LIBROS/CÈLIA SÀNCHEZ-MÚSTICH “Nos deshacemos de nuestros ancianos porque, quizás, no somos conscientes de que lo hacemos”

Viernes 23 de Abril de 2021





Cèlia Sànchez-Mústich ha escrito un libro sobre la cuarta edad en la que nos interpela como sociedad


“Els vells, aquella nosa” (“Los viejos, aquel estorbo”) es el último libro de Cèlia Sànchez-Mústich. En él, la autora denuncia el abandono a que ha sometido a nuestros ancianos/as la sociedad moderna. Pedro Burruezo ha hablado con ella. El libro por ahora sólo se ha publicado en catalán. Esperemos que, en el futuro, puede aparecer también en castellano por su evidente interés literario y social.

Cèlia Sànchez-Mústich (diciembre, 1954) es una poeta y escritora catalana, nacida en Barcelona (también se considera hija de Sitges, el pueblo donde vive). Ha publicado novela, narrativa y poesía. Algunos de sus casi veinte libros han recibido premios como el "Crítica Serra d'Or" o el "Premi Octubre de Poesía".  Y algunos de sus poemas han sido antologados o traducidos al castellano, euskera, francés, inglés, portugués, italiano, alemán... Activista en temas sociales, como dinamizadora cultural codirige desde hace 14 años la “Festa de la Poesia a Sitges”, una singular propuesta de homenaje a los poetas.
 


-¿Nos puedes explicar el libro “Els vells, aquella nosa”?
-En lo más aparente o estructural, es un libro en el que conviven diversos géneros. Son casi 70 capítulos breves, en los que se alternan píldoras de pensamiento, historias vividas y un hilo conductor de capítulos donde se narra la búsqueda, medio detectivesca, de una anciana de la cual perdí la pista. En lo esencial… es una historia de amor. No hubiera podido escribirlo sin haber cuidado a mi madre durante muchos años, algo que considero un privilegio. En él hay muchas preguntas sobre la cuarta edad, o, mejor dicho, sobre cómo es nuestra mirada hacia las personas de la cuarta edad, especialmente aquellas más frágiles. Creo que es un libro duro pero al mismo tiempo abierto a la ironía y el humor. Y no habla solo de la cuarta edad: también, y mucho, de los prejuicios de la edad en sí misma, de los encasillamientos por edades, de la belleza...

ROMPIENDO VÍNCULOS
-¿Por qué nos deshacemos de nuestros ancianos?
-Por suerte, o por desgracia, hay de todo, pero es cierto que en general se rompen vínculos. Un anciano con gran dependencia es muy parecido a un bebé, pero no se puede comparar la empatía que suscita un bebé a la que nos provoca un anciano. Respondiendo a la pregunta, quizá nos deshacemos de ellos porque no somos conscientes de que lo hacemos. Nos aferramos a la idea de que “ellos ya han hecho su vida”, y ésta es una frase que parece hasta razonable, pero es muy injusta porque reduce la palabra “vida” a ciertas actividades que se realizan a lo largo de la vida.
 


“El libro es duro pero también ligero. Sin algunas anécdotas divertidas, la dureza del libro no sería efectiva. Pero sí, digo que es duro porque interpela, y puede que haya personas que no quieran ser interpeladas. También es duro para mí misma, porque en el libro reconozco algunos de mis errores, y los reconozco precisamente para aceptarlos y huir de un sentimiento de culpa que nace de la no aceptación. Me perdono mucho, en este libro”



-¿La pandemia ha destapado algo que ya estaba ahí?
-Yo escribí prácticamente todo el libro antes de la pandemia, es decir, con lo que “ya estaba ahí”. Veía la falta de ayudas para poder cuidar a mi madre en casa, veía personas que se extrañaban de tanta dedicación (cuando nunca se hubieran extrañado de que cuidara con intensidad a un hijo enfermo). Iba a residencias a visitar amigas suyas y veía que el personal no daba al abasto y no podían personalizar las atenciones. Todo estaba en la cuerda floja, y era previsible la caída. Pero cuando oigo hablar de que urgen cambios en el modelo asistencial, residencial, etc., me preocupa que los cambios sean exclusivamente técnicos o sanitarios: mejor ortopedia, robótica, mejores terapias de estimulación cognitiva. Todo esto está muy bien, pero… si no nos inventamos algo, y pronto, para el bienestar emocional de las personas muy mayores, a menudo con demencias, si no descubrimos en estas personas a nuestros propios bebés cuando lleguen a esa edad… poco avanzaremos.
 


EN DEFENSA PROPIA
-¿Todo esto tiene un trasfondo espiritual? ¿Nuestra civilización está descivilizada?
-Creo que todas las civilizaciones han tenido un lado abierto al amor, a la creación, a la comprensión, y otro de profundamente inhumano. Cada vez de distinta manera. En la actualidad, por ejemplo, creo que en nuestra sociedad occidental somos más humanos a la hora de concienciarnos de que debemos ayudar a las personas discapacitadas: ¡existen los Juegos Paralímpicos! Pero cuando la discapacitación viene dada por la edad avanzada… no la queremos ver. Quizá porque vemos improbable que nos quedemos tetrapléjicos pero en cambio sabemos con certeza que vamos a llegar a viejos (si no morimos antes), y apartamos esa realidad de nuestra mente como una defensa propia. Una defensa propia que a la larga se vuelve en contra nuestra.

-Sin embargo, hay comunidades, como la gitana y la musulmana, en la que no se abandona a los ancianos. Y para la mayoría occidental… esas comunidades son “atrasadas”… También hay excepciones entre la gente occidental, pero esas excepciones son cada vez menos.
-Una parte de mi familia es de raza gitana, y me consta la diferencia en el trato hacia los ancianos. Y no es solo porque la mujer, en estas comunidades, esté tradicionalmente (aunque cada vez menos) en casa. Hay algo más profundo y sabio en su actitud. Si en nuestra sociedad occidental estamos aún atrasados en la conciliación de la vida laboral con la paternidad o maternidad, ¡qué lejos nos queda la conciliación con nuestra dedicación a los padres o abuelos ancianos! Pero no es solo una cuestión de conciliaciones, se trata de amor, de empatía, de que podamos cambiar los pañales de un abuelo con tanta naturalidad y cariño como cambiamos los de un bebé o recogemos los excrementos de nuestro perro por la calle.
 


DURO Y LIGERO
-Dices que tu libro es un libro duro… ¿Por qué? ¿Porque nos hace conscientes de cómo hemos abandonado a nuestros ancianos?
-El libro es duro pero también ligero. Sin algunas anécdotas divertidas, la dureza del libro no sería efectiva. Pero sí, digo que es duro porque interpela, y puede que haya personas que no quieran ser interpeladas. También es duro para mí misma, porque en el libro reconozco algunos de mis errores, y los reconozco precisamente para aceptarlos y huir de un sentimiento de culpa que nace de la no aceptación. Me perdono mucho, en este libro. En cualquier caso, he recibido tantos mensajes de personas que lo han leído y que se han sentido reconfortadas, acompañadas, que yo también me siento profundamente reconfortada y acompañada.

Pedro Burruezo
Publicado en El Ecomensajero Digital


FICHA TÉCNICA
·Autora Cèlia Sànchez-Mústich
·Lengua Català
·ISBN 978-84-18022-56-2
·Octubre 2020
·Edición Primera
·244 páginas
·Dimensiones 13 x 18 cm.
·Enquadernación Rústica

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