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TORRE PACHECO
La agricultura industrial favorece los fascismos
¿Qué está pasando estos días en Torre Pacheco? ¿Por qué ocurre lo que ocurre y quién o qué está detrás? ¿Y a quién le interesa que acontezca todo esto? Pablo Bolaño, con su habitual osadía, le llama a las cosas por su nombre…
No se puede comer el dinero…
Proverbio indígena
Javier Guzmán, director de Justicia Alimentaria, ha escrito que: “El 30% de la mano de obra de la agricultura española son personas extranjeras. Ese porcentaje se eleva hasta el infinito en las zonas premium de la agroexportación. En Huelva trabajan en el campo el 89% de las personas extranjeras contratadas; en Murcia, el 82%; en Almería, el 62%; en Lleida, el 51%. Según el Servicio Regional de Empleo (SEF) y el propio ayuntamiento, el 83% de los contratos laborales en Torre Pacheco se firman en el sector agrario. Se estima que hay 20.000 trabajadores y trabajadoras que se encontraban trabajando sin contrato y en condiciones de explotación laboral. La lista es infinita”. Según las fuentes ministeriales, el aumento de empleo de personas extranjeras ha crecido en los últimos 12 meses en torno al 6,6 %, un aumento que en la actividad agrícola aumenta hasta el 10,5 %. Andalucía es la región que cuenta con más extranjeros afiliados al SEA (93.211 personas), seguida de la Región de Murcia (52.206), Aragón (22.129), Catalunya (21.364), Comunitat Valenciana (20.973), Castilla-La Mancha (20.480) y Castilla y León (7.625).
SISTEMA AGRARIO INTENSIVO
El sistema agrario intensivo, que busca una alta productividad sin escrúpulos, ni sociales ni ambientales ni sanitarios, crea desigualdades sociales y económicas. Muy especialmente, podríamos decir, en relación a la inmigración. Miles de migrantes viven como pueden en guetos creados para albergar a los trabajadores de los nuevos sistemas esclavistas. Jornadas laborales larguísimas, condiciones de trabajo muy precarias, situaciones climatológicas extremas, sueldos abusivos… Muchos de los trabajadores son extranjeros que residen en España en situación “irregular”. Trabajan sin contrato, sin derechos… En esas condiciones, los hijos de los obreros y obreras de las “fábricas agrícolas” crecen en ambientes poco proclives a la normalidad social. Son caldo de cultivo de todo tipo de comportamientos disruptivos. Carne de cañón de la agroexportación y la agricultura intensiva. Por si fuera poco, las drogas se extienden como incendios en bosques secos. El que consume sustancias estupefacientes, en muchos casos, busca olvidar el desastre en el que vive, pero acaba agravándolo. Y las tecnologías y la falta de discernimiento empeoran las cosas. Instagram y TikTok son cantos de sirenas envilecidas. No se pueden justificar ciertos actos, pero algunos adolescentes de barrios minados por la precariedad y la desestructuración son más víctimas que verdugos.
REDES INCENDIARIAS
Las redes sociales son indendiarias. Los cachorros (y no tan jóvenes) de la extrema derecha viven por y para ellas. Y encuentran un terreno abonado en una ciudadanía ignorante e insatisfecha. Las redes permiten que se mienta y/o que no se diga toda la verdad para sublevar a los que tienen pocas miras. Se utilizan casos aislados, verdaderos o no, para crear confusión, estado de alarma y expandir el odio generalizado. Mallorca está tomada por foráneos, pero son blancos y con poder adquisitivo. Eso no da votos. Pero las zonas de la agroindustria exportadora aglutinan a migrantes de otras razas, otras culturas y otras costumbres. Pobres, exhaustos, con pocos recursos (en diversos sentidos). El paraíso para sembrar el caos… de los nuevos populistas que aspiran a regímenes totalitarios. Para colmo, la mayoría de los trabadores/as de esas zonas son de mayoría musulmana. Una vez más, el islam, el gran chivo expiatorio, el gran enemigo, “el otro”, el gran desconocido… La islamofobia (instigada por la CIA, los medios, Trump, la ignorancia, la mala sangre…) se ceba entre esos nuevos analfabetos que sí, saben leer, pero son totalmente incultos. Se busca mezclar churras con merinas. Y de aquellos barros… estos lodos. Más y más votos para los que dicen querer instaurar la cordura, aunque ellos están locos de atar. Los medios miran a otro lado y/o azuzan las llamas. Y la supuesta izquierda ha olvidado a los trabajadores y las trabajadoras, que caen en los brazos sucios de la extrema derecha porque nadie, o casi, les escucha.
AGRICULTURA ECOLÓGICA
Desde sus orígenes, la agricultura ecológica ha buscado no sustituir al sistema actual intensivo y químico por otro ecológico y certificado. Sino crear una alternativa que contribuya no sólo a la sostenibilidad ambiental, sino también al reparto justo de la riqueza, a la armonía social y a un futuro digno para las generaciones venideras. La agroecología es capaz de crear alimentos sanos, sabrosos y justos… sin comprometer el futuro en ningún aspecto. La mayoría de los ecoempresarios son personas que no buscan el lucro a costa de cualquier cosa. Y los consumidores “bio” saben premiar la coherencia y la honestidad. Recordemos que la rentabilidad no es incompatible con la paz social. En estos momentos en que tanto se habla de transición, no podemos olvidar que la agroecología, instaurada de forma mayoritaria, conllevaría un modelo agroalimentario en el que casos como el de Torre Pacheco serían improbables, remotos. Se ha hablado mucho de las virtudes sanitarias y ambientales de la agroecología, pero muy poco de sus ventajas sociales. Como decía Bigas Luna, “pensar sólo en el beneficio económico es una cosa de horteras”. Necesitamos ecoempresarios capaces de generar impactos positivos, no sólo en el clima o en la biodiversidad, sino también en la sociedad. La agroecología no busca exclusivamente vadear el sistema industrial de maquinaria pesada, pesticidas, fertilizantes químicos y/o modificación genética… Es más que eso: es el primer paso hacia una eco-nomía justa, solidaria y ambiental y sanitariamente comprometida. Pero, si hemos de ser sinceros, tenemos que decir que ya empiezan a haber casos de industrias agrícolas “bio” en las que se reproducen los mismos problemas que se dan en las convencionales con respecto a sus trabajadores. Por ahora, afortunadamente, son minoritarias.
LA GRAN PARADOJA
Se da una terrible paradoja. Y es que el que siembra el caos… terminará padeciéndolo. Así es. Lo dicen los antiguos proverbios de una sabiduría que jamás deberíamos haber perdido. Recibirás lo que siembres, nunca mejor dicho. Los engañados, de barrios periféricos y de zonas “de rie(s)go”, que voten a VOX… serán los primeros que acabarán malviviendo como hoy lo hacen aquellos a los que odian. Y los hijos de esas masas que hoy proliferan en pos de la exclusión, la segregación social y la ojeriza contra el diferente… terminarán sucumbiendo a las drogas, el alcohol, las altas tasas de deprimidos, los “ninis”, etc. si es que no lo han hecho ya. Todo ello, en una distopía social capitaneada por espoleadores de confusiones porque ya se sabe que: “A río revuelto, ganancia de saqueadores”. Conclusión: si unos jóvenes (emigrantes o no, sea cual sea su origen) han apalizado a un señor… que la justicia se cierna sobre ellos. Que puedan disponer de un juicio justo y que, si han hecho algo incorrecto, lo paguen, como todo hijo de vecino. Que determinados grupos quieran tomarse la justicia por su cuenta es volver a las cavernas. Que paguen justos (y pobres) por pecadores… es de mal nacidos. Todos somos presuntamente inocentes hasta que se demuestre lo contrario. También, y especialmente, si eres de los desvalidos… Dejémoslo claro: los y las musulmanes que lo son de verdad no apalizan, no roban, no insultan, no ocupan, no viven del cuento… Todo eso les está prohibido. Los que crean conflictos son personas que, aunque tengan por nombre Mohammed o Fátima, no tienen nada que ver con islam, que es un camino de pulcritud espiritual sin tacha. La extrema derecha confunde a las gentes con perniciosos intereses…
Pablo Bolaño





