OPINIÓN Las moradas (“bio”) de Sta Teresa

Martes 12 de Julio de 2016




Pedro Burruezo, bajo estas líneas que podrían titularse “Diario de un músico en ruta” por esos mundos de Dios, nunca mejor dicho, nos habla de la última producción en la que ha estado envuelto…
 

Van quedando pocos espacios en el planeta que sean un regocijo para los sentidos. Pero uno de ellos es Al Kauthar, en Castronuño, Valladolid. Allí, Mª José Celemín ha construido un pequeño paraíso en la Tierra. Siguiendo las premisas de la bioconstrucción, por supuesto.  Al Kauthar (que viene del árabe clásico, “la abundancia”, título de una sura coránica) es una especie de patio andalusí para que el mundo de lo imaginal (no confundir con el mundo de la imaginación, que es diferente) se pueble de lo más bello que es de este mundo y de aquél.
Allí hemos estado concentrados cuatro días la propia Mª José Celemín, el clarinetista Carlos Orobón, el poliinstrumentista sudanés Wafir S. Gibril, la violista y cantante Maia Kanaan, el pianista Mon Roy y un servidor. Para crear juntos un espectáculo dedicado a Santa Teresa de Ávila salpicado con nuestras canciones y músicas. El resultado fue una velada preciosa en la que Mª José declamó con enjundia un paseo por las moradas teresianas salpimentadas con no pocas músicas y melodías de inspiración sufí, pues, no en vano, las moradas de la monja hunden su más profundo origen en textos sufíes como el de Abd el Qadir el Jilani o Abd Allah Ansari (que hacen referencia a la progresión en el camino espiritual del “mûrit” o discípulo de una vía iniciática, “tariqa”). No faltaron el té y las pastitas árabes que con tanta delicadeza sirvieron Latifa y su hermana para deleite de la concurrencia, que asistió narcotizada a un acto del todo insólito en la población citada.
Han sido cuatro días intensos de poesía, músicas y conversaciones para llevar un poco de belleza a los corazones, único y lúcido propósito de Mª José en esta vida. Ni qué decir tiene que Wafir volvió a estar "sembrao" como siempre porque es un excelente músico y una mejor persona aún; y que fue un gran placer tocar por vez primera con el notabilísimo clarinetista clásico vallisoletano Carlos Orobón, dúctil y transversal (esperemos que sea la primera, pero no la última). Un placer, creo, que ha sido mutuo. Maia Kanaan y de Mon Roy volvieron a destapar el tarro de las esencias con su delicadeza y buen hacer. En fin, mientras algunos músicos darían el alma por actuar en los festivales patrocinados por la industria alcohólica menos escrupulosa con el peor de los propósitos (anular la capacidad de reflexión de buena parte del público musical), nosotros podemos darnos por privilegiados por haber actuado en uno de esos espacios impolutos en los que desde sus muros hay una especie de barrera contra el mal gusto y la corrupción del mundo. Que se repita. Ah, y durante todos estos días, casi todo “eco”, claro, como no podía ser de otra manera…

Pedro Burruezo

Más Info sobre Al Kauthar
www.al-kauthar.com  






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