VÍCTOR J. HERNÁNDEZ “Hay que buscar el encuentro directo con la Naturaleza”

Viernes 18 de Enero de 2019





Víctor J. Hernández es naturalista y divulgador de la Naturaleza, escritor y editor de un amplio ecosistema editorial. Con varios premios en su haber, escribe cuadernos y guías de campo también para niños. Entre rapaces y libélulas, impulsa el Primer Premio Tundra de Naturaleza. Abierta la convocatoria. No teme a los lobos. Uno de sus últimos libros, precisamente, es “Encuentros con lobos” (Tundra). Este texto aparecerá en un próximo monográfico de la revista "The Ecologist" dedicado a lo que se ha venido a denominar “literatura de Naturaleza”.

-Desde tiempos prístinos, en los inicios de la existencia humana, el hombre vivía en los bosques. Ahora queremos perdernos en el paisaje a través de la literatura o una buena caminata. Aunque sea la de otros. Desde tu visión naturalista, ¿por qué crees que ha surgido este auge en la literatura de Naturaleza?

-Creo que, en buena medida, tiene que ver con la necesidad de evasión de la cotidianeidad. Especialmente de la asfixiante cotidianeidad urbana. De la infelicidad entre cuyas causas empezamos a vislumbrar la falta de contacto con el hábitat natural en el que nos desarrollamos como especie. Una necesidad de reencuentro con la Naturaleza que ya venía manifestándose en un incremento de las escapadas de fin de semana, de los viajes a entornos naturales… La lectura de experiencias en la Naturaleza contadas por otros es otra forma de aproximarnos a ese sentimiento del que en el fondo nos sentimos huérfanos. 

REFORESTANDO INSTINTOS
-De niños tenemos un espíritu aventurero… ¿Queremos reforestar este instinto?
-Si nos detenemos a sentir nuestras necesidades más profundas, se nos hará evidente que lo necesitamos. Y si pensamos en el curso suicida que está siguiendo nuestra civilización, nos daremos cuenta de que tiene como uno de sus pilares básicos la desconexión de la Naturaleza, el habernos creído que podemos recluirla en un compartimento estanco y vivir ajenos a ella. Por la cuenta que nos trae, conviene iniciar un proceso personal, pero también como sociedad, de reencuentro con la Naturaleza. De hecho, cada vez son más los estudios que muestran los beneficios de sumergirnos en la Naturaleza, aunque sea con un simple paseo diario por un parque, tanto para la salud mental y física de los adultos como para el desarrollo emocional, de la inteligencia y físico de los niños.
 


“Lo primero es comprender que todavía no es tarde. Que, pese a todo lo que
tenemos encima, no hay que abandonarse nunca al derrotismo y la inacción.
Podemos hacer mucho. Cada gesto cuenta”



-Leer como evasión. Vivimos en una era de sobreinformación en pantallas. ¿Necesitamos volver a lo natural? ¿Ver lo natural del natural?
-Es más: yo animaría a ir más allá y pasar de simple espectador de las experiencias de otros, a través de la lectura, a protagonizar nuestro propio reencuentro con la Naturaleza. Nada más poderoso, liberador e inspirador que la experiencia directa. Sin necesidad de escalar montañas o recluirse en una cabaña en un bosque: basta con dejarse acariciar por el sol, por el viento, sentir el frío en el rostro, el cambio de color de cada hora del día...

TODAVÍA NO ES TARDE
-Ante un planeta lleno de plástico, fauna en extinción, aves que han cambiado  sus migraciones por el cambio climático -del que ya hablaba Humboldt: gran caminante e inspirador, nacido en 1769-… tú, que has hablado sobre  pájaros , ¿cómo crees que podemos tomar conciencia para seguir preservándolo, viviéndolo y naturalmente escribiéndolo?
-Lo primero es comprender que todavía no es tarde. Que, pese a todo lo que tenemos encima, no hay que abandonarse nunca al derrotismo y la inacción. Podemos hacer mucho. Cada gesto cuenta. Y ser ejemplo con nuestra actitud. Tanto luchando por la conservación como disfrutando de la Naturaleza. La vinculación emocional es imprescindible. Y solo surge de la vivencia directa. Ese enamoramiento es el que nos convierte en los mejores defensores de nuestro entorno. Los que nunca desfalleceremos.

-La observación científica, la observación naturalista… Tenemos poco tiempo o dedicamos poco tiempo a ella. O poca sensibilidad ante una sociedad del ajetreo. ¿Cuál es tu opinión?
-Creo que nos pasa, sobre todo, que no sabemos cómo. Que por ello nos parece inalcanzable. Hasta que descubrimos que no es preciso viajar a las selvas tropicales, a las altos techos del mundo, a los desiertos, las sabanas o las soledades árticas, o a un lugar oficialmente declarado parque natural o nacional, para contemplar escenas únicas, de las que disfrutar e incluso aprender sobre el funcionamiento de la Naturaleza. Incluso en el centro de las ciudades podemos observar muchas especies de animales y plantas que se adaptan al medio y se relacionan entre sí y con nuestras actividades para salir adelante. Evolución en estado puro. Un simple comedero o caja-nido para aves en la terraza, el balcón o un jardín puede proporcionarnos horas de emocionantes observaciones. Y si nos animamos a pasear a diario por un parque intentando identificar y anotar las aves, mariposas, libélulas y flores que vemos, podremos disfrutar más profundamente y con otro punto de vista del cambiante y siempre fascinante paso de las estaciones.

LA MIRADA DE UN LOBO
-Has escrito sobre lobos. ¿Cómo te sientes ante la mirada de un lobo?
-Reconocido por un miembro de otra tribu de iguales. De otro pueblo con el que desde antiguo compartimos territorio, recursos y necesidades. Tan estrechamente que ha supuesto una ya larga relación de amor-odio-cooperación como no se ha dado prácticamente entre ningún otro par de especies del reino Holártico.

-Y por otro lado, ¿cómo se siente lo salvaje cuando unos pasos humanos entran en su territorio?
-En nuestras latitudes, tan largamente avasalladas y agredidas por nuestra especie, nuestra irrupción genera miedo: voces de alarma, carreras o revuelos apresurados para ocultarse, el recurso a quedarse inmóviles, escondidos o en silencio para pasar desapercibidos... Salvo excepciones, y lugares donde la relación con el entorno ha venido siendo más amable en las últimas décadas. No obstante, los viejos naturalistas saben, por propia experiencia, que la Naturaleza diferencia nuestras intenciones, regalando, a quienes se acercan con admiración, vivencias inolvidables.

DE THOREAU A ARAÚJO
-He visto lobos checoslovacos como nueva especie domestica… ¿Será una nueva moda como el NW y el shinrin-yoku?
-Y como lo que se quiere llamar "Literatura de Naturaleza" (o peor, Liternatura) como traducción del término anglosajón "Nature writing". Yo no creo que la "Literatura de Naturaleza" sea un género. No creo en los géneros literarios. Existe la literatura. Y la hay con mayúsculas o con minúsculas. En este caso se pretende encasillar en un término lo que es en realidad creación literaria inspirada en la Naturaleza. Lo cual tiene más que ver con el típico planteamiento comercial anglosajón de definir, empaquetar y ponerle un nombre a algo para venderlo como producto, tal como se ha hecho también por ejemplo con el producto "síndrome de déficit de Naturaleza", que así pueden vender en forma de charlas, cursos, entrevistas en medios, libros, vídeos, etc. Además, esta literatura se intenta encajar en un modelo importado que nos es bastante ajeno, de base urbana y de límites estrechos, de modo que se está publicando mucha traducción de obras que parecen clones, que acaban aburriendo por ser más de lo mismo, y que ya han saturado el mercado potencial, con cada vez menores ventas. ¿Quién quiere otro libro de alguien marcándose un Thoreau, simplista y meramente estético, en una cabaña en un bosque? Thoreau tenía calidad y contenido, originalidad y riqueza de conversaciones con Emerson y gran conocimiento de los clásicos, escribiese lo que escribiese y desde donde escribiese. De hecho, su famosa cabaña de Walden estaba en realidad al lado de la ciudad, donde regresaba cada poco. Los días de fiesta debía escuchar perfectamente el jolgorio del pueblo de Concord desde su "aislamiento en los bosques". Esta moda acabará por la falta de ventas debida a la saturación y quedará lo que ya había: los libros de quienes publicaban y escribían inspirados en la Naturaleza al margen de modas y de oportunismos comerciales. El autor español cuya obra, contenidos, vida y sabiduría se asemeja más a un verdadero Thoreau es Joaquín Araújo. Quizás sepamos dejar de lado las traducciones de clones anglosajones y aprendamos a valorar su obra.

-(Encontrarás con Joaquín una entrevista en este mismo semanal. Es un viejo amigo y estamos de acuerdo con todo lo que dices -el editor-). Entre los caminos que divergen, de los que hablaría R. Frost muy poéticamente, al ser conscientes de una moda, aprendemos a respetar o el camino del respeto es el del caminante solitario… por uno mismo?
-Cada cual debe tomar su camino. Lo que no quita para que, al ser conscientes de lo que otros se están perdiendo y por nuestra inclinación a compartir, les lancemos una señal, una bengala, tal vez un salvavidas.

Meritxell Mo
 


LA INSPIRACIÓN
EL RESPETO ANTES DE LA ACCIÓN
-¿Qué te inspira?
-Si, como escritores, nada humano nos es ajeno, como naturalista incorpora uno también el que nada de la Naturaleza nos es tampoco ajeno.

Además de dejar huella en el paisaje, como humanos, deberíamos tener respeto por la Naturaleza antes de leerla. Bajo un árbol... seguiremos leyendo.

 






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