¿VACACIONES CON ANIMALES CAUTIVOS? No, gracias

Martes 14 de Junio de 2016




Quien más quien menos está planificando irse unos días de vacaciones y alguno se habrá planteado un viajecito a un lugar exótico donde andar a lomos de elefantes o, si no da el bolsillo para viajar tan lejos, al menos llevar a los niños a un zoo o a un parque acuático. Entérate de la cara oculta de estos lugares y te replantearás tus vacaciones. Publicado por Ecoticias.

La oferta depende de la demanda y la demanda de la oferta, eso es así en todos los ámbitos de la vida. En el que nos refiere hoy las cosas son muy claras; cada vez que se paga una entrada para “interactuar” con animales o verlos realizar piruetas y vivir situaciones que están muy lejos de ser naturales en ellos… estamos siendo cómplices de un negocio que se basa en el maltrato de estos seres.
Creemos que la mejor forma de ayudarte a tomar conciencia de qué tan importante es decirles NO a estas actividades… es justamente contándote el trasfondo de todo lo que tú ves. Por ejemplo, detrás de un circo con animales hay una serie de “domadores” que a fuerza de golpes hacen que las fieras salvajes les tengan terror a sus cuidadores y pierdan por completo su autoestima.
Más allá de que todos hemos visto a Frank Cuesta “jugando” con cobras y explicando que no se las hipnotiza sino que ellas están atentas al movimiento de la flauta como forma de defensa, ver el espectáculo en vivo en las calles de la India o de Marruecos suele ser motivo de regocijo para los turistas. Lo que no saben es que esas víboras generalmente han sido despojadas de sus colmillos y que eso les ocasiona en muchos casos una muerte lenta por infección.
En Tailandia por ejemplo es común ir a ciertos lugares en donde por una suma de dinero es posible tocar a los tigres. Para lograr esto, que una fiera salvaje de un enorme peso y potencia se comporte como un gatito, se lo separó de la madre cuando apenas era un bebé y se lo crió en un ámbito ajeno a su naturaleza, y, en cuanto manifestó sus primeros intentos de sublevarse, se los aplacaron con pinchos, palos, choques eléctricos y golpes.
Hablamos de unos enormes paquidermos, que en libertad resultan temibles por su concepto de familia y su territorialidad que defienden hasta la muerte. El sentido común nos dice que si es capaz de permitir que personas que le son completamente desconocidas se suban en su lomo… eso no lo hace por voluntad propia, sino que ha sido inducido a ello y no precisamente con caricias y palabras bonitas sino encadenándole y golpeándolo desde que era un bebé.
Más de lo mismo. Si no se va a África a cazarlos se tiene la idea de salir a pasear con ellos, como si fuesen gatos de compañía. Pues no, no lo son, son animales de naturaleza salvaje a los que se les ha obligado de pequeños a llevar una vida que es contraria a sus instintos. Si ese león estuviera suelto, huiría de la presencia de los humanos o los atacaría si se sintiera acosado.
En muchos parques acuáticos es posible interactuar con estos quelonios, pero lo que no se les cuenta a los visitantes es que para que las tortugas se acerquen a la gente no se les da de comer sino que se induce al visitante a alimentarles (vendiéndoles la comida) y que la rotación de especímenes suele ser grande, ya que muchas tortugas enferman de estrés y de males que les contagia o les ocasiona la gente.
Los territorios de estos animales en libertad abarcan grandes extensiones que pueden alcanzar los cientos de kilómetros, así que vivir en los recintos de los acuarios ya de por sí es una tortura, pero lo peor es que a estos sensibles e inteligentes animales se los suele golpear e insultar para lograr que cambien de actitud y se sometan a las exigencias de sus domadores. Se han dado innumerables casos de delfines que se han suicidado por estrés y depresión.
Gracias a numerosos programas de televisión que muestran a los célebres “cazadores de cocodrilos” se ha puesto de moda ir a las granjas a las que éstos son llevados tras su “recuperación”, pero por más que parezca todo muy bonito, en esos sitios los cocodrilos carecen de las mínimas condiciones de seguridad sanitaria y viven hacinados con tal de exponerlos a la vista de los entusiastas visitantes.
Ningún animal debería estar en una jaula o cautivo, bajo ninguna circunstancia, pero mucho menos para que otros seres puedan “disfrutar” observándolos. Porque en ningún caso lo que se verá tiene relación alguna con los comportamientos que se podrían esperar de estos animales si estuvieran en libertad.

UNA REFLEXIÓN FINAL
Todos estos seres sin excepción, desde el oso que sale a bailar con un ridículo tutú, el delfín que se asoma a saludar, hasta el chimpancé que se oculta en el fondo de su recinto o el monito que te pide un cacahuete, TODOS han sido víctimas de maltrato, de una u otra manera. Y si tú pagas para verlos, no te quepa duda de que, aunque no sea tu intención, eres cómplice de su infelicidad.

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