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27 de agosto de 2026
Curtis Yarvin, un personaje oscuro que capta a resentidos y frustrados en las redes sociales...
ILUSTRACIÓN OSCURA
¿COMEN "BIO" LOS CAPOS DEL MOVIMIENTO?
Ideas para acelerar el Fin de los Tiempos…
Pedro Burruezo ha venido con las pilas bien cargadas después de dedicarle todas sus vacaciones a su huerto y a su gallinero. Abre la temporada con un artículo dedicado a la Ilustración Oscura y sus ideas ignominiosas. El estadounidense Curtis Yarvin y los suyos no están locos: simplemente, son gente muy peligrosa cuyas ideas pueden acelerar la llegada del fin definitivo de Kali Yuga.
El que no sabe es un imbécil. El que sabe y calla es un criminal…
Bertolt Brecht
En términos cristianos, ¿está ya el Anticristo entre nosotros? En términos islámicos, ¿vive al Dayyal en el siglo XXI? Eso no podemos saberlo. Pero sí sabemos que Curtis Yarvin y su gente proclaman ideas que parecen querer acelerar la distopía globalizada para instaurar un régimen supremacista y nazi global en pleno siglo XXI. El asunto es terrorífico y no es nada nuevo. Pero sí lo son las nuevas formas de este repelente feudalismo tecnológico que abomina de los derechos conseguidos por la Ilustración: de ahí su nombre. Y, para colmo, sus ideólogos no tienen la menor vergüenza en difundir una tendencia que capta a todo tipo de frustrados y resentidos en las redes sociales. La extrema derecha de todo Occidente aspira a tener el carisma que estos chalados luzbélicos.
¿QUIÉNES SON?
Uno de los principales teóricos del movimiento es el ya citado ingeniero informático Curtis Yarvin. Viene desde hace tiempo dando la brasa a todos/as los que le quieren escuchar con su alucinógeno espíritu invasor y fetichista. Como por las redes pululan todo tipo de indeseables, sin testosterona ni hombría, la tiniebla invisible de los contubernios cibernéticos ha dado a luz a un cuerpo social que, al pito de la llamada Ilustración Oscura, o Movimiento Neoreaccionario, pretende un futuro para la Humanidad a base de relegar a todo el mundo a las cloacas de la era tecnológica (excepto a una elite demoníaca, por supuesto). Políticos bien conocidos del sector Trump, como J. D. Dance y Michael Anton, además del propio agente naranja, se han apuntado al carro con premura. A los multimillonarios de Silicon Valley, como Peter Thiel, las barbaridades que sugieren desde la Ilustración Oscura les encantan. El transhumanista Michael Anissimov o el anarquista ultracatólico Bryce Laliberté (curioso apellido para esas alforjas cargadas de basura) están también en la nómina de los insurrectos de Ilustración Oscura. Como Michael Perilloux, que propugna que Trump libere a América de la democracia y que asuma el control total sin ningún tipo de límites, como lo haría el CEO de una empresa. En algunos medios también se les designa como NRx. Steve Sailer y Han-Hermann Hoppe también estuvieron en los orígenes del asunto con sus blogs asiduamente visitados por todo tipo de renegados y conspiradores de pacotilla.
¿QUÉ PROPUGNAN?
Es difícil resumir el batiburrillo de ideas de la Ilustración Oscura. En términos espirituales, son tan “antitradición” como lo es el comunismo. Conceptos como caridad, misericordia, compasión, tolerancia, respeto… quedarían abolidos. Reniegan de la espiritualidad pero integran en sus discursos la épica, etc. Los neorreaccionarios sienten un profundo odio por las masas, por los derechos de las minorías, por el islam, por la equidad social, por la interculturalidad… Son analfabetamente supremacistas. Los gobiernos, según ellos, deberían ser suprimidos. Anhelan un régimen global, tecnofeudal, absolutista, que instaure un sistema de gobernanza al estilo de una empresa. El presidente tendría poder absoluto, sin cortapisas de ninguna índole, para poder hacer lo que quisiera. Dicen despreciar a las élites gubernamentales e institucionales por su ineficacia y sus caóticos quehaceres, pero, en la práctica, abogan por instaurar formatos de regímenes que desplazan por completo los derechos de la ciudadanía en beneficio de los transmillonarios. ¿Son neofascistas? Más que eso. La tecnología más avanzada sería su cómplice y, quizás, en el futuro, su herramienta para instaurar la distopía y un desorden que acabara beneficiando sólo a unos pocos. Entre sus capos, no faltan los transhumanistas. Cuyo anhelo sería perpetuar el gobierno mundial de la élite mejorando las capacidades físicas, psíquicas e intelectuales de una minoría en el poder que sería capaz (ingenuos…) de superar la decrepitud y la muerte con la ayuda de la ciencia y la tecnología. ¿¿¿??? Sí. Como lo yen. Estos posthumanos, híbridos nacidos de lo satánico y lo maquinal, ya no tendrían los límites que tenemos las personas de a pie. Podrían llegar a establecer una dictadura global. Ya no hablaríamos exactamente de un “supremacismo blanco”. Sino del triunfo de algoritmo sobre el pensamiento. No pocos filósofos se han mostrado dispuestos a admitir la posibilidad y sus ventajas, pero Francis Fukuyama ha dejado escrito que estas ideas “son las más peligrosas del mundo”.
IMAGINEMOS LA DISTOPÍA
¿Y si masas de esclavos acabaran trabajando en campos y bosques y mares para proporcionar los alimentos más sanos y ecológicos a estos mequetrefes que formarían una especie de tecnocracia terráquea que serían los que harían el trabajo sucio de la minoría transmillonaria y transhumana? No puedo imaginar un fin más triste para ese mundo “bio” que nació con la ilusión de transformar el globo en pos de una sociedad más justa, más limpia, más sana, más equitativa y más natural. Lo peor de todo, lo más increíble, es que ese tipo de ideas del neofascismo calan entre aquellos y aquellas que, en caso de producirse el advenimiento de esa era diabólica, serían los primeros en ser sacrificados. Pero, ¿no estamos ya en esa era? Lo que ahora es embrionario puede ser global en cuestión de días, cuando los nuevos y falsos mesías instauren su poder centralizado y que abarque a la Humanidad entera. Ahora mismo, los peores vaticinios ya están en boca de los que saben. Y no hablamos de tiempos futuros, sino muy actuales. Las simientes han sido plantadas hace tiempo y ya dan sus frutos. Llegará un mundo en el que las masas vivirán de acuerdo a un sistema que será capaz de saciar sus más bajos instintos, comiendo basura, viendo basura, respirando basura. Mientras, cualquier atisbo de espiritualidad profunda será totalmente desterrado. Las ideas más desesperadamente aberrantes serán normales y lo natural brillará por su ausencia.
TECNODEPENDENCIA
Curtis Yarvin, por decirlo de alguna manera suave, tiene erecciones al imaginar un mundo en el que los empresarios digitales son los dueños de todo. A los ciudadanos les son sustraídos sus derechos de todo tipo. A buena parte de las masas se las recluye en sótanos condenados a la tecnodependencia más absurda. A otros directamente se les “ajusticia”. En pro del triunfo de la oligarquía cibernética, Yarvin y otros argumentan positivamente sobre la eugenesia y la yatrogenia tecnodirigida. No es una extrema derecha que suscita dudas en torno a las vacunas. Estos, muy al contrario, profesan una especie de sentimiento pararreligioso en el que la ciencia médica, la tecnología y la fuerza bélica se unirían para someter a miles de millones de seres humanos. En fin, todo esto va en serio. No es una chanza. La nueva eugenesia ya no es la creencia y práctica orientada a “mejorar” la especie humana mediante el control selectivo de los rasgos hereditarios: es una imposición global para suprimir a los diferentes, a los otros, mediante técnicas sofisticadas en las que la ciencia más luciférica y la tecnología más criminal trabajan unidas contra la vida. Que Dios nos ampare…
Pedro Burruezo





