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LOS SONIDOS DEL HUERTO
UNA SINFONÍA EXTRAORDINARIA
Un texto de Pedro Burruezo
Pedro Burruezo, director de El Ecomensajero Digital y músico de perfil renacentista, vuelve por sus fueros y nos regala un poético texto sobre urdimbres tejidas en los huertos que jamás te explicarán en los manuales del hortelano orgánico.
Cuando plantamos árboles, plantamos las semillas de la paz y de la esperanza…
Wangari Maathai
Por la tarde, en verano o en invierno, el trabajo en el huerto me gusta especialmente. Cuando aparece el crepúsculo, el cielo se tiñe de tonos malva y la orquesta de la Naturaleza rinde a pleno pulmón. Algunas palomas ululan intensamente. El sonido del agua de riego es dulce y relajante. La brisa sacude algunas ramas produciendo un murmullo inimitablemente verde. El canto del gallo y los picoteos de las gallinas me recuerdan que hay un mundo ajeno a la era digital. Tengo el móvil en modo avión. Si ha pasado algo trascendente, ya me enteraré cuando vaya para casa… No hay ningún problema porque me entere un rato más tarde. Me exaspera la persistente insistencia en que todo tenga que ser inmediato. En el huerto, además, se aprende a saborear las interminables virtudes que tiene el valorar la paciencia como un bien casi sagrado.
¿POR QUÉ HAY TANTOS SORDOS?
¿Por qué hay tantos sordos? Tengo una teoría. Por un lado, obviamente, demasiadas personas han pasado demasiado tiempo escuchando música (o algo parecido) a un volumen brutal. Muchas horas con los auriculares muy cerca de los tímpanos. Pero hay más. Los oídos, en el entorno urbano, se vuelven perezosos. Han olvidado el agudizarse. En las ciudades, la acústica es hostil. Y el tímpano se protege. No quiere oír. Además, la sociedad es también agresiva. En no pocas familias, empresas, colegios, reina el desorden y el barullo. Y la antipatía. Es preferible no escuchar. El oído se ralentiza, se hace vago, se esclerotiza. El vivir en un contacto perenne con lo natural y sus alertas, sus silencios y sus orquestas… nos ayudaría a que la necesidad del uso de sonotones y otros artilugios similares fuera mucho menor. La acústica de los ecosistemas es, salvo rarísimas excepciones, un entrenamiento perfecto para el oído humano. Fuera del medio natural, todo se complica. El oído se hace sordo a lo grosero y todo apunta a que, en el caso de las generaciones más jóvenes, los problemas de sordera a no mucho tardar serán descomunales. Los datos son muy claros: los problemas de oído afectan ya a más de 4 millones de personas en España. La hipoacusia por envejecimiento (presbiacusia) y la exposición temprana a altos volúmenes son las causas principales. El miedo al estigma retrasa el diagnóstico y apenas el 30% de los afectados usa audífonos. ¿Y el uso demasiado temprano de audífonos (cuando no son tan necesarios) no puede causar un problema yatrogénico? ¿No será peor el remedio que la enfermedad? ¿Para cuándo un llamado a la agudización de la escucha como gimnasia auditiva recomendable?
EL LENGUAJE DE LOS PÁJAROS
"El lenguaje de los pájaros" de Farid ud-Din Attar es una obra poética y simbólica que explora la conexión entre el ser humano y la naturaleza a través del canto de las aves. El libro, inspirado en la tradición sufí persa, utiliza el lenguaje de los pájaros como metáfora de la comunicación espiritual y la búsqueda de la verdad. Cada pájaro representa un mensaje oculto, una enseñanza o un estado emocional. Se invita al lector a reflexionar sobre su propio viaje interior. Este famoso masnavi nos habla de la asamblea de todos los pájaros del mundo, una asamblea en la que deciden nombrar a su rey. La abubilla, pájaro que conoce los secretos de la creación, es elegida como guía y les habla de su legítimo soberano, el "Simorg", que está sumergido en la perfección de su majestad y que vive en un lugar casi inaccesible, por lo que es necesario emprender un largo viaje para ir en su búsqueda. Los huertos, los bosques, los acantilados, los desiertos, los riscos, los jardines… son lugares muy apropiados para entablar conversaciones con las aves. Ellas han desvelado secretos que permanecen ocultos aún para nosotros. Ellas beben de la verdad de las alturas. San Francisco de Asís también destacó por su profunda conexión con la Naturaleza. Según la tradición, le predicaba a los pájaros, que le escuchaban en silencio. Hoy, la figura de Attar y de San Francisco inspiran a millones de personas. Para el encuentro con el mundo angélico, con el malakut, hace falta, eso sí, mucho silencio y soledad. En “El Fin de los Tiempos”, el murmullo de lo genuino es cada vez más inaudible para las gentes de a pie. El huerto y el jardín son los lugares apropiados para la cita, espacios en los que los misterios se muestran menos complejos. El huerto es, especialmente, lugar apropiado para cultivar, no sólo hortalizas, sino, especialmente, la humildad. Allí, quizás más de uno pudiera llegar a descubrir, algún día, que no todo está en sus manos, que, por mucho que nos empeñemos, otros factores rigen o pueden regir nuestras vidas… Los pájaros lo saben. Pero los humanos se han endiosado tanto que han perdido la conexión con lo esencial y desconocen lo primigenio.
SABIDURÍA POPULAR
Hay cientos, miles, de refranes populares que nos hablan del huerto como enclave físico-espiritual donde las verdades eternas se manifiestan incluso al escéptico. Llegan de diversas maneras, para quienes tienen los sentidos abiertos a lo eterno. Efectivamente, los sentidos son trascendentales. La vista nos sirve para profundizar en la experiencia de la vida hortícola. El paladar es utilizado para comprobar que la siembra se ha llevado a cabo de forma eficiente y los sabores de los alimentos son los apropiados. Sin un tacto afinado y eficaz la práctica del aprendiz de hortelano (siempre seremos aprendices, y a mucha honra) sería muy complicada. El olfato nos regala incontables tesoros que nos conducen al huerto del abuelo, donde aprendimos más que en tantas escuelas y universidades. Y el oído… ¿qué haríamos sin el oído? El que escucha atentamente el inagotable concierto del mundo natural aprende, con el tiempo, a desvelar los auténticos secretos del universo… mejor que en cualquier laboratorio. Los sonidos del huerto están llenos de mensajes de diversa índole… para quien quiere saber…
Pedro Burruezo es músico, periodista, aprendiz de sufí y hortelano orgánico





