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30 de septiembre de 2026
Una foto de todo el equipo investigador de One Blue Atlantic durante la expedición
CONTAMINANTES EMERGENTES
ONE BLUE ATLANTIC-MARINELLA FARRÉ Y MARTA LLORCA
"Hemos encontrado lo que sospechábamos"
¿Qué sabemos sobre los contaminantes emergentes del océano y su posible impacto en nuestra salud? Es una de las cuestiones que investiga One Blue Atlantic, una de las principales acciones del proyecto europeo ONE-BLUE, liderado por el CSIC y financiado por Horizon Europe. El proyecto inició en Vigo hace unos meses una campaña oceanográfica para estudiar contaminantes emergentes como microplásticos, residuos farmacéuticos, antibióticos o productos de cuidado personal, y sus posibles efectos sobre los ecosistemas marinos y la salud humana. Pedro Burruezo charló con las dos coordinadoras del proyecto, las investigadoras Marinella Farré y Marta Llorca.
-¿Nos podéis explicar en qué ha consistido la última expedición de One Blue Atlantic?
-Hemos tomado muestras de diferentes partes del Mediterráneo y del Atlántico, así como de sedimentos y de fauna marina, para ver en qué manera los contaminantes emergentes están presentes en el medio, en la cadena trófica, etc. Un contaminante emergente es una contaminante sobre el que no existe una legislación restrictiva porque no hay evidencia científica de que su presencia en el medio sea nociva.

Marinella Farré, una de las investigadoras de One Blue Atlantic
SIN SORPRESAS
-¿Qué es lo que estabais buscando y qué habéis encontrado?
-No íbamos buscando algo muy determinado. Sino, como ya hemos dicho, contaminantes emergentes, en general. No nos hemos llevado sorpresas. Es decir, hemos encontrado lo que sospechábamos. Nuestros mares y océanos están contaminados. Contaminantes sobre los que aún no hay una legislación restrictiva, porque no hay evidencia de su nocividad (aunque sí hay muchas sospechas), están en nuestros mares, en la cadena trófica, en los sedimentos marinos. En algunos lugares más que otros, claro. Pero ya están ahí, diseminados, y son altamente persistentes, como aquellos sobre los que sí que ya hay una legislación reguladora. En algunos sitios no hemos podido investigar. En algunas zonas del Mediterráneo, hay cementerios de automóviles. Ahí no hemos podido tomar muestras. En el Atlántico, en algunas zonas, no se pueden tomar muestras porque hay vertederos nucleares. En fin…

Marta Llorca, otra de las responsables del estudio
LAS CONSECUENCIAS EN LA SALUD
-¿Tienen efectos la mayoría de estos contaminantes, a través del pescado o marisco que consumimos, en nuestra salud?
-Se está estudiando. Sospechamos que sí, efectivamente. Muchos de ellos son disruptores endocrinos, como lo son otras sustancias que ya han sido reguladas. Hemos estudiado por ejemplos mejillones, doradas, almejas, navajas, boquerones… Investigamos la evolución histórica de estos contaminantes de origen antropogénico en diferentes espacios y especies. Nuestro trabajo consiste en evaluar si están y si son dañinos para que, evidentemente, el legislador tenga pruebas científicas con que regular esas sustancias y evitar problemas mayores.
LOS LOBBIES
-Pero los lobbies son muy poderosos… ¿No sería más fácil aplicar el Principio de Precaución que destinar tantos recursos públicos para que empresarios sin escrúpulos sigan lanzando al medio productos altamente tóxicos de los que no hay ninguna evidencia de su inocuidad?
-Es una forma de verdad, desde luego. Pero nuestro sistema jurídico está basado en el hecho de que no se puede prohibir o regular algo de lo que no hay evidencia de sus desastrosas consecuencias, aunque las sospechas sean muy altas. Nosotras solo somos científicas. No entramos en el sistema jurídico. Pero, obviamente, si nosotras observamos que hay peligro, lo comunicamos a las autoridades pertinentes y los y las responsables tendrán que tomar medidas para proteger a la ciudadanía y a los ecosistemas.
LA CIUDADANÍA
-¿Qué puede hacer el ciudadano de a pie para aminorar el impacto de estos contaminantes en el medio marino?
-La concienciación es muy importante. Investigadores, periodistas, divulgadores, prescriptores, consumidores… Cada uno juega un papel. Una sociedad bien informada es una sociedad que toma determinaciones conscientes. Los resultados del proyecto lo que vienen a concluir es que todos contribuimos a esta contaminación y que proceden de compuestos que usamos todos los días. Por lo tanto, informar, concienciar, divulgar… es importante. Y, cuando tengamos las evidencias definitivas, entonces habrá que prohibir, regular, poner límites al desastre. El problema es que el aparato regulador es muy lenta mientras que la industria es muy dinámica y con mucha capacidad “camaleónica”.
CONSECUENCIAS
-¿Podemos decir que los contaminantes ya regulados, y los emergentes (si se cumplen las sospechas de gran parte de la clase científica), están provocando cambios que afectan a la salud de las especies y a la de los consumidores pero también a las conductas y otros cambios morfológicos?
-Sí. Por ejemplo, la exposición a estas sustancias puede provocar todo tipo de consecuencias. Por ejemplo, machos feminizados, o hembras masculinizadas. También vemos peces más violentos. O especies que son cada vez más pequeñas, como los boquerones. Muchas de estas sustancias provocan cáncer, esterilidad… tanto a la fauna como a los humanos. Estamos investigando arduamente para que el problema no se extienda más todavía. Aunque nuestros recursos son limitados y, como ya hemos dicho, el sistema jurídico/investigador es lento y, desde que se detecta la nocividad, pueden pasar años hasta la regulación. Por ello, es importante que los consumidores tomen cartas en el asunto. Es mejor prevenir que curar. Nosotros, como consumidores, también tenemos un margen de acción…
EFECTO CÓCTEL
-¿Y el efecto cóctel?
-Sí. También estudiamos la manera en que estos contaminantes, altamente persistentes, lo que llamamos contaminantes eternos, actúan de forma grupal, sinérgicamente. Porque no estamos expuestos a una sola sustancia. Sino a muchas. Como la fauna marina. Plásticos, restos de fármacos, ftalatos, dioxinas… forman un cóctel muy peligroso.
P. Burruezo





