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23 de febrero de 2026
LIBROS
"RECUPERAR EL PODER PERDIDO"
Un excelente artículo de Oriol Pérez Treviño
Nosolocine.net, con José López al frente, ha publicado recientemente este excelente artículo de Oriol Pérez Treviño, musicólogo y pensador. Con el permiso de ambos, lo repicamos en El Ecomensajero Digital por el evidente interés que tiene para nuestros lectores, que , en general, son capaces de percibir el mundo de la salud desde una perspectiva holística, que no excluye el universo espiritual.
Pocos libros como “El simbolismo del cuerpo humano” (Ediciones Obelisco, 2024) de Annick de Souzenelle (1922-2024) han supuesto para este cronista un revulsivo tan grande. Si en el último artículo de “Entre clásicos” hice referencia a cómo durante las Navidades había releído “La enfermedad como camino” (Plaza Janés, 1996) de Thorwald Dethlefsen (1946-2010) y Rüdiger Dahlke (1951), también debo decir que, pocos días después, me sumergí en el importantísimo libro citado de Souzenelle, una mujer a la que el adjetivo de sabia, posiblemente, le resulta insuficiente. Y es que hablar de Annick de Souzenelle es hablar de una de las voces más singulares del pensamiento espiritual europeo contemporáneo, una figura que, desde la discreción, supo construir una obra de una densidad simbólica extraordinaria. Nacida en Rennes (Bretaña, Francia) un 4 de noviembre de 1922, su trayectoria vital atravesó campos aparentemente alejados —matemáticas, enfermería, psicoanálisis— hasta cristalizar en una investigación teológica que bebe tanto de la tradición judeocristiana como de las fuentes de la mística universal.
HERMENÉUTICA DEL SÍMBOLO
Su corpus de pensamiento se despliega como una verdadera hermenéutica del símbolo. Para Souzenelle, el texto bíblico no es un relato histórico en el sentido convencional, sino un cuerpo vivo, un organismo de significación que se abre plenamente a quien sabe leer sus claves profundas. Algo parecido ocurre también con el cuerpo humano. Para Souzenelle, el cuerpo es un lenguaje que habla sin palabras, un libro de carne escrito con tinta invisible, donde cada músculo, cada órgano, cada hueso es una letra, un signo que espera ser leído con atención, con paciencia, con la reverencia que se reserva a los misterios antiguos que nos preceden. Expresa la alegría y el dolor, la pasión y la fragilidad, la fuerza y la debilidad, pero no solo comunica; contiene en sí mismo todo un cosmos interior, un mapa secreto de nuestro ser, un territorio donde la materia y el espíritu se confunden, donde el alma deja huella en la forma, en la textura, en el movimiento silencioso de la vida. Leer el cuerpo, así, es aprender a detenerse ante su trazado invisible, a penetrar en sus laberintos anatómicos como si fueran senderos sagrados, a descifrar los códigos que nos revelan no solo el funcionamiento biológico sino también los ecos de los mitos que la humanidad ha ido guardando a lo largo de siglos y siglos, como una memoria oculta que se inscribe en la carne y en los huesos, en la respiración y en el latido del corazón, en la fragilidad de la piel y en la solidez de la columna que sostiene el espíritu.
GEMMA GARRIGOSA
Por aquellas casualidades de la vida, casualidades que me parece que no existen siendo en realidad causalidades, el pasado 23 de enero quise asistir a la presentación de un libro que, sin esperarlo, ha acabado erigiéndose como un extraordinario complemento a la lectura de Souzenelle. Me refiero al libro “Recuperar el poder perdido” (Tarannà Edicions, 20024) de Gemma Garrigosa (Barcelona, 1978). Debo decir que acudí al acto, en primer lugar, porque quise acompañar a mi compañera que, precisamente, hacía la presentación en la Biblioteca Ramon Bosch de Noya de Sant Sadurní d’Anoia. Montse Julià abrió el acto e iluminó a los asistentes sobre la importancia de que las mujeres, como había hecho Gemma con su libro, siguieran, de algún modo, el testimonio de una Virginia Woolf que, no en vano, en su ensayo “Sobre la enfermedad” dejó escrito: «La enfermedad nos revela una realidad diferente, como si entráramos en un país desconocido».

UN TERRITORIO DESCONOCIDO
Este país desconocido es el que recorrió Garrigosa tras haber sido diagnosticada «de una artritis reumatoide grave, una enfermedad invalidante que, de haber seguido las pautas habituales, la habría llevado a caminar con bastón, e incluso a acabar en una silla de ruedas». Garrigosa, por cierto, una mujer a la que no he tenido el placer de conocer, pero de quien sí conozco a su tío, el buen amigo y musicólogo Joaquim Garrigosa, ante este diagnóstico no se acobardó y, así, las palabras «crónica» y «degenerativa» supusieron para ella no la activación de una lucha, sino la activación de un profundo proceso de transformación personal en el que la enfermedad no fue leída como un deterioro, sino más bien como un significado al que había que dar sentido. Y es que, tal y como ella misma ha escrito, «la enfermedad es la manera que tiene el cuerpo de darnos una información que debemos conocer».

UNA SOCIEDAD ENFERMA
Me parece que, poco a poco, colectivamente, vamos tomando mayor conciencia de que algo no acaba de funcionar del todo bien en nuestra sociedad. Afirma Garrigosa que «nuestra sociedad está enferma y nos enferma». Y no se equivoca. Convertidos en poco más que un rebaño de ovejas que permanece convencido de que no es más que un cuerpo que piensa, siente y se emociona, hemos olvidado por completo la existencia de una dimensión más profunda que localizamos en una tradición, a veces oculta y olvidada: la tradición del alma.
Es muy probable que en un elevadísimo porcentaje el origen de muchas de nuestras enfermedades deba buscarse en la profundidad de nuestra psique, de la que demasiado a menudo hemos olvidado su etimología, procedente del griego, que significa alma. Habiendo convertido a los psicólogos en poco más que terapeutas racionalistas que basan sus premisas en el conductismo, colectivamente también hemos acabado descartando la importancia en nuestra vida de las creencias, objetivos y afectos personales, es decir, del alma, y no es de extrañar que acabe haciendo acto de presencia la enfermedad. La enfermedad, así, se convierte en una señal, un poderoso aviso que nos informa que hay que hacer algo. Ese algo es el que decidió emprender Gemma Garrigosa y donde su libro es testimonio de ello. Un testimonio que, además, está maravillosamente bien escrito, siendo la autora una reconocida correctora y traductora, además de licenciada en Filología Clásica por la UB.
TRANSFORMACIÓN PERSONAL
"Recuperar el poder perdido" va mucho más allá del simple libro de crecimiento personal al apostar por una mirada clara hacia la introspección y el autoconocimiento. O, si se quiere, hacia la transformación personal. Gemma Garrigosa propone un recorrido testimonial en el que, de algún modo, ha sintetizado y resumido todo lo aprendido en el proceso de introspección iniciado para «averiguar las causas que la habían llevado a aquella situación». También son importantes los apartados dedicados a «la alimentación, pensamientos y actitudes, fruto de una gran investigación llevada a cabo durante más de cuatro años».
A medio camino entre el libro de testimonio de una experiencia personal y el ensayo, leer el libro de Gemma Garrigosa no solo provoca un disfrute lector, sino que nos insta a cada uno de nosotros a realizar un viaje interior, estemos o no enfermos, y que consiste en recordarnos aquello expresado por Teilhard de Chardin y citado en el libro: «Somos seres espirituales que vivimos una vida terrenal». Es evidente que Gemma Garrigosa es un ser espiritual que, en su vida terrenal, nos habla, enseña y abre nuevos caminos de manera tan amena como diáfana. Recuperar el poder perdido.
Oriol Pérez Treviño, musicólogo, ensayista
Publicado en www.nosolocine.net




