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POR UN MUNDO RURAL VIVO
El estado español lleva unas cuantas décadas sufriendo un problema extraordinariamente grave: la despoblación rural. A ello hay que sumarle la baja natalidad. Nacen muy pocos niños y los pocos que nacen. nacen en las ciudades. Según diversos medios, aproximadamente, en la actualidad. el 93% del territorio del estado español corresponde a zonas rurales, pero tan sólo un 20% de la población española vive en un pueblo. Los datos de natalidad de 2018 han sido alarmantes y, en los pueblos, más todavía.
El asunto se debe a una serie de razones endémicas y, por otro lado, tiene consecuencias transversales. En este monográfico, con nuestras humildes posibilidades, hemos analizado las causas y las consecuencias. Las causas vienen de lejos. Pero, a medida que el proceso tecnológico avanza, el mundo rural se desertiza con mayor celeridad. Y la gravedad del asunto radica en que un mundo rural desertizado da como resultado un medio ambiente en peligro. Los riesgos son innumerables: incendios forestales imparables, desaparición de especies animales y vegetales domésticas autóctonas, importación de alimentos con su consecuente huella ecológica y pérdida de raíces identitarias no sólo gastronómicas.
No hay ganado que desbroce el campo. Unas especies vegetales se comen a las otras. Luego, ¿quién detendrá esas llamas? Desaparecen tierras de cultivo y las lluvias se concentran: la erosión es fulminante. Algunos cultivos detenían la desertificación del suelo. El pez se muerde la cola: menos gente en los pueblos, suelos menos ricos.
Todos somos conscientes de que hay que hacer algo pero la clase política, con pocas excepciones, no ve los reales peligros que engendra la despoblación rural en muchos niveles (aquí y en este monográfico solo hemos comentado los más visibles). Algunas organizaciones sociales, algunos municipios, personas independientes, empresas y entidades sin ánimo de lucro. han empezado a actuar. Se implementan programas destinados a atraer nuevos vecinos a los pueblos que revitalicen la actividad en el medio rural y aseguren un futuro tanto a nivel social como medioambiental a estas zonas.
Pero prácticamente no hay resultados aún. Y las iniciativas son pequeñas, cuentan con poco o nulo apoyo y/o llevan poco tiempo en marcha. Ese el peligro, no es una ficción o algo del futuro. Está aquí, llama a nuestra puerta y hay que despertar. Este monográfico es una llamada al despertar que se suma a otras llamadas privadas y públicas. El asunto es de tamaña gravedad que requiere de la inventiva, el talento, la energía y la fuerza de mucha gente trabajando codo con codo. A algunos de ellos que trabajan en pos de frenar la despoblación les hemos entrevistado: cada maestrillo tiene su librillo en lo que atañe a las soluciones que requiere el enorme problema al que nos enfrentamos.

EcoActivistas

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SOSTENIBILIDAD. MODA Y COSMÉTICA EN MASCULINO

Mucho hemos cambiado los hombres, y lo que nos queda... Revisando cómo nos han ido definiendo en solo un par de décadas, es normal que no sepamos muy bien quiénes somos. Todo tiene un comienzo y éste fue en 1994, cuando un periodista estadounidense inventó el término “Metrosexual”, aunque no se aplicó hasta principios del 2000 y, a partir de ahí, fueron surgiendo diversos términos que iban definiendo estilos dispares: "Hipsters”, “Übersexual, “Muppies”, “Retrosexual”, “Lumbersexual”, etc…
Estilos de vida, de vestimenta, de alimentación… nos han descrito de una y otra manera, y las masas han seguido a sus ídolos que los representaban encumbrándolos como nuevas deidades sin ver más allá de lo que nos mostraban.
Posiblemente, es más cómodo que nos dirijan a través de artículos e imágenes de futbolistas, actores, modelos -y hoy en día, los “influencers” a través de las redes sociales-, que pensar en cambiar de verdad lo que nos afecta y afectará en un futuro ya no tan lejano.
Los hábitos cambian y nos cuidamos preocupándonos por nuestra alimentación al elegir los productos biológicos, de cercanía o de comercio justo; apoyamos más causas de defensa medioambiental y/o animal, y somos más activos en la vida política y social de nuestra comunidad. Pero, ¿hemos revisado nuestros estantes del baño y nuestro armario? ¿Sabemos la cantidad de productos químicos de los que nutrimos a diario nuestra piel? ¿Sabemos de dónde viene o quién ha fabricado la camisa de unos 12 euros de media que compramos en Inditex, Primark u otro grupo similar? Ambas industrias son de las más contaminantes a nivel mundial para el medio ambiente y pueden causar daños en nuestra piel y organismo a corto y largo plazo; daños que pueden solventarse si vamos cambiando nuestros hábitos, como, por ejemplo, a una moda más sostenible con textiles ecológicos y tintes sin químicas que nos perjudiquen. Como dijo Tolstói ,“Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo” y quizá deberíamos reflexionar sobre ello. No hace falta que nadie invente un término nuevo para que podamos decir a qué pertenecemos o con qué nos identificamos. Es sentido común lo que hace falta, ver la realidad que tenemos delante y no obviar que los seres humanos somos los causantes de la mayoría de males que nos afectan y que también somos los que tenemos el remedio para solucionarlo. Gestos tan simples como sustituir un gel de baño convencional por uno con certificación o una camiseta sin definición por una de algodón ecológico, puede ser el inicio de un cambio.

J. Carlos Moreno. 
Responsable Proyecto Planeta Moda. Dir. Técnico de BioCultura.

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LA MUERTE. UNA SOCIEDAD QUE VIVE DE ESPALDAS A ELLA

Nuestra estra sociedad occidental, tan civilizada y aséptica, vive completamente de espaldas a la muerte. Esto tiene muchas consecuencias de diversa índole y en diferentes ámbitos. Este monográfico estudia cuáles son esas consecuencias que nos incumben a todos muy directamente y también a todo el planeta.
Un ejemplo muy notorio es que el vivir de espaldas a la muerte aumenta la cantidad de personas que sufren patologías mentales como la depresión. La ausencia de ritos directamente relacionados con la muerte dispara las dolencias psicológicas y nos hace más consumistas, más apegados a lo material. Con las devastadoras consecuencias que ello tiene en lo medioambiental.
La ecología profunda, que no descarta el ámbito espiritual de la vida, nos hace conscientes y, por ello, responsables. Se trata de defender la vida en su más amplia acepción, incluso la vida de los no nacidos, y también la vida de todas las demás especies, sean animales o vegetales, que pueblan la Tierra. Vivir de espaldas a la muerte contribuye a hacernos más depredadores.
Era necesario un monográfico de estas características. Ya estaba tardando demasiado. Si la muerte es un tabú en Occidente y en todos los rincones del planeta adscritos a esta filosofía… no es por casualidad. Vivir de espaldas a la muerte contribuye de forma notoria a desapegarnos de la destrucción que somos capaces de engendrar. Se nos oculta la muerte para que no veamos todo el daño que estamos haciendo. Pero ello no es gratis. Todo lo que sale de las pautas naturales… tiene un alto precio. ¿Queremos seguir pagándolo?
Otras culturas, otras formas de entender la vida… nos pueden ayudar a ver la muerte de otra manera. También hemos querido reflejar en este número un resumen de lo que son esos otros prismas, nunca tan necesarios como hoy. Aprender a ver la vida con los ojos del corazón nos enseñará a valorar la vida como lo que en realidad es: algo sagrado. Como ya dijo Vandana Shiva: “Sólo una visión sagrada de la vida puede ayudarnos a salir de la encrucijada en la que se encuentra metida nuestra especie”.

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