OPINIÓN Cientifismo: aberraciones en nombre de “la ciencia”

Lunes 22 de Julio de 2019





Miguel Jara ha inaugurado recientemente un nuevo proyecto profesional: una serie de artículos en formato epistolar. Él mismo nos lo explica.

Os presento otro capítulo de mi proyecto #CartasaElla. En este caso se trata del resumen de una carta dedicada al cientifismo. Estoy haciendo una serie de escritos en formato carta. Narra en primera persona un abuelo, que se dirige a su nieta, Ella, que es una jovencita que se abre camino en la vida.

Mi querida Ella,
Desde que el ser humano lo es ha necesitado comprender el mundo. Para ello surgió la ciencia. Gracias a la ciencia las personas han podido avanzar. Queremos saber y obtener verdades, es decir, necesitamos comprobar que algo es cierto o que funciona y para ello necesitamos pruebas que lo demuestren. La ciencia es admirable y admirada. Y es lógico que así sea dado el impresionante progreso que ha supuesto el método científico.
El buen científico ha de “dudar de todo”. Esa es o debiera ser la postura del método científico. Este nace de la observación, la generación de una hipótesis que intente explicar lo que sucede y su comprobación. No basta con una teoría aparentemente coherente de lo observable; se necesita el aval empírico.
¿Que qué es el cientifismo o cientificismo entonces, Ella? La creencia en que la ciencia es la única posibilidad de conocimiento y la única fuente de esperanza. El cientifismo ha calado en muchos ámbitos. Por ejemplo, asistimos a una medicalización injustificable de la conducta de las personas y a una esperanza ciega en que se acabarán encontrando los genes responsables o regiones cerebrales afectadas cuando se detecta una posible enfermedad, aunque no exista una base real que lo haga previsible. En ese cientifismo inocente yace la negación de la libertad y de la responsabilidad de cada cual. Uno sería como es “por culpa” de sus genes, de las neuronas con que nació o por sus neurotransmisores que están “averiados” y así sería comprensible e incluso predecible, mediante la imagen cerebral funcional o el estudio genético de turno. Pero si bien el comportamiento de una estrella es predecible, el de un ser humano no lo es desde el conocimiento de sus genes y su entorno.
Te preguntarás cuáles son las manifestaciones actuales más peligrosas del cientifismo, Ella. Yo pienso que el ataque a la libertad. Si creemos que estamos determinados por nuestros genes, que somos manipulables mediante psicofármacos y que la imagen cerebral da cuenta de lo que nos ocurre y de nuestras creencias, de cómo sentimos o disfrutamos o pensamos o si lo pasamos bien o mal, no somos responsables de nuestros actos.
Y esto no es ciencia ficción, ocurre hoy. Existe una demanda de diagnóstico y tratamiento de situaciones que no son propiamente clínicas, algo facilitado por la proliferación de etiquetas médicas para todo y por la creencia de que cualquier perturbación de nuestro estado de ánimo ha de ser tratable en un contexto de obligación de ser felices.
Pero las personas somos más complejas, somos subjetivas, eso que habrás oído alguna vez de que cada persona es un mundo. Todos somos diferentes. Si pasamos de ser una biografía a una mera biología, ya todo estaría dicho. Es la vía a la alienación del ser humano. El cientifismo asume en general que ciencia equivale a verdad y bondad. Y en nombre de la ciencia asistimos a auténticas aberraciones.

Miguel Jara es un periodista independiente


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#CartasaElla

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