OPINIÓN La alimentación, desde un prisma espiritual

Viernes 20 de Julio de 2018





Pedro Burruezo, látigo feroz del materialismo, nos llama a ver la alimentación desde un prisma espiritual. A ser agradecidos con los alimentos, que nos dan vida, salud, energía…

Ver la alimentación desde un punto de vista únicamente materialista es un error. Porque la alimentación es mucho más que nutrición. Es un símbolo arquetípico de que somos dependientes. Por más que nos endiosemos a nosotros mismos y nos creamos los dueños del cosmos… si estamos sin comer un solo día ya nos quedamos como unos piltrafilllas. La Creación nos da todo lo que necesitamos: alimentos, oxígeno, agua… Deberíamos ser agradecidos con toda esta maravilla.
Desde un prisma espiritual, reconocer la dependencia que nos une a la Creación y a lo divino es muy positivo. Puede que lleguemos a comprender que la humildad del dependiente nos hace (o nos puede hacer) nobles. La puerta por la que se accede al bienestar del alma es muy estrecha y angosta. No se puede entrar sin agacharse. Sin humildad, no hay acceso, sino deceso: todo tipo de patologías, malestar, depresión. Reconocer nuestra dependencia es uno de los primeros pasos de este camino hacia la liberación de uno mismo, el peor de los tiranos. Y, luego, la gratitud hacia todo aquello que nos da la vida. Y, en este caso, los alimentos tienen un papel emblemático: de ahí que todas las tradiciones espirituales se esfuercen en hacer comprender a sus feligreses la importancia de bendecir los alimentos.
Podemos alimentarnos de alimentos sanos, ecológicos, locales, más vegetales que animales, artesanos, autoproducidos… O alimentar nuestra alma de deseos insaciables, de apetitos ilícitos, de fantasías, preocupaciones innecesarias, sentimientos de odio y de envidia… Por más que llenemos nuestro estómago de alimentos ecológicos, si vertemos en nuestra alma las inmundicias psíquicas descritas de nuestros ap-egos… estaremos haciéndonos un flaco favor. Una de las maneras de empezar a combatir el ego con garantías de éxito es ablandar nuestro corazón ante la grandeza de la Creación y, como decía, en ese sentido, los alimentos juegan un papel fundamental.
Es muy bueno, por muchas razones, comer “bio”, de temporada, de Km0, recetas tradicionales, vegetariano en su mayoría, productos artesanales y/o de pequeñas empresas… Y, mejor todavía, es comer dando las gracias, bendiciendo los alimentos, compartiéndolos con los necesitados, en compañía y/o en familia, sin que sobre nada y sin despilfarrar… Para muchos sabios de la antigüedad, ponerle freno a nuestras pasiones y a nuestro endiosamiento… es una inmejorable forma de acceder a la paz del alma. Pero todo esto no es algo mental, abstracto, sino un sabor, una forma de estar en el mundo, una forma de vivir y de sentir. Y todo ello se tiene que plasmar en actitudes cotidianas… Dar las gracias por los alimentos es algo muy sencillo, rápido, gratuito y benefactor: ¿cuándo vamos a empezar?
He asistido a docenas de conferencias, mesas redondas, jornadas, eventos… sobre alimentación ecológica, agricultura orgánica, etc. Nunca nadie habla en estos términos. Cuando debería ser lo principal. Incluso en el mundo ecologista actual, se olvida lo esencial. ¿Cómo podemos creer que le ganaremos la batalla al mundo materialista que está destruyendo la Naturaleza y su alma utilizando las mismas herramientas materialistas que se utilizan para corromperlo? Sí, tiene que haber un cambio de paradigma radical, de 360 grados. Pero si este cambio no es una revolución espiritual profunda de retorno hacia lo perenne y lo inmutable, no es revolución: continúa siendo involución, la misma en la que ya nos encontramos. Si eres de esa minoría en el mundo que tiene la suerte, el tesoro, de acceder a alimentos variados, ecológicos y sabrosos… no pierdas la oportunidad de dar las gracias por ello…

Pedro Burruezo






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