OPINIÓN/PEDRO BURRUEZO “El sexo llama más la atención que la salud”

Lunes 13 de Julio de 2020





Foto: Jan Saudeck


La entrevista a Yolanda Muñoz del Águila fue uno de los artículos más vistos y leídos de toda la historia de El Ecomensajero Digital y de Vida Sana. Batió todos los récords. Lo vieron miles de personas en el diario semanal y a través de Facebook, Instagram, etc. Ahora llega la reflexión de Burruezo…
 

El instinto erótico pertenece a la naturaleza original del hombre.
Está relacionado con la más alta forma de espíritu…

Carl G. Jung


Una de las cosas que más sorprende de la sociedad de masas es que la mayoría de sus ciudadanos muestran un gran apego por su ideología cartesiana. Ombliguismo puro y duro, vaya. La mayoría de personas hoy en Occidente (que no es un territorio geográfico, sino mental) se creen muy superiores en todos los ámbitos a los individuos que habitaron y/o habitan ayer u hoy bajo las idiosincrasias de otras cosmovisiones ajenas al materialismo. En todos los ámbitos de la existencia, nos creemos superfetén y, en el sexo, también. Creemos que somos los más liberados, los más eróticos, los más… Pero, en mi humilde opinión, esto no es más que un mito.
 


BLOQUEOS, MIEDOS, PROBLEMAS…
El hecho de que la entrevista a Yolanda Muñoz del Águila haya tenido un seguimiento tan excepcional es emblemático e ilustra bien lo que estamos comentando. Digámoslo claro… Vivimos en una sociedad en la que la mayoría de sus ciudadanos/as tiene carencias afectivas, emocionales, eróticas y/o sexuales de todo tipo. Disfrazamos esas carencias con todo tipo de ideologías, tecnologías, aparatos, terapias, legislaciones y todo lo que ustedes quieran admitir o negar. Pero lo verdaderamente cierto es que, incluso bajo las alfombras de los/as más promiscuos, encontramos escondidas todo tipo de fenomenologías que indican anomalías de diversa índole. La propia Yolanda lo confesaba en la entrevista (acerca del éxito del showroom de BioCultura dedicado a la cosmética erótica): “Ese éxito tiene que ver con varios factores… Uno es el ‘morbo’: no nos vamos a engañar. Todos los temas que tengan relación con el sexo siempre despiertan un cierto interés en el ser humano. Otro es que, por el mismo motivo que acudimos a un ‘Tupper Sex’ (descubrir opciones de juego, de disfrute, de placer… a través de aceites de masaje, velas, lubricantes…), buscamos la opción más natural. Podemos seguir disfrutando de esos juegos, pero de manera saludable. Y por motivos de salud sexual… Me explico. Tanto hombres como mujeres tenemos nuestros bloqueos, miedos, problemas relacionados con nuestra sexualidad. Y todos queremos disfrutar del sexo, pero, eso sí, de sexo de calidad, del bueno…”. “Queremos disfrutar”… no significa que disfrutemos. Pues eso. No se puede decir más claro. No somos lo que creemos ser ni lo que quisiéramos. Nos falta humildad. En el asunto de la sexualidad, digamos que nuestra orquesta suena desafinada y sin compás, sin soniquete. Salvo excepciones, claro. Y salvo en determinados momentos, por supuesto.
 


 


“Resulta que unos indígenas amazónicos no contactados habían descubierto a un operario de una maderera (o de una compañía eléctrica, no lo recuerdo) masturbándose deleitando su vista con las imágenes de una revista pornográfica. Le dieron una paliza. Les parecía una conducta propia de un loco patológico. Eso sólo podía ser fruto de gentes de sociedades muy enfermas”



LA INDUSTRIA DEL PORNO
En un texto que escribí sobre sexualidad en el mundo indígena, para documentarme me llamó mucho la atención un dato que descubrí con gran sorpresa. Resulta que unos indígenas amazónicos no contactados habían descubierto a un operario de una maderera (o de una compañía eléctrica, no lo recuerdo) masturbándose deleitando su vista con las imágenes de una revista pornográfica. Le dieron una paliza. Les parecía una conducta propia de un loco patológico. Eso sólo podía ser fruto de gentes de sociedades muy enfermas. Pues son millones y millones los pajilleros en la sociedad de masas. Eso por no hablar de lo enfermizo que puede llegar exponer tu alma a imágenes desestructuradoras, especialmente cuando son los más vulnerables, los niños/as, los que a acceden a esas escenas brutales que causarán un impacto extraordinariamente negativo en sus vulnerables psiques. Desde luego, una de las peores cosas que le ha podido pasar a Occidente para cercenar la capacidad de fantasía del erotismo de las personas y de su líbido ha sido la expanión de la industria del porno y su llegada a todos los hogares, vía Internet, de forma sencillísima y gratuita. A la larga, el porno es adicción, patología, violencia y la transformación del individuo… de protagonista  a espectador. Mientras, la prostitución no deja de crecer (más bien, la trata de personas) y los clientes son cada vez más jóvenes. Qué horror. ¿La tan cacareada liberación sexual ha servido para esto? Un puro artificio… La tan vociferada y presunta liberación sexual no fue otra cosa que autoproselitismo de las propias fallas.
 


KALI YUGA
Que vivimos en plena hora/era de Yuga ya es conocido por muchos. No hace falta ser hindú ni tener conocimiento de los Vedas. El nivel de aberración al que vive sometida la Humanidad nunca había sido tan notorio, multiplicado hoy por el acceso “democrático” a las tecnologías. La transformación de la actividad sexual en algo donde el amor más profundo y despierto brilla por su ausencia es uno de los signos más ilustrativos de nuestro nivel, ubicado bajo mínimos estentóreos. En la era de Yuga el hombre y la mujer viven sometidos a sus más bajos instintos sin poesía ni espiritualidad alguna. Es la era del todo es posible y, por otro lado, la época donde renacen mojigaterías espantosas. Es decir, dos caras de una misma moneda. Los textos de los que saben (aquí, autor anónimo) nos dicen: “Debido a la preocupación de nuestros cuerpos físicos y nuestro ser inferior, y debido a nuestro énfasis por la búsqueda del materialismo en general, esta época ha sido nombrada como la era de la obscuridad, una era en la que hemos perdido todo contacto con nuestro ser interior, una era de profunda ignorancia. Tanto el Ramayana como el Mahabharata hablan sobre el Kali Yuga. En el Tulasi Ramayana, encontramos a Kakbhushundi prediciendo: ‘En la era de Kali Yuga, la cama caliente del pecado, hombres y mujeres actúan fuera del camino de la rectitud y actúan de forma contraria a los Vedas (que no significa ser castos, sino virtuosos, incluso en el sexo, algo prácticamente desconocido para el ciudadano/a moderno)... Cada virtud ha sido tragada por los pecados del Kali Yuga; todos los buenos libros han desaparecido; impostores han promulgado un gran número de credos, que han inventado con su propia astucia. La gente ha caído presa de la ilusión y de todos los actos impíos y ha sido tragada por la ambición”. Uffffffffffffffff

COSMÉTICA ECOLÓGICA ERÓTICA
Tenía razón Jung cuando decía: “El instinto erótico pertenece a la naturaleza original del hombre. Está relacionado con la más alta forma de espíritu”. El erotismo es, al ser humano, lo que la biodiversidad a un bosque: su esencia. El problema radica en que el ser humano moderno ha ensuciado su capacidad de imaginación y de lirismo para transformarse en un ser grosero y zafio que es capaz, bajo todo tipo de argumentos, de cualquier cosa… menos del amor y de la sexualidad más profunda. Bienvenida sea la cosmética erótica ecológica. Bienvenidos sean todos aquellos productos que nos ayuden a transformar una necesidad biológica en un puente entre el Cielo y la Tierra. Pero, si no somos capaces de ver más allá, de profundizar en los dones de que disponemos para convertirlos en alas de un vuelo de gran calado, da igual que utilicemos una cosa o la otra. Nos quedaremos siempre a mitad del camino. O, peor aún, descenderemos a infiernos de grosería infinita, pues tanto en la alimentación como en el sexo podemos ser capaces de lo más refinado o de lo más degradado. Por ello, el porno y todos los condimentos desnaturalizados y sin esencias son, al sexo, lo que la comida basura a la alimentación. Todo eso es muy cancerígeno, vaya que sí…

Pedro Burruezo es redactor jefe de El Ecomensajero digital, músico y compositor, trovador apasionado, hortelano orgánico y aprendiz de sufí

Publicado en El Ecomensajero Digital






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