
NTG/ASOBIO/Preocupación en el sector «bio»
13 de julio de 2026
LOS NUEVOS LUJOS
SIBARITISMOS SIMPLES EN LA ERA DEL COLAPSO GLOBAL
Los alimentos ecológicos, un consumo consciente que desafía al materialismo castrante
El materialismo y el apego a los bienes mundanos es una de las grandes lacras de este tiempo. Al mismo tiempo que miles de millones de personas aspiran a poseer más y se aferran a las migajas que el Sistema les permite, una generación transversal en edades y en procedencias suspira por escapar al desatino del nuevo orden mundial. El alimento ecológico, desde un prisma más espiritual y emocional que fisiológico, se ha convertido para unos pocos en una manera de escapar al oscurantismo del Fin de los Tiempos. Nos lo cuenta Pedro Burruezo…
Bienaventurados los corazones flexibles, porque no se romperán
San Francisco de Sales
Si los comparamos con la sociedad mayoritaria, la ciudadanía consciente es aún una minoría selecta. Además, es poco llamativa. No celebra días de orgullo, asiste a pocos eventos multitudinarios (BioCultura sería una excepción) y, además de no cotizar en bolsa, no tiene líderes charlatanes que aparezcan en tertulias mediáticas diciendo sandeces. Ni derechas ni izquierdas, porque los mentirosos y el fraude están en ambos lados. Existen otras vías, totalmente desconocidas para la mayoría. Es un grupo social, llamémosle así, más bien tímido, un poco invisible y formado por personas de diferentes edades, creencias, razas, etc. No son personas nihilistas, pero sí escépticas ante los embustes de los falsos profetas procedentes del mundo tecnológico, científico y gubernamental. No son anarquistas en un sentido literal, pero desconfían de las grandes instituciones internacionales y del Estado. Saben que su salud es un tesoro y que las farmacéuticas y las instituciones sanitarias viven plegadas a intereses tenebrosos. Y son conscientes de que su bienestar depende del bienestar de la Tierra y del bienestar del cosmos entero. Algunos artistas, filósofos, pensadores, literatos y periodistas saben que, para no ser perseguidos por las nuevas cazas de brujas, conviene pasar desapercibidos. Lanzan sus misivas, no al estilo de Mishima, sino de forma harto sutil. En un mundo presidido por psicópatas, pedófilos, asesinos y correveydiles, la discreción (que no la sumisión ni el conformismo) es una opción que sigue creciendo. Y el alimento ecológico, local, seguro, se ha convertido en un símbolo de resistencia.
EL CAMUFLAJE
Los y las ciudadanos sensibles desconfían de la políticas y de la democracia, pero no son partidarios de dictaduras de ningún tipo. No gustan de vestir uniformes. Van camuflados. No se han apuntado a la idiocracia, o gobierno de los necios. Abominan de la sociedad dirigida por la simplificación extrema y los discursos emocionalmente básicos y maniqueístas, vengan del lado que vengan. Ni compran todo el discurso de las élites ni el de los terraplanistas. Viven entre los mundos. Saben que todo esto es un teatro, un enorme teatro en el que la mayoría de la población ha dejado de ser protagonista de su propia existencia. En cuanto a los discursos apocalípticos de algunos influencers, reconocen que esconden muchas verdades, aunque expresadas en un tono demasiado hórrido. Si pudieran, muchos de ellos se echarían al monte y vivirían total o casi totalmente desconectados. Aspiran a ir soltando lastre, pero no es tan fácil. Han comprendido que la comodidad es una trampa, pero que la mayor revolución no está en aislarse y vivir en el silencio y la soledad, sino en salvaguardar su alma y su mente de las impurezas del mundo materialista. Buscan la redención, y ya han advertido que la alimentación es una parte del camino. Sólo una parte, pero una parte importante al fin y al cabo.
LOS CRUZADOS
Son los cruzados silenciosos de una guerra fratricida que la Humanidad está librando contra sí misma, dirigida por una cúpula de ratas inmundas dispuestas a todo con tal de satisfacer los intereses propios más primarios y, lo que es peor, los intereses más diabólicos de unas ratas inmundas mayores que viven instaladas en la tiniebla, en la sombra y en la devastación. Esos nuevos caballeros andantes, hombres y mujeres, se cruzan con los demás seres humanos por la calle, en los parques o incluso en los establecimientos ecológicos, pero sus aspiraciones van mucho más allá de poder contar con un organismo sano y libre de pesticidas y disruptores endocrinos. En una ocasión, el último profeta de la Humanidad, Muhámmad (saws), fue preguntado por sus compañeros al respecto de la “yihad” (que significa “esfuerzo”). Y el profeta respondió que el verdadero esfuerzo, la verdadera guerra, se libra contra uno mismo. Hoy, esos nobles guerreros del nuevo mundo que está por venir saben y conocen los antiguos y legítimos lujos: los alimentos cultivados y cocinados con amor, el tiempo, la salud, la familia y la tribu, el silencio (digital y de todo tipo), el orden mental, la paz emocional, el relajo. Podrá haber guerras, terremotos, genocidios, urgencias climáticas… en el exterior, pero cada vez más son los corazones que, expuestos al desorden como los demás, no necesitan retiros “new age” comandados por maestrillos de dudosa eficacia. Están en el proceso de hacer la paz con el mundo y consigo mismos. Y eso implica renuncias. Y renunciar a la razón es una de las principales vías. Al reducto de lo inmutable sólo se puede llegar a través del corazón. El alimento ecológico no puede ser un nuevo ídolo, sino una parte de una camino que no se estanca en un conocimiento material, científico, fragmentado.
HÁZTELO TÚ MISMO
Los combatientes a los que me refiero son perseverantes y no se dejan llevar ni por la marabunta mediática oficial ni hacen caso a las fakes de aquellos presuntos antisistema que viven alojados en la quintaesencia más podrida de la gobernanza global y de su ideocracia e ideosincrasia. En el amor han encontrado la esencia de la vida porque ya dijo Ibn Arabi que “del amor procedemos y a él estamos consagrados”. Y el amor por excelencia está más allá del mundo, pero también en la simiente de la realidad más sensorial. Es invisible y visible al mismo tiempo. Es inmaterial y corpóreo al unísono. Es el aquí y el ahora y es eterno a la vez. Preside el tiempo. Es el tiempo. Nada lo puede encorsetar. Sólo el corazón humano puede apreciarlo en su máxima y plena dimensión. El alimento ecológico, en la medida en que forma parte de ese contexto, como ya han entendido muchos/as, es un símbolo más de dulzura y de certeza. Háztelo tú mismo. Vive dentro del Sistema (porque fuera es imposible), pero lo más al margen que puedas y que sepas. Toma las riendas de la vida, de la propia y de la de los tuyos. Mantén unida la familia, forma tribu, resiste a la descomposición. El consumo inconsciente es inaceptable y demoledor. No contribuyas a la matorralización social: esos matorrales, como los de los bosques, arderán tarde o temprano. Regresa a los hábitos de nuestros antepasados, más no como un ancestral más, sino como una semilla luminosa de algo que está por encima tuyo. Duerme lo pertinente, come lo sano, camina descalzo, habita las cuevas del Fin de los Tiempos, mira al Cielo no para pedir más sino para necesitar menos… Y sé humilde. Como ese alimento ecológico que te lo da todo, sin pedir nada a cambio.
Pedro Burruezo





