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EL LIBRO
JERÓNIMO TORRES
“Aunque los problemas son globales, todavía tenemos capacidad para actuar y cambiar muchas cosas”
El profesor de la Universidad de Córdoba Jerónimo Torres Porras acaba de publicar “Un planeta en común. Necesitamos naturaleza, ciencia y sostenibilidad” en la editorial Tundra Ediciones, un ensayo de divulgación científica que analiza la actual crisis medioambiental y plantea la necesidad de recuperar nuestra relación con la naturaleza, comprender mejor el papel de la ciencia y avanzar hacia modelos de sostenibilidad. Entrevistamos al autor.
-¿Cómo resumirías tu libro a alguien que no lo ha leído?
-Se trata de un ensayo de divulgación centrado en la crítica a la realidad actual y basado en información científica e historias curiosas que respaldan esa reflexión. He dedicado varios años a leer muchos ensayos sobre naturaleza, sostenibilidad o ciencia, así como multitud de artículos científicos y de divulgación sobre estos temas, reflexionando y escribiendo al mismo tiempo que los leía. El fruto es este libro único, con una visión crítica y holística de la situación del mundo, que pretende sacudir al lector y hacerle cuestionarse su propia realidad, para interpretarla desde otro punto de vista. El título parte de la idea de la “tragedia de los comunes”, planteada por Garrett Hardin, en la que los individuos que pueden explotar un recurso en común tienden a comportarse de forma egoísta para su propio beneficio, lo que termina perjudicando a todos. Este título pretende reflexionar sobre las consecuencias de un modelo de vida que pone en riesgo los recursos y sistemas naturales de los que dependemos. El libro se articula en torno a ejes que considero inseparables: necesitamos naturaleza, necesitamos ciencia y necesitamos sostenibilidad. Hablo de la crisis medioambiental y de la pérdida de biodiversidad, pero también de nuestra creciente desconexión del mundo natural, del papel de la ciencia, de los obstáculos que nos impiden cambiar nuestros hábitos y de la importancia de la educación. En el fondo, es un libro sobre nosotros mismos, sobre cómo vivimos, qué valores orientan nuestras decisiones y qué futuro estamos construyendo. No podemos aspirar a vivir bien en un planeta que estamos deteriorando. Aunque los problemas son globales, todavía tenemos capacidad para actuar y cambiar muchas cosas.
NECESARIO
-¿Por qué crees que siguen siendo necesarias este tipo de publicaciones?
-Es una conversación recurrente entre mis compañeras y compañeros. En la facultad trabajamos estas temáticas, tenemos unas asignaturas obligatorias en algunos grados centradas en la didáctica del medio ambiente y, además, impartimos clase en un máster interuniversitario de educación ambiental para la sostenibilidad en el que participan 8 universidades andaluzas. Es decir, cada vez hay más esfuerzos por fomentar unas actitudes positivas hacia la sostenibilidad y la sociedad responde, ya que en nuestros estudios y en los de otros equipos internacionales se aprecia que las personas tienen unas actitudes positivas hacia la sostenibilidad. Sin embargo, los comportamientos son muy difíciles de modificar, aunque las actitudes y el conocimiento hayan mejorado mucho con los años, los comportamientos no lo han hecho y apoyan cada vez más la insostenibilidad y la crisis se agrava. Así, podemos ver cómo en 1992 se produjo la primera advertencia de colectivos científicos a la Humanidad, firmada por más de 1500 especialistas, en la que se exponían las graves amenazas que estaba sufriendo el medio ambiente. Pasados 25 años, más de 15.000 investigadores e investigadoras de todo el mundo firmábamos la segunda advertencia a la Humanidad, al constatar que los datos revelan que se ha incrementado el cambio climático, la deforestación mundial o la extinción masiva de especies, entre otros problemas. Es decir, este libro es necesario ya que la Humanidad todavía tiene que modificar sus comportamientos y pasar a la acción. Los problemas se están agravando, pero la concienciación se está incrementando, cada vez más personas se suman al camino de la sostenibilidad, estamos cerca del punto de inflexión en el que todo cambie. Debemos remar en el mismo sentido, aunar fuerzas, y este libro pretende aportar su granito de arena en esta dirección.

NEGACIONISTAS
-¿Por qué aumentan los negacionistas si cada vez hay más información sobre la urgencia climática?
-Se trata de un fenómeno complejo que tiene sus causas psicológicas y sociológicas, que se remonta al pasado y que está muy influido por la situación actual. Hay que tener en cuenta que una persona puede volverse conspiranoica simplemente porque esté sufriendo por motivos personales o por una causa externa que le haga perder la confianza en las instituciones. Entonces, solo viendo por casualidad algún vídeo que le haga cuestionarse sus ideas y “descubrir que hay una verdad oculta” le puede hacer disminuir la ansiedad, recuperar la autonomía y subir la autoestima al considerar que uno posee la verdad y los demás no se han dado cuenta. Aquí entra en juego una de las razones que favorecen el incremento actual de los negacionistas, la expansión de las redes sociales. El algoritmo les mostrará más videos que refuercen esa creencia, las llamadas cámaras de eco y, al mismo tiempo, facilita la conexión de personas con ideas afines, validando sus posturas y haciéndoles sentir parte de un colectivo “muy crítico con la realidad”. Y, por último, una causa vergonzosa, este fenómeno psicológico ha sido aprovechado por la industria desde hace décadas. Las empresas del tabaco fueron pioneras en estas prácticas engañosas y execrables. Estaban organizadas y financiaban una defensa común a base de atacar a la ciencia. Su línea de acción queda clara con una frase de un ejecutivo: “La duda es nuestro producto”. Naomi Oreskes, una investigadora de la universidad de Harvard, los denomina “mercaderes de la duda”, ya que ese ha sido su propósito desde siempre, sembrar la duda en la sociedad y en las instituciones, retrasar la toma de decisiones y seguir vendiendo su producto a todo coste. La industria de los combustibles fósiles ha hecho y sigue haciendo todo lo posible por su causa y pueden invertir gran cantidad de dinero. Lo peor de todo es que desde los años 80 ya sabían que causarían un cambio climático, pero, sabiéndolo, lo ocultaron e hicieron todo lo posible por atacar a la comunidad científica. Actuaron con premeditación y alevosía.
¿NO RETORNO?
-¿Hemos llegado ya a un punto de no retorno? ¿Es reversible toda la destrucción que hemos creado en el planeta?
-Todavía no hemos llegado a un punto de no retorno, por eso es tan necesario este tipo de libros. La crisis medioambiental global se está agravando, pero todavía es reversible; sin embargo, hay que ser conscientes de la que la situación es muy grave, estamos sobrepasando los límites planetarios. No podemos ser optimistas y creer que se va a solucionar todo. Esto no es así, sería infravalorar el riesgo. Hay que asumir que estamos en crisis. Pero sí se puede tener esperanza, ya que todos los informes científicos muestran distintos escenarios de futuro; unos son muy negativos si no se actúa en consecuencia, pero otros escenarios son positivos si la Humanidad de forma colectiva toma decisiones acertadas. En ese caso, se puede revertir en gran parte el daño causado.
ESPAÑA
-¿España es un país que sufre especialmente la crisis climática y la pérdida de biodiversidad?
-Claramente nuestro país está sufriendo de forma más visible y alarmante la crisis climática. Vivo en la ciudad de Córdoba, donde los veranos se han ido transformando desde que era niño. Cada vez son más largos, con más días de temperaturas superiores a los 40ºC, con más sequías y riesgo de incendios. España tiene mucho que perder si sigue avanzando la crisis climática. Pero las personas nos adaptamos, por lo que, cuando pasan unos años, nuestra mente comienza a considerar normal la situación. Corremos el riesgo de sufrir el síndrome de la rana hervida, que es una analogía que indica que, si introducimos una rana en un recipiente con agua hirviendo, saldrá de un salto. Pero si el agua está tibia y poco a poco se incrementa la temperatura, no será consciente, no percibirá la amenaza y finalmente morirá sin actuar. El cambio climático es un peligro real, pero estamos corriendo el riesgo de no actuar acorde a lo que está sucediendo, pudiendo tener que sufrir consecuencias desastrosas. Respecto a la pérdida de biodiversidad, tenemos motivos para celebrar, por ejemplo, la recuperación del lince ibérico, una especie que ha estado a punto de extinguirse. Es un claro ejemplo de que la destrucción que estamos causando se puede revertir. Recuerdo la primera vez que vi a esta elegante especie en los años 90 en Doñana. No se conocían bien sus poblaciones y, cuando se estudiaron, había menos de 100 ejemplares. Estaba en peligro crítico de extinción. Podíamos perder a este representante de la fauna mediterránea. Pero se actuó en consecuencia, se pasó a la acción y con distintos proyectos de recuperación ha dejado de estar en esa situación. Sin embargo, aunque hay especies que se han salvado de la extinción, acaba de hacerse público este mes el Informe Planeta Vivo 2026 del Fondo Mundial para la Naturaleza. Este documento revela que el tamaño medio de las poblaciones de especies de vertebrados en todo el mundo se redujo un 73%. Me preocupa especialmente que la sociedad no sea consciente de que, aunque en nuestro país las extinciones de especies han sido puntuales, sí está ocurriendo una disminución de las poblaciones, es decir, cada vez hay menos individuos de cada especie, cada vez hay menos biodiversidad.
EL SÍNDROME DE LA LÍNEA DE BASE
-¿Qué está pasando?
-Puede que estemos sufriendo el síndrome de la línea de base cambiante. Es un fenómeno psicológico y sociológico en el que cada generación acepta como normal o natural la biodiversidad observada con la que creció. Es decir, que las actuales generaciones van a considerar normal la biodiversidad que les rodea, pero esta biodiversidad está claramente empobrecida. Sus padres serán conscientes de que antes había más biodiversidad, pero, a su vez, los abuelos recordarán que en su juventud es cuando la biodiversidad era normal, aunque tampoco fuera así. De esta forma, cada generación considera un umbral de base de biodiversidad, que en realidad está menguando. Se produce una amnesia generacional y, conforme pasa el tiempo, parece que la sociedad se adapta a la situación y acepta la biodiversidad de su presente. Pero la naturaleza está siendo más sencilla, menos interesante, menos diversa, y no nos damos cuenta, lo que puede ser una barrera para actuar a favor de su conservación. Esta semana he preguntado en clase cuántas personas habían visto alguna vez en su vida una luciérnaga. Solo unas pocas personas la habían visto, lo que puede ser por distintas causas, pero podría afirmar que el alejamiento de la naturaleza disminuye las posibilidades de contacto con seres vivos y, al mismo tiempo, la pérdida de biodiversidad hace que sea más difícil encontrarse con ellos. Hace muchos años que no veo una luciérnaga, la biodiversidad está colapsando. Vivimos en el planeta Tierra, le podríamos llamar planeta Océano, porque la mayor parte de su superficie está cubierta por agua, pero la principal característica de este planeta es la vida, no conocemos ningún otro en el que esta haya evolucionado. Una parte de esa vida, la parte consciente, la racional, los humanos, está provocando tal declive de esta singularidad que debíamos estar alarmados: hay que modificar nuestra acción destructiva.
EL CIUDADANO MEDIO
-¿Es el ciudadano medio conocedor de los peligros a los que nos enfrentamos?
-Creo que la ciudadanía sí está informada de los graves peligros a los que nos enfrentamos, ya que están sucediendo delante nuestro, no es algo del futuro. Pero nuestra mente puede ser un obstáculo para actuar en consecuencia, por la distancia psicológica, por ejemplo, al pensar que es poco probable, que será algo del futuro, que las consecuencias serán en otros lugares. Puede haber un sesgo de optimismo, al subestimar las posibilidades de eventos negativos, al creer que todo seguirá así, que nosotros tenemos suerte. Además, nuestras acciones y sus consecuencias están muy separadas en tiempo y espacio, lo que influye en nuestra percepción, diluye la noción de la realidad y de la culpabilidad. Si te comes un filete procedente de un animal de una megagranja cercana no eres consciente de que se puede estar deforestando una selva lejana, no lo ves, no te influye directamente en ese momento; llenas el depósito del coche y en otro remoto lugar hay personas que sufren la contaminación de los pozos de extracción de petróleo y de los denominados mecheros, o quemadores de gas; compras una prenda de ropa barata y en otro territorio del planeta hay personas trabajando en malas condiciones. Pero no solo eso, sino que también considero que está actuando la falta de tiempo. Vivimos una época de multitarea, hacemos muchas cosas cada día, lo que no deja tiempo para la reflexión, lo que abordo en el capítulo: “Correr y correr, ¿hacia dónde vamos?”. No podemos permitirnos reflexionar sobre lo que está sucediendo, no tenemos el tiempo necesario, todo pasa rápido, las prisas son un obstáculo para avanzar hacia la sostenibilidad, pero al mismo tiempo son el motor del consumismo. Si para superar la crisis medioambiental se necesita una actitud crítica, modificar comportamientos y pasar a la acción, pero nadie tiene tiempo para estas cosas, ¿hacia dónde nos dirigimos?
SOLUCIONES
-¿Cuáles crees que son algunas soluciones que habría que implementar con toda urgencia para atajar los problemas que nos asolan?
-Existen multitud de soluciones técnicas que se pueden implementar en cada campo de acción. Pero, de forma general, en el libro argumento tres ejes necesarios, la necesidad de reconectar con la naturaleza, la necesidad de confiar y tomar decisiones basadas en la ciencia y, por supuesto, caminar hacia la sostenibilidad.
BIOEDUCACIÓN
-¿Qué es para ti Bioeducación?
-En uno de los capítulos finales rescato este término, la bioeducación, como un instrumento necesario para el cambio, para la transición hacia una sociedad sostenible. En el que se incluyen los tres ejes sobre los que se articula el libro, la ciencia, la naturaleza y la sostenibilidad. La bioeducación como parte de la biología, que es una ciencia y como tal exige razonamiento, comprensión del porqué de las cosas, de los procesos que amenazan a la vida y las soluciones que hay que implementar; la bioeducación como estudio de la propia vida, de los seres vivos, de su conservación, incluidos nosotros. Para llegar de esta forma al tercer eje, la sostenibilidad, como parte fundamental de esa bioeducación si queremos conservar todo, una sociedad más justa y equitativa, en armonía con el resto de la Biosfera. Por consiguiente, la bioeducación puede constituirse como el camino necesario para alcanzar la biocultura, un estilo de vida sano y sostenible.
Pedro Burruezo
SOBRE JERÓNIMO TORRES
TOMA NOTA
Jerónimo Torres Porras es profesor en la Universidad de Córdoba. Doctorado en Biología con más de 20 años de experiencia investigadora en distintos campos como la conservación de la biodiversidad y la percepción de la ciudadanía sobre la naturaleza. Es Coordinador en su universidad del Máster de Educación Ambiental para la Sostenibilidad y del grupo de investigación INDICES.





