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OPINIÓN
POLÍTICA
¿Qué le pasaría al sector "bio" si en España gobernara la ultraderecha?
Pedro Burruezo vuelve por sus fueros tras el periodo navideño y, habida cuenta de lo que está pasando en tantos lugares del mundo, reflexiona sobre qué podría acontecerle al sector ecológico con un hipotético triunfo en las urnas de la extrema derecha…
Cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remoja
Refrán popular
No tengo bola de cristal ni nada que pueda asemejársele. De hecho, considero a los que adivinan el futuro unos tipos (hombres y mujeres) fraudulentos. Los que aciertan en sus vaticinios me parecen los más peligrosos de todos. Quizás barajan magias negras o incluso algo peor. En fin… gente sospechosa. Pero no hemos venido a hablar de bolas de cristal ni de esoterismos de chichinabo. Porque el ascenso de la ultraderecha populista es algo que está ocurriendo en medio planeta. Es algo muy real. Por ello no sería muy, muy extraño… que en España tuviéramos, a no mucho tardar, un gobierno de tintes ultranacionalistas. Si así fuera, ¿qué le ocurriría al sector ecológico?
IMPREDECIBLES
La gente de la extrema derecha se decanta claramente en algunos asuntos. Por ejemplo, son islamófobos. En general, les caen muy mal todos los migrantes pero, especialmente, aquellos que proceden del continente africano y/o de Oriente y que profesan una espiritualidad que le da claramente la espalda al materialismo, a la usura y al individualismo. Apuestan claramente por un neoliberalismo a ultranza: hay que privatizarlo todo y que el estado deje de intervenir (excepto para aquello que a ellos les convenga, claro). Odian a las gentes del mundo LGTBI aunque luego se les vea con compañías sospechosas y sus hijos lo hayan probado todo a edades muy tempranas. Tantos sus hombres como sus mujeres defienden posturas machistas y a nadie se le escapa que, en la intimidad, a más de uno se le ha ido la mano en alguna ocasión (en eso, al fin y al cabo, tampoco se distinguen tanto de los de la izquierda, pues “dime de qué presumes y te diré de qué careces”). Son muy ultranacionalistas todos; aunque sus dirigentes tengan todos sangres híbridas y ostenten apellidos que son cualquier cosa menos… patrios. En otros asuntos, vaya que sí, como en el asunto de las vacunas… pueden llegar a presumir hasta de coquetear con los antisistema. Realmente, en algunos asuntos, los narcisistas de la ultraderecha pueden llegar a ser impredecibles.
¿SON ECOLÓGICOS?
A la extrema derecha les vota una buena parte de la ciudadanía que antes apostaba por opciones de izquierda. Desencantados de la socialdemocracia, que echa debajo de la alfombra toda su basura (aunque acaba saliendo a la luz tarde o temprano), ya no se acuerdan de cuando nosotros también éramos migrantes y nos íbamos a México o a Alemania, bien por razones políticas, bien por razones económicas. A muchos y muchas de los que les cuesta llegar a fin de mes les gusta escuchar los cantos de sirena que prometen los líderes ultranacionalistas y populistas, que afirman que acabarán con su “competencia”(otros pobres venidos de otras partes, que, parece ser, ocupan los lugares de trabajo que a ellos les corresponden y se llevan todas las ayudas sociales que a ellos les pertocan). Los y las que les votan, en su inmensa mayoría, son personas de pocos recursos económicos, de modestos logros académicos y de nula visión de futuro y de muy poca memoria (sí, sí, con Franco se vivía mejor, sobre todo en los tiempos de las cartillas de racionamiento). Pero no nos engañemos. A la ultraderecha no sólo les votan los pobres. También algunos ultraricos, de la misma clase social a la que pertenecen sus dirigentes. Ellos y ellas siempre tienen en sus bocas la palabra “España”, pero sus cuentas bancarias están en paraísos fiscales allende nuestras fronteras, se codean con la alta alcurnia europea y pasan sus vacaciones en países lejanos en resorts donde todo es absolutamente insostenible y son asistidos por gente que desprecian por su color por su cultura y por sus formas de espiritualidad. La ultraderecha es ultracolonialista, aunque, verazmente, en eso tampoco se distingue tanto de la izquierda. Pero unos y otros se gastan formas distintas, eso sí. La ultraderecha apoya sin ambigüedades al putrefacto, psicópata, genocida e inhumano gobierno sionista israelí.
¿QUÉ COMEN EN SUS CASAS?
Los dirigentes de la ultraderecha (y una parte de sus votantes) comen de una forma muy diferente que la mayor parte de su legión de votantes de los extraradios. Los primeros pueden ser estúpidos, engreídos y tiranos, pero saben comer. Optan siempre por productos de alta calidad, frescos en su mayoría, y, en un buen porcentaje, ecológicos. Sin embargo, la mayoría de sus seguidores no tienen más remedio que optar por, tal como están los precios de las casas, la inflación y los trabajos, “comestibles” de muy baja calidad, ultraprocesados, saturados de químicos perniciosos, azúcares y grasas nocivas. Los bolsillos no les dan para más. La élite que concurre a las elecciones por la ultraderecha y la minoría adinerada que les sigue saben muy bien que los alimentos ecológicos son los más sanos, sabrosos y seguros. En sus cocinas brilla por su ausencia la basura con la que se alimentan los pobres a los que se les ha inoculado el virus de Torre Pacheco. Incluso, muchos de estos líderes y sus allegados ostentan títulos nobiliarios y latifundios en los que se producen alimentos ecológicos para la despensa europea. Acuérdense de Berlusconi: en su cocina no entraba ningún alimento que no fuera biodinámico. En su canal de TV, eso sí, se anunciaban todo tipo de alimentos basura para las masas. En algunos países europeos, el asunto de lo ecológico es un asunto de estado y suscita consensos entre partidos de muy diferente índole. En España no tenemos esa suerte. Más bien, aquí a casi nadie le interesa apostar de forma valiente, sincera y honesta por el sector ecológico.
NO TENGO NI IDEA
Así que no tengo ni idea de lo que podría pasarle al sector ecológico si ganara la ultraderecha. Podría ser que se legislara a dos bandas: beneficios para la agricultura y la ganadería industrial y, al mismo tiempo, para la agricultura ecológica; podría ser, también, que se le pusieran más impuestos y más problemas a los productores ecológicos, habida cuenta de que, por mucho que suban los precios, la élite ultranacionalista no tendrá nunca problemas financieros para proveerse de alimentos orgánicos certificados (también tienen sus propios campos y huertos, en los que trabajan migrantes por sueldos míseros, donde producir los alimentos del hogar); o podría ser, incluso, que, como son los que creen tener más razones para seguir consumiendo biológico, llevaran a cabo una revolución “bio” sin precedentes. Como ya hemos dicho, son muy impredecibles. Puede pasar cualquier cosa. Eso sí, con mi voto no van a contar. Yo soy de aquellos que, habiendo visto al vecino las barbas pelar, les ha faltado tiempo para poner las suyas a remojar… Fuera bromas: el asunto es muy serio. No hace falta más que ver a Estados Unidos: un país tan “civilizado”, cuna de la democracia, jajaja, siendo gobernado por un cretino chuloplayas putero (en eso, algunos socialistas no le van a la zaga), ególatra, hortera, presumido, ignorante, etc. Que Dios nos pille confesados… Pase lo que pase, la ciudadanía consciente, responsable y consecuente, seguirá tirando del carro de lo “bio” como ha hecho hasta ahora, porque si el universo ecológico se ha expandido en España no ha sido gracias a la clase política, sea cual sea su color, sino a su pesar. Menos mal que tenemos BioCultura para seguir poniendo un poco de juicio en un mundo cada vez más loco y agotador.
Pedro Burruezo





