OPINIÓN Los lobbies biotecnológicos atacan de nuevo

Lunes 04 de Julio de 2016




Pedro Burruezo dedica unas líneas al asunto de cómo los lobbies biotecnológicos, a través de la clase científica, está intentando desprestigiar a los ecoactivistas.

Greenpeace está en el centro de sus ataques. Y todo el mundo ecoactivista. Más de un centenar de premios Nobel, 109 a estas horas, han firmado una durísima carta abierta contra la organización ecologista por su rechazo a los alimentos transgénicos. El texto urge a Greenpeace a “reconocer las conclusiones de las instituciones científicas competentes” y “abandonar su campaña contra los organismos modificados genéticamente en general y el arroz dorado en particular”. Medios como “El País” (tan presuntamente “izquierdista”) se suman al linchamiento. Para que todo el mundo sepa de qué pie cojea cada cual…
El arroz dorado es una variante creada en 1999 con sus genes modificados para producir un precursor de la vitamina A. La Organización Mundial de la Salud calcula que 250 millones de niños sufren una carencia de vitamina A que aumenta el riesgo de padecer problemas oculares y ceguera. Unos 500.000 niños se quedan ciegos cada año por falta de vitamina A. La mitad de ellos muere en el año siguiente a la pérdida de la visión. Son cifras que no dicen toda la verdad. Son verdades a medias. Pero el tema de fondo es que ahora nos quieren hacer creer que, si todo eso pasa en el mundo, es por culpa de los que nos oponemos a la modificación genética. No es culpa de que el neoliberalismo arrase en todas partes; no es culpa del afán de lucro de las grandes empresas; no es culpa de la avaricia y de un sistema injusto que sólo beneficia a unos pocos en detrimento de la mayoría, especialmente de los más vulnerables. Es sólo culpa de cuatro ecoactivistas que no queremos que se siga contaminando el medio ambiente, que se introduzcan alimentos peligrosos en el mercado, que se concentre el poder en cada vez menos empresas, que se ponga en peligro la biodiversidad del planeta y que aumente el uso de pesticidas… Nosotros tenemos la culpa de todo.
La clase científica se suma a la demagogia con que las grandes multinacionales tratan de imponer sus productos fraudulentos. No nos engañemos, son los mismos que están a sueldo de esas mismas empresas. Y no nos engañemos tampoco: otros muchos científicos dicen todo lo contrario, pero medios como “El País” no se hacen eco de esas noticias. La ciencia hace mucho tiempo que dejó de ser lo que todo el mundo creía que era. Está al servicio, hoy, en general, salvo honrosas excepciones, de empresas que no luchan por mejorar las condiciones de vida de la humanidad, sino que velan por defender los intereses de las grandes capitostes del neoliberalismo. Nada es lo que parece en el gran teatro mediático. Y esos científicos arrogantes y servilistas no son los científicos asépticos de batas blancas que dicen ser. Desconfíen de las grandes verdades de los medios. Pongan en tela de juicio a los que sientan cátedra. Y luego saquen conclusiones. Se llevarán más de una sorpresa… Estudien, estudien lo que dicen otros científicos, otras organizaciones, lo que dicen los estudios más independientes…

Pedro Burruezo






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