OPINIÓN/MEDIOS DE INFORMACIÓN PEDRO BURRUEZO “La censura nunca se ha ido”

Miercoles 02 de Septiembre de 2020





En la foto, aparato medieval inventado por un sacerdote cristiano para fracturar dedos
y manos de todo aquel que no fuera un adscrito a las tesis oficiales de la iglesia. Ya no podría escribir más… De aquellos barros, estos lodos…​


Burruezo vuelve por sus fueros. Denuncia que la censura campa a sus anchas en los medios, las redes, la calle…  Es la distopía total. Las tesis oficialistas sobre el coronavirus ya no necesitan ejércitos para imponerse: basta con la pandemia de pánico.

En los últimos años, ser periodista se está convirtiendo en una especie en extinción. O bien te las ves y te las deseas para llegar a fin de mes con un sueldo precario en el mejor de los casos (si es que tienes suelo: lo normal es ir a pieza). O bien te tienes que convertir en un copiador de notas de prensa oficiales. O bien te pegan un tiro o te meten en la trena por emitir informaciones diferentes a las oficiales, especialmente en temas sanitarios. Ya no hay lugar para la verdadera reflexión. Toda opinión disidente es calumniada. Da igual que se trate de científicos de reputación internacional. Da igual que se trate de personas con un alto prestigio social. Todo se mete en el mismo saco: terraplanistas, conspiranoicos, lunáticos. Sólo faltaba lo de Miguel Bosé para acabar de cerrar el círculo. Más de 300 periodistas están presos en el mundo por informar. Y la crisis por la Covid-19 ha empeorado la situación. Y no solo hablamos de aquellos lugares en los que gobiernan ejecutivos autoritarios. También los países presuntamente democráticos están llevando a cabo campañas de censura impensables. El periodismo verdadero ya sólo existe entre algunos círculos muy tangenciales. El capital ha excluido la intención de aproximarse a la verdad de los medios. Ahora y siempre, en realidad, para ser periodista ha sido necesario entender que no se podría progresar en ese ámbito sin una sólida voluntad de lacayo, de siervo… Pero ahora se está llegando al clímax. Ojo: hay dignísimas excepciones pero cada vez son más eso, excepciones.
 


 

No es que la censura haya vuelto: es que nunca se fue, desde los tiempos de Franco e incluso desde mucho antes. Reporteros Sin Fronteras ha señalado que hasta ahora la libertad de prensa enfrentaba cinco tipos de crisis: Geopolítica (gobernantes y regímenes dictatoriales); Tecnológica (falta de una regulación adecuada que crea un verdadero caos de información); Democrática (desapego y hasta odio hacia los medios de comunicación); Confianza (sospecha de que difunden noticias contaminadas); Económica (caída de las ventas y disminución de los ingresos por publicidad). La gota malaya ha sido derramada con lo de la Covid-19. Los gobiernos de todo el planeta están aprovechando la coyuntura para imponer medidas cada vez más restrictivas al pensamiento libre. Lo hacen por el bien común, por la salud de todos, por liberar al pueblo de locos conspiranoicos de teorías insalubres e infundadas. Pero el pez se muerde la cola o, mejor dicho, el trabajar insaciablemente contra los bulos y las fakes hace que una gran parte de la ciudadanía empiece a sospechar: ¿No será todo un bulo gigantesco, una fake colosal, una mentira fractal? Quizás no todo  es mentira, pero no todo es verdad, eso está claro. Quizás no haya una élite en la sombra intentando detener la economía para que todo el mundo viva sometido a deudas y a préstamos de interés, pero de lo que no me cabe duda es de que nada es lo que parece…
 


 

La distopía ya está aquí. Ha llegado antes de lo que imaginábamos y se ha impuesto con violencia en nuestras vidas. Nos ha expulsado de nuestros trabajos, ha separado a la familias y está extirpando el sentido común de la cotidianeidad con reglas y prevenciones que causan más daño del que intentan evitar, como tantos otros casos de iatrogenia. ¿Qué podemos hacer? No podemos evitar que nos censuren, porque eso no está en nuestras manos. Pero, al menos, no nos censuremos nosotros mismos. Ese es el peor tipo de censura. Si tu corazón es libre, da igual que te bloqueen. Tarde o temprano, los mentirosos serán difamados por difamar. Y algunos “expertos” tendrán que ser juzgados por su extraordinaria insensatez…

Pedro Burruezo
Publicado en El Ecomensajero Digital

 








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