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SEEDO
Obesidad infantil. No es un problema menor
La infancia es un punto crítico en la lucha contra la obesidad, ya que “es cuando se crean los hábitos y donde más capacidad tenemos para intervenir de manera eficaz; si no actuamos ahí, llegamos tarde”, afirma la Dra. Amanda Fernández-Menéndez, que ha participado en la Reunión Nacional de la Sociedad Española de Obesidad y trata de despejar dudas sobre quién está atendiendo la obesidad infantil, qué recursos existen y cuáles faltan, cómo se está diagnosticando y tratando, y qué necesitan los equipos sanitarios para trabajar de forma integral y efectiva. En España, la obesidad infantil ha experimentado una leve mejoría, pero continúa en unas tasas realmente preocupantes.
En una sesión monográfica se han abordado todas estas cuestiones esenciales sobre el manejo clínico de la obesidad infantil y en la adolescencia, respondiendo a preguntas específicas y críticas: ¿qué herramientas tienen los pediatras y resto de personal sanitario para evaluar y tratar a estos niños ya adolescentes? ¿Se dispone de los recursos humanos y técnicos suficientes? ¿Existe una formación adecuada?¿Cuáles son los resultados de las intervenciones que se realizan? Para obtener respuestas consensuadas a estas cuestiones, el grupo de trabajo de Obesidad Infantil y en la Adolescencia de SEEDO ha realizado una encuesta a más de 600 sanitarios: pediatras, enfermería, dietistas-nutricionistas, expertos en actividad física y el deporte de toda España. Los resultados preliminares se han presentado en esta mesa redonda.
UN MENSAJE FUNDAMENTAL
Un mensaje fundamental que se ofrece es que la obesidad infantil “no es un problema individual, sino de sistema”, según remarca la Dra. Fernández-Menéndez, especialista en Endocrinología y Nutrición Pediátrica del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid), quien asegura que “para obtener buenos resultados, debemos apostar por entornos saludables, equipos profesionales completos y una estrategia nacional sólida”.
En este sentido, los profesionales sanitarios que se ocupan de la obesidad infantil en España juegan un papel clave, pero necesitan apoyo, sobre todo para resolver urgentemente cuatro déficits: disponer de tiempo asistencial suficiente, contar con equipos multidisciplinares reales, implementar protocolos unificados y poder acceder a formación específica en conducta y acompañamiento familiar. Y es que, según destaca la Dra. Fernández-Menéndez, “tenemos profesionales muy preparados y motivados, pero necesitan estructura”; por eso, considera que “hay un margen de mejor real en la atención de la obesidad infantil, tan sólo haciendo un esfuerzo claro por reforzar la Atención Primaria y por integrar escuela, familia y comunidad”.
SOLEDAD
Para esta experta en Endocrinología y Nutrición Pediátrica, “la mayor amenaza es seguir trabajando en soledad, sin tiempo ni recursos suficientes, así como la falta de implicación del entorno y la progresión creciente de la cronicidad, si no actuamos pronto”. A modo de ejemplo, esta experta cuenta cómo, a menudo, detrás de cada caso de obesidad infantil hay familias que lo están intentando con todas sus fuerzas, “y como profesionales, también sentimos la responsabilidad de acompañarlos sin dejarlos solos en este proceso”. Por eso, a su juicio, “con el suficiente apoyo y estructura, podemos marcar una diferencia real en la vida de estos niños que viven con obesidad”.
BUENAS PRÁCTICAS
Gran parte de las mejoras en el manejo de la obesidad en la infancia y adolescencia también se basa en el seguimiento de las principales directrices internacionales, que están consensuadas y avaladas por la evidencia. Recientemente se ha publicado la actualización de las dos guías importantes: las guías de la Academia Americana de Pediatría (2023) y las guías canadienses (2025). En esta mesa, de la mano de la Dra. Mónica Ruiz Pons, del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria (Santa Cruz de Tenerife) se efectúa una revisión de estas guías, resaltando los puntos clave, sus coincidencias y divergencias. En España, las últimas guías del Ministerio de Sanidad en este ámbito se publicaron en 2009. Ante este ‘gap’ en el conocimiento, y con el objetivo de objetivo de contribuir a las mejoras en este campo, el grupo de trabajo de Obesidad Infantil y en la Adolescencia de SEEDO ha elaborado un documento de buenas prácticas clínicas en el manejo y tratamiento de estos casos, basado en una revisión narrativa de la literatura de los últimos años. “Se trata de un documento práctico de apoyo a pediatras y enfermería pediátrica, especialmente en Atención Primaria, que facilite el diagnóstico, evaluación y tratamiento de la obesidad infantojuvenil”, detalla Eva Pereda Pereda, que forma parte de este grupo y trabaja en la Escuela Universitaria de Enfermería de Vitoria-Gasteiz. En su opinión, “muchas directrices básicas se están implementando en la práctica clínica de forma generalizada, pero no existe un consenso a nivel nacional y, por eso, es preciso contar con una guía que nos ayude a cuidar de estos menores y sus familias”.
EL RIESGO
Entre otras aportaciones, este documento contempla una estratificación del riesgo de obesidad según el Edmonton Obesity Staging System for Pediatrics (EOSS-P), que permite identificar el grado de afectación clínica más allá del IMC, integrando aspectos metabólicos, mecánicos, psicológicos y sociales; además, integra un plan de intervención multicomponente y multiprofesional, y ofrece un cronograma de intervención en Atención Primaria. Y es que, como insiste la Prof. Eva Pereda, “es fundamental el papel de la Atención Primaria en el abordaje de la obesidad, así como el trabajo conjunto entre los profesionales de la salud y el cuidado holístico de estos niños, niñas y adolescentes”. Un aspecto donde también se pone el foco en este documento, y que ocupa y preocupa a los profesionales que se encargan del abordaje de la obesidad infantil, es la transición a la edad adulta. “Al pasar de Pediatría a médico/enfermera de Atención Primaria, no hay una continuidad asistencial, y muchas de estas personas no están atendidas de manera adecuada en el sistema sanitario”, denuncia Eva Pereda.
UN DESAFÍO
La obesidad infantil es un problema complejo que surge de la interacción entre factores genéticos y ambientales. Nuestra carga genética nos predispone a ciertas características metabólicas que pueden hacernos más susceptibles al aumento de peso. Incluso cambios epigenéticos que se están heredando de generación a generación. Por otro lado, hay cinco factores modificables fundamentales: hábitos de alimentación, actividad física, pantallas-sedentarismo el sueño y el control del estrés-salud mental. La obesidad es la enfermedad crónica más prevalente en la infancia y la adolescencia en España, y en muchos países europeos. Según el Estudio ALADINO 2023, la prevalencia de obesidad en la población infantil española de 6 a 9 años se sitúa en el 15,9%. Este resultado representa una leve mejora respecto a la edición anterior de 2019, cuando la obesidad alcanzaba el 17,3%. Además, el informe revela que el 36,1% de los escolares analizados presentan exceso de peso (la suma de sobrepeso y obesidad), siendo el sobrepeso del 20,2%. Aunque estos datos reflejan una tendencia positiva y una reducción global del exceso de peso en la infancia española, el estudio también advierte que la mejoría no es homogénea en todos los grupos sociales: en las familias con menores ingresos, la prevalencia de obesidad infantil sigue siendo muy elevada, manteniéndose prácticamente igual que en 2011. Por tanto, como destaca el Dr. Julio Álvarez Pitti, del Hospital General Universitario de Valencia y coordinador del grupo de trabajo de Obesidad Infantil y en la Adolescencia de SEEDO, “aunque la obesidad infantil ha descendido ligeramente en los últimos años, continúa siendo un problema de salud pública relevante, que es especialmente preocupante en los entornos más vulnerables”.
Redacción
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Paco Romero. Telf. 639.64.55.70; pacoromeroperiodista@gmail.com



