EL LIBRO/”NATURALMENTE URBANO”/GABI MARTÍNEZ “En la ciudad viven ciudadanos, no peatones. Es una cuestión filosófica”

Martes 16 de Febrero de 2021





Gabi Martínez, un autor harto prolífico, vuelve a las estanterías de las librerías
con “Naturalmente urbano” (Ed. Destino)


Tras perder la audición de un oído al paso de una ambulancia, Gabi Martínez se preguntó cómo afecta el entorno urbano a nuestra salud. Este libro reflexiona sobre la necesidad de transformación de las ciudades ante un modelo urbano ya caduco y nos cuenta cómo se creó la idea de la supermanzana, uno de los conceptos urbanísticos más revolucionarios de las últimas décadas: su acogida, su implantación y las polémicas que generó. Una auténtica oportunidad de futuro para llevar una vida más sana en la ciudad.

-¿Puedes hablarnos de tu último libro? ¿La ciudad… está en cuestión?
-La idea parte de una situación paradójica cuando, justo al salir del hospital después de operarme de un oído, pasa una ambulancia y me revienta el tímpano. Fue sencillo preguntarse cómo estamos diseñando nuestras ciudades para que puedan ocurrir situaciones así. A partir de entonces, me interesé de otro modo en un urbanismo que cada vez está más presente en nuestro imaginario, y el debate sobre las ciudades del futuro siempre está caliente en Barcelona. Supongo que por eso no es una casualidad que la supermanzana, una de las ideas más revolucionarias del mundo contemporáneo en lo que a renovación urbanística se refiere, haya salido de un pensador de la ciudad, Salvador Rueda. Así que analicé su propuesta y pude mantener varias y muy largas entrevistas con él, que después cotejé con otras personas, desde gestores del espacio a periodistas, arquitectos, biólogos, miembros del RACC... El libro combina acciones y opiniones de esas personas con mi experiencia como ciudadano y la visión de grandes urbanistas, ecólogos y otros observadores que han analizado con cuidado la ciudad. Hay teoría y acción. No creo que la ciudad esté en cuestión como tal. De hecho, los expertos convienen en señalar que la ciudad ideal es mejor cuanto más compacta, y a eso se tiende, a mejorarla de algún modo. Lo que está en cuestión es cómo se compacta con calidad. Cómo se permite que los individuos circulen de la forma más ágil y dinámica disfrutando, además, de un aire lo bastante limpio, sin que el asfalto se recaliente... y sin exceso de ruidos. Lo que está en cuestión es la ciudad con la cantidad de automóviles que hoy circulan por ellas. Desde hace muy pocos años, más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. La emisión de dióxido de carbono de estos núcleos de población es enorme. Así que, si uno de los esfuerzos capitales para enfrentar el cambio climático pasa por reducir el dióxido de carbono, uno de los objetivos primordiales debe ser sanear estas grandes concentraciones humanas. Y debe logarse con la complicidad de quienes las habitan. El cambio de conciencia es clave. La necesidad de recuperar la condición de ciudadanos. El vocabulario explica muchas cosas y, por ejemplo, la última terminología urbana nos ha reducido al término peatón. No, en la ciudad viven ciudadanos, no peatones. Es una cuestión filosófica.
 


LA PANDEMIA
-¿La pandemia ha acabado de situar las cosas en su sitio o ya habíamos llegado al fin de una era?
-Desde luego que la pandemia ha permitido evidenciar que estamos al filo de algo. La cantidad de muertes ayuda a ilustrar la magnitud de la amenaza. Aun así, vamos a ver cuál es la reacción. En 2008 ya se habló mucho sobre la emergencia climática pero llegó la crisis económica y aquella presunta inquietud se volatilizó. Y ahora que parecía remontar la preocupación por el tema ha llegado el coronavirus. La pandemia revela que empieza a hacerse tarde de verdad y que sí, estamos llegando a un límite. El peligro ya no está a las puertas sino que ha entrado al vestíbulo. Habrá que ver si nos levantamos para hacer algo o seguimos viendo la tele en el salón. En cualquier caso, este virus es el movimiento defensivo normal de una naturaleza que se ha visto amenazada y ha activado sus mecanismos de supervivencia. De paso, a su manera involuntaria, nos recuerda nuestra insignificancia. Ahora habrá que ver si asumimos nuestro papel orgánico en el sistema o continuamos tratando de imponer la supremacía de una especie con demasiadas ínfulas y sucumbimos en un plisplás.
 


 La portada del último trabajo de Gabi, una reflexión en torno a la ciudad…
a una ciudad más sana, por fuera y por dentro…


-¿Cómo va a ser la transición hacia la ciudad del futuro? ¿Está la ciudadanía preparada?
-Nadie sabe para qué está preparado hasta que no enfrenta la situación. ¿Estábamos preparados para llevar mascarilla todo el tiempo? ¿Para no salir de casa, del barrio, en a saber cuántos días…? Si te proponen vivir en una ciudad saludable donde no tendrás que llevar mascarilla, no ya para protegerte del Covid sino también de la contaminación, seguro que haces lo posible para aceptar varios cambios. Por otra parte, es difícil intuir cuál va a ser la ciudad del futuro porque depende de demasiados intereses de grandes corporaciones. La escritura de este libro ha provocado situaciones como mínimo extrañas con representantes del negocio automovilístico, que llegaron a sugerirme que no publicara una de las entrevistas que hice. Una cosa son las ideas de diseño urbano y otra las realidades que esas ideas deben enfrentar para llevarse a la práctica. En cuanto a modelos, hay dos muy claros: el de los tecnófilos de lo smart y el de los tecnófobos de los derechos. Supongo que lo ideal es equilibrar las dos tendencias: apostar por la vanguardia científica sin olvidar los derechos de las personas. Y, por otro lado, lo indiscutible es que hemos entrado en una situación de emergencia, así que la transformación deberá ser rápida. Por ese motivo, el urbanismo táctico, que soluciona espacios concretos en general no muy grandes, no parece ser del todo adecuado, porque la necesidad actual es resolver cuanto antes y del modo más eficaz posible los enormes problemas que padecemos. En ese sentido, las supermanzanas proponen una revolución rápida, barata e integral de las ciudades. Falta la voluntad política. Las supermanzanas de Barcelona solo empezaron a probarse en barrios con tránsito rápido cuando Vitoria decidió ejecutarlas en vías céntricas y le sale bien. Los políticos de Barcelona tuvieron que ver en Vitoria la aplicación de una idea que estaban bloqueando en casa.

NATURALEZA Y URBE
-¿En la ciudad del futuro, la Naturaleza y la ciudad convivirán mucho más que hasta ahora?
-Es la intención. Hasta hace muy poco, el ideal de naturaleza urbana era el césped bien podado y el uso del glifosato para exterminar cualquier atisbo de hierba no deseada. Controlar a la naturaleza era bueno. Lo bueno se asocia a vigilancia y lo malo a seres con más libertad de la cuenta. Un ejemplo son esas hierbas indómitas a las que se llama malas hierbas. Pero últimamente hemos empezado a ver cómo ciertas hierbas crecen más de lo que estábamos acostumbrados a ver en las aceras, jardines, márgenes de autopistas. Las presuntas malas hierbas no lo son, sino que atraen a polinizadores, a otros organismos que aumentan la biodiversidad, y eso beneficia al conjunto. Hay planes para apoyar a las azoteas vedes y es obvio que los huertos urbanos están en auge. Hasta hace muy pocos años, ciudades de tamaño considerable como Barcelona tenían el departamento de Parques y Jardines condicionado por gestores que decidían las plantas de la ciudad en función de si eran más o menos bonitas, al margen de si por ejemplo eran autóctonas o no, si podían vivir más o menos. Seguían criterios estéticos. Bastante asombroso, ¿no? No hace mucho que han empezado a contratar a biólogos para que ocupen esos puestos. Los arquitectos empiezan a diseñar edificios pensando cornisas que puedan ser refugio de pájaros, se idean corredores verdes para que los animales puedan volver a emigrar sin peligro de ser atropellados... Verde es sinónimo de libre, y como ésa parece ser una aspiración común… todo apunta a que la Naturaleza va a estar más presente en nuestras calles. Un objetivo es que muchos pájarosque ya no se detienen en Barcelona… vuelvan a hacerlo.

 


-¿Quiénes son los teóricos más avanzados en este sentido ahora mismo?
-Hace poco me pidieron que colaborara para preparar una sesiones sobre urbanismo y un sentir extendido era que faltaban pensadores de la ciudad integral, como un todo. Ahora se lleva mucho el urbanismo táctico, que viene a ser la búsqueda de soluciones puntuales para ciertos tramos de la ciudad. Pero la ciudad como conjunto, eso es más difícil pensarlo. Es una cuestión de tiempo. Cada ciudad debería tener su pensador, sus pensadores, gente que la conozca tan a fondo que pueda imaginarla funcionando orgánicamente. Y eso no abunda. Es como escribir una novela coral o una novelita chisposa con uno o dos protagonistas. ¿Quién está escribiendo hoy grandes novelas corales? En Barcelona, una cabeza privilegiada es la de salvador Rueda. El danés Jean Gehl es uno de los grandes ejecutores del táctico, y una referencia en el mundo smart. Janette Sadik-Khan fue quien convirtió en peatonal Times Square, un movimiento de impacto mundial. Y, si buscamos en España a teóricos del todo urbano, despunta José Manuel Naredo. En cuanto a ciudades, Vitoria, Pontevedra y Barcelona son referentes, y vale la pena prestar atención a Madrid Central.

EN EL PLANETA
-¿En qué zonas del planeta van más avanzados en este sentido?
-En Europa están las ciudades más ultraconscientes de sí mismas y muchas megalópolis asiáticas también están trabajando a fondo. Tiene que ver con la densidad poblacional. A más densidad, más complicaciones y necesidad de cambiar estructuras. Los estadounidenses aportan innovaciones de referencia, aunque siempre partiendo del automóvil, donde allí es todavía más sagrado debido a los grandes espacios. Copenhague, Londres o Barcelona se piensan mucho. Róterdam, Amsterdam o Estocolmo fueron de las primeras en buscar armonía en las calles y ciudades como Oslo o Helsinki han conseguido registrar cero accdientes mortales en la ciudad.

-¿La nueva ciudad verde es más sana por dentro y por fuera? ¿Qué cambios conlleva?
-Sano se es o no se es. La salud no se puede simular con fachadas aparentes, con cirujías de rehabilitación. Y no cabe duda de que la salud de una ciudad es la de sus habitantes. España es uno de los grandes consumidores de antidepresivos del mundo, con el insomnio y el estrés disparados. ¿Conclusión? No vamos bien. Los indicadores atmosféricos también lo constatan. Al menos, ya estamos reconociendo el déficit. Es curioso cómo, en muy pocos años, el eslogan municipal barcelonés ha pasado de ser “Barcelona ponte guapa” a “Esto no es un simulacro”. Es decir, se ha pasado del maquillaje estetizante a la alerta roja. De qué sirven las fachadas recién pintadas y el asfalto recién aplanado frente a los cientos de miles de tubos de escape que expulsan millones de partículas contaminantes a diario y por toneladas. Así que la nueva ciudad verde, precisamente por ser verde, será más sana en conjunto.

LOS POLÍTICOS
-¿Qué grupos políticos son más desastrosos en seguir apostando por un modelo urbano caduco?
-Es curioso observar que, a menudo, varios grupos están de acuerdo en apostar por un modelo de ciudad, pero, a la hora de ejecutarlo, sólo lo defienden si lo ejecutan ellos. Si el grupo que iba a impulsar el modelo de pronto pierde las elecciones y ve que su sucesor en el poder será quien lo aplique, el desbancado empieza a poner trabas. Es descorazonador asistir a cómo muchos políticos prefieren apedrear al rival antes que apoyar la ejecución de un modelo bueno para la sociedad. Pero así es a menudo. Los partidos más reacios al cambio son los que han hecho una mayor apuesta en infraestructuras que favorecen al automóvil y todas las industrias derivadas. Cambiar el modelo significa desmontar el sistema que ellos han contribuido a aupar. Esto está muy claro en la Comunidad de Madrid, donde, como en Sao Paulo o Pekín, se ha crecido a golpe de ciclo económico expansivo, y ahora resulta complicadísimo reformular una ciudad donde las enormes avenidas, los puentes descomunales y tantas otras construcciones han sido pensadas para los coches antes que para las personas... mientras en otros países ya se actuaba para cambiar el modelo advirtiendo que el viejo estaba desfasado. Pero es difícil enfrentarse a lo que Lewis Mumford definió como “la personalidad burocrática”. En España, donde el número de funcionarios está desbocado, es una rémora insoslayable, y emprender cualquier proyecto pasa por políticos y técnicos que a menudo tienen intereses demasiado personales en que las cosas sigan igual.

-¿Los políticos son vampiros de ideas también?
-Lo que resulta enormemente llamativo es cómo los políticos han copado el escenario y se apoderan ahora de las ideas de los demás con el beneplácito de la ciudadanía. Llama mucho la atención que, cuando hablamos del Ensanche y la revolcuión urbanística que suponen las manzanas, se habla de Ildefons Cerdà o de Le Corbusier. Pero ahora, varios políticos y comentaristas a sueldo de ciertos medios de comunicación han dicho que tal político o política es la que va a transformar Barcelona. Es otra forma de anular al ciudadano, a la sociedad civil. Capitalizar los éxitos de otros, robar su protagonismo, me parece el reflejo de adónde nos estamos dejando llevar. El creador de las supermanzanas se llama Salvador Rueda, es un biólogo y psicólogo que aprendió muchísimo de Cerdà y del ecólogo Ramon Margalef. Los pensadores de la ciudad tienen nombre y no son políticos. Démosles la relevancia que merecen. A Rueda lo que es de Rueda y a Trump lo que es de Trump.

-¿Qué cambios conllevará en el medio rural la nueva ciudad verde?
-Es difícil hacer un pronóstico así, pero apreciar la naturaleza redundará en todo, también en un mayor interés y conocimiento en el verde extraurbano, y en el deseo de estar cerca de él. Puede ser como eso que dicen del dinero: cuanto más tienes más quieres. A ver si es verdad.

Pedro Burruezo
Publicado en El Ecomensajero Digital






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