a la cadena trófica. En este sentido, el Dr. Nicolás Olea en un referente en esta materia y un promotor y defensor de la limitación y control de estas sustancias. Prueba de todas estas evidencias son las modificaciones de legislación que imposibilitan el uso de ciertos compuestos en materiales plásticos. Un ejemplo: la prohibición de comercialización de materiales que contengan bisfenol A.

-¿Qué productos alimentarios serían los más peligrosos?
-Si bien el impacto ambiental de los residuos plásticos recibe, con razón, una considerable atención por parte de los científicos, responsables políticos y el público en general, el impacto en la salud humana de la contaminación de los alimentos y bebidas por microplásticos sigue siendo, en gran parte, desconocido. La Comisión Europea ha realizado un estudio, basado en la revisión de 200 trabajos científicos publicados desde 2010, para comprender mejor la exposición humana a los microplásticos y sus posibles riesgos para la salud. Los trabajos analizados aportan datos sobre la presencia de estos materiales en más de 200 especies animales que forman parte de la cadena alimentaria humana, aunque todavía no hay datos sobre si confieren peligro o no para la salud de los consumidores.
 


En la primera fase de este nuevo doctorado, fruto de la colaboración entre Fundación Aquae
y la Universidad de Alicante, buscamos precisamente contribuir a la estandarización de
esta metodología con datos comparativos entre métodos



¿UN SOLO USO?
-Los plásticos de un solo uso y los microplásticos presentes en, por ejemplo, productos cosméticos de diversa índole… ¿Tienen la culpa de esta invasión de plásticos en los mares? ¿Qué legislaciones hay que cambiar para darle la vuelta a la tortilla? ¿Cree usted que hay voluntad política de cambiar las cosas en este sentido?
-Debemos saber que todo nuestro entorno está impregnado de plásticos; los podemos encontrar en el aire interior y exterior, en el agua, los sedimentos y los organismos terrestres y acuáticos. Los plásticos de un solo uso son una fuente importante de problemas, pero no es la única. Otro gran número de plásticos y microplásticos provienen de textiles, cosméticos, artes de pesca, pinturas, polvo urbano, productos de limpieza, neumáticos o procesos de la agricultura y la industria. En mi opinión, toda legislación que ayude al control en origen de este tipo de contaminantes es necesaria y urgente. La aportación industrial es importante en este impacto medioambiental, aunque también es clave que la sociedad nos concienciemos de que todo no lo soluciona la legislación y que nosotros debemos aportar nuestro grano de arena, reciclando, reutilizando y buscando alternativas, en la medida de lo posible, al uso de estos materiales.

-El mar de plásticos que nos inunda ¿hasta qué punto es un ataque a la biodiversidad, especialmente la marina?
-La ONU Medio ambiente estima que el 15% de la basura marina flota en la superficie del mar; otro 15% se localiza en la columna de agua; y el 70% permanece en el fondo marino. La presencia de estos materiales en toda la columna de agua es un reflejo de los ataques a la biodiversidad; algunos ejemplos son las trampas mortales (desechos plásticos) en las que muchas especies quedan atrapadas y la mortalidad de otras por paralización de su sistema digestivo al ingerir estos materiales.

Carolina Sánchez
 


DOCTORADO EN MARCHA
EVALUANDO POLUCIONES
-¿En qué puede ayudar a mitigar el problema de los microplásticos el doctorado que han puesto en marcha?
-La presencia de microplásticos en el ciclo integral del agua, al igual que en otros campos, tiene en común la falta de metodologías estandarizadas que permitan recoger y analizar datos de forma homogénea, tanto a nivel de muestreo/extracción como a nivel de caracterización analítica. En la primera fase de este doctorado, fruto de la colaboración entre Fundación Aquae y la Universidad de Alicante, buscamos precisamente contribuir a la estandarización de esta metodología con datos comparativos entre métodos. Además, somos conscientes de que la información sobre la composición química de las partículas es relevante, pues nos aporta datos sobre su potencial toxicidad y procedencia, lo que nos permite asociarlos con la fuente de origen y, por tanto, nos ayuda a decidir de manera objetiva cuáles son las medidas que podemos adoptar para su eliminación. No obstante, una depuración (y potabilización) adecuada permite eliminar de manera eficiente gran parte de los microplásticos de los efluentes. Aun así, pese a nuestro interés en el conocimiento de estos materiales no se considera que el control en rutina de microplásticos en las aguas de consumo sea necesario en estos momentos, según los informes aportados por la OMS recientemente y quedando así reflejado, hasta el momento, en el desarrollo de la futura Directiva de Aguas de Consumo.
 


“En mi opinión, todavía no somos del todo conscientes de los efectos de estos plásticos y sus compuestos, por lo menos a nivel de consumidor. A nivel científico ya ha habido muchos estudios que ponen de manifiesto los riesgos de las sustancias empleadas en la fabricación y su incorporación a la cadena trófica. En este sentido, el Dr. Nicolás Olea en un referente en esta materia y un promotor y defensor de la limitación y control de estas sustancias. Prueba de todas estas evidencias son las modificaciones de legislación que imposibilitan el uso de ciertos compuestos en materiales plásticos. Un ejemplo: la prohibición de comercialización de materiales que contengan bisfenol A”







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