
SUPLEMENTOS NUTRICIONALES ALIMENTICIOS/LO SALUDABLE ARRINCONA A LO DEPORTIVO/Notable cambio de hábitos en los consumidores
16 de julio de 2026
INCENDIOS FORESTALES
ALMAS HECHAS CENIZAS
Más enfermedades mentales en las zonas desoladas… y más suicidios
La población afectada por incendios forestales sufre un impacto significativo en su salud mental. No es una opinión. Es una afirmación respaldada por múltiples estudios científicos. Las llamas no sólo arrasan con la vida vegetal y con la fauna. Se llevan mucho más. También dejan las almas completamente en cenizas.
Estudios recientes muestran que la exposición a incendios forestales puede aumentar las tasas de depresión hasta un 33.3% dieciocho meses después del evento, especialmente en niños, bomberos, equipos de emergencia y mujeres embarazadas. Además, se ha observado que hasta un 22% de la población afectada puede desarrollar trastornos como depresión, ansiedad o estrés postraumático. Algunos incendios son absolutamente devastadores para los bosques: se pierden vidas humanas, animales… Son pérdidas irreparables. El alma se siente devastada. Y todo llegó sin previo aviso. De la noche a la mañana, a veces, se ha perdido todo: la familia, la casa, las mascotas, el ganado, el paisaje… Fundido a negro ceniza.
TEPT
El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es uno de los trastornos más frecuentes tras estos desastres, con prevalencias que oscilan entre el 15% y el 25% en adultos y hasta un 37% en niños y adolescentes afectados por incendios forestales. La destrucción de entornos naturales y espacios comunitarios no solo genera pérdidas materiales, sino también un impacto en los vínculos afectivos con el lugar, lo que puede derivar en los que los especialistas ya denominan angustia psicológica y duelo ecológico. Entre los efectos a largo plazo, cabe destacar que los síntomas de disrupción en la salud mental pueden persistir años después del incendio, especialmente si no se recibe atención adecuada. La depresión es el problema más común: afecta a aproximadamente el 30% de los supervivientes de desastres, seguido de angustia, problemas de sueño, duelo, etc.
MÁS SUICIDIOS
La Universidad de Harvad llevó a cabo un estudio (2024-2025) que investigó cómo el humo de los incendios (partículas PM2.5) afecta no solo la salud respiratoria, sino también la salud mental, especialmente en poblaciones vulnerables (niños, ancianos, personas con trastornos preexistentes). Se encontró que la exposición prolongada al humo aumenta el riesgo de depresión, ansiedad y suicidio, con efectos más marcados en zonas rurales. La Universidad de California llevó a cabo otro estudio recientemente (2021) sobre el incendio Camp Fire (2018), que mostró que los supervivientes presentaron niveles de TEPT comparables a los de veteranos de guerra. También se observó un aumento en hospitalizaciones psiquiátricas y suicidios en las zonas afectadas. En Chile, tras el incendio "Las Máquinas" (el más grande de su historia), se documentaron altas prevalencias de TEPT, ideación suicida, ansiedad y depresión en adolescentes, con mayor afectación en mujeres. En Australia, datos longitudinales indican que la sequía y los incendios forestales elevan el riesgo de suicidio en un 15% en la población general, y hasta un 84% en hombres rurales en condiciones de sequía severa y prolongada.
APAGEN LOS INCENDIOS ANTES DE QUE LLEGUEN
Todo lo que estamos contando no son opiniones de conspiranoicos. Son verdades científicas respaldadas por estudios sociológicos llevados a cabo de la manera más pertinente. Porque los incendios se tienen que apagar antes de que lleguen, con sus desastrosas consecuencias. Apagar incendios "antes de que lleguen" implica adelantarse al fuego mediante la prevención, la limpieza de terrenos, la creación de cortafuegos y el uso de técnicas de extinción táctica como el fuego técnico. Para lograrlo con eficacia, se aplican diversas estrategias tanto en la naturaleza como en zonas cercanas a poblaciones. Pero, más que políticas creadas en despachos de grandes urbes, lo que necesitamos es pueblos vivos (y no sólo urbanizaciones para extranjeros adinerados). Necesitamos ganaderos y ganaderas con sus rebaños por los montes. Gente que resida en el lugar y que cuide de sus fincas de la mejor manera posible. Necesitamos bosques rentables. La especulación urbanística es un combustible imposible de apagar en una sociedad tan materialista. Y, además, en un mundo alfabetizado pero inculto… los pirómanos son legión. Tanta burocracia en las zonas rurales también es piromanía. Fomenten la vida en los pueblos y la rentabilidad de los bosques: eso funciona mejor que 20 mil mangueras.
Antonio Sánchez

