Desde el advenimiento de la sociedad moderna, el afán de lucro ha sido lo que ha hecho rodar la noria de la economía internacional. La alternativa surgida desde la misma idiosincrasia moderna, pero bajo otro prisma pretendidamente más justo, el comunismo, también fracasó, porque no supo ver a la Naturaleza como algo sagrado. Hoy, China es el nuevo exponente más diabólico: lo peor del comunismo y lo peor del neocapitalismo. Un camino erróneo y mucho más… Pero hoy nos vamos a adentrar en las otras formas de crear riqueza.
A principios de la década de los ochenta, en plena euforia de la modernidad y de las posibilidades tecnológicas y científicas, una minoría de emprendedores decide cambiar de chip. Empiezan a ver el mundo de otra manera. Comienzan a utilizar los negocios para desarrollar actividades lícitas, de eco-nomía real, en las que la actividad económica es un medio y nunca un fin. A través de ciertas actividades empresariales y/o afines, buscan la forma de llevar a cabo proyectos de interés social, ecológico, etc.
La idiosincrasia de la inmensa mayoría de estos nuevos empresarios no tiene nada que ver con la idiosincrasia de los tiburones financieros y sus acólitos. Se trata de ganar dinero, vale, pero sólo para vivir, para vivir con normalidad, nada más. Y, por encima de todo, se pretende llevar a cabo proyectos que redunden en el bien de las personas y del medio ambiente. Es la “eco-no-mía del bien común”.
Algunos de esos pioneros están en este monográfico. Y también otros que han llevado a cabo iniciativas empresariales bajo estas mismas premisas, aunque algunos años después. Sí, a principios de los 80, nadie hablaba de “imagen social corporativa”, pero algunas personas ya pensaban que todo camino espiritual que se precie de serlo tiene que llevar acorde una actividad económica lícita, honesta, “purificada”. Desde el humanismo, también han sido muchas las personas que, sin tener en cuenta ninguna premisa espiritual, también han optado por una forma de empresa limpia en todos los aspectos. Bravo para unos y para otros.
Digámoslo claro: pensar sólo en ganar dinero es vulgar, mediocre, “garrulo”. El problema es que nuestra sociedad está llena de personas vulgares, mediocres y “garrulas”, que no reparan en nada si de ir apilando capital se trata. Nuestra respuesta tiene que estar basada en la creatividad, en la sutilidad, en la belleza, para hacer frente a tanto feísmo y mal gusto. Volver a una eco-nomía sin usura, verde, honesta, limpia, generadora de riqueza, ecológica, respetuosa con el medio y las personas, nos hará libres de tanta fealdad, y de tanto chorizo. Una eco-no-mía del bien común está a las puertas de nuestro mundo. Ya es hora de escuchar a esas gentes que han apostado con pasión y saber hacer por una forma de hacer las cosas en las antípodas de tanto ladrón. Duermen tranquilos cada noche y en su torrente sanguíneo hay más oxitocina: economías locales, familiares, reales, pacíficas, decentes… Sí, una eco-nomía con valores…
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