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LIBROS
"TODOS LOS SERES SINTIENTES"
“Cada compra, cada alimento y cada decisión expresan una determinada relación con el mundo”
Pedro Kaiten Piquero, vía Athenaica Ediciones, ha puesto en circulación “Todos los seres sintientes”. El libro lleva por subtítulo: “Un manifiesto budista en defensa de los animales”. Pedro Burruezo charló con este monje budista zen que dice: “Que el camino de la verdad no sea una idea; que sea la práctica incesante de morar en el mundo con una compasión que abrace, sin excepciones, a todos los seres sintientes”. Pedro Kaiten Piquero es, además de monje, traductor y pianista…
-¿Cómo le explicaría su libro a alguien que no lo haya leído?
-Diría que trata de cómo nos relacionamos, muchas veces sin darnos cuenta, con el resto de animales y de qué cambia cuando empezamos a mirarlos de otra manera. Sirviéndome de mi convivencia con mi perrita Murphy, intento explicar algunas enseñanzas budistas que nos ayudan a contemplar la existencia desde otra perspectiva. Es una invitación a comprender la realidad que viven muchos animales y a preguntarnos qué lugar ocupan en nuestra vida. Más que un tratado sobre budismo o un ensayo sobre veganismo, el libro propone mirar de frente aquello que preferimos no ver.
LA CAUSA
-¿Qué le ha llevado a escribirlo y por qué cree que es necesario?
-El manifiesto nace de la sugerencia de mi editor, Manuel Rosal, de reunir algunas enseñanzas budistas y la defensa de los animales. Creo que ha llegado el momento de abrir los ojos ante el innecesario sufrimiento al que sometemos a numerosos individuos, más allá de la tradición que cada uno invoque para justificarlo. Vivimos una época en la que hablamos constantemente de derechos, justicia o compasión, pero rara vez extendemos esas palabras a quienes también padecen dolor y miedo. Creo que esa conversación ya no puede seguir posponiéndose.
DOLOR INVISIBLE
-¿Cómo se vuelve invisible el dolor?
-No creo que haya una sola manera, pero todas nacen de la estructura de nuestras pequeñas identidades. En un intento de autopreservarnos, procuramos no enfrentarnos a aquello que pone en cuestión la imagen que tenemos de nosotros mismos. El dolor se vuelve invisible cuando reconocerlo nos obligaría a revisar nuestra forma de vivir. Entonces dejamos de prestarle atención. El lenguaje desempeña aquí un papel decisivo. Dejamos de hablar de individuos para hablar de recursos, producción, rendimiento o consumo. Cuando cambiamos el nombre de las cosas, muchas veces también dejamos de verlas. La indiferencia rara vez empieza en el corazón; casi siempre comienza en el lenguaje.
¿SOLUCIÓN?
-¿En qué medida piensa usted que el veganismo es la solución a muchos problemas y de qué tipo de veganismo estamos hablando?
-El veganismo no marca el final de un camino ético; representa su punto de partida. Tampoco consiste en alcanzar un estado de pureza moral, sino en asumir una conducta orientada a reducir el sufrimiento. Nadie puede vivir sin dejar huella; la cuestión es disminuir, en la medida de lo posible, el daño que provocamos a los seres con los que compartimos el mundo, ya sea un hongo, un cedro o una oveja. También conviene recordar que nuestra existencia, incluso cuando intentamos hacerla más respetuosa con el entorno, no está por encima de la de los demás. Cada individuo, pertenezca o no a nuestra especie, tiene aversiones, anhelos y no desea morir antes de tiempo. Por eso, una ética compasiva no puede asumir como normal que unas vidas sean sacrificadas sistemáticamente para satisfacer intereses prescindibles de otras.
AGRICULTURA INDUSTRIAL
-¿Comer productos vegetales procedentes de la agricultura industrial es mejor que comer productos animales ecológicos de Km 0?
-Plantearlo así podría situarnos ante un falso dilema. No creo que debamos elegir entre devastar ecosistemas o aceptar que individuos sintientes sean confinados, separados de sus familias y explotados hasta la extenuación. La sostenibilidad ambiental y la consideración ética hacia los animales no humanos no son objetivos enfrentados; deberían avanzar de la mano.

¿MANIQUEÍSMO?
-¿Se le podría acusar a usted de maniqueísmo? ¿Buenos y malos? Pero usted no adopta el tono de la denuncia…
-No sé si tiene mucho sentido dividir el mundo entre buenos y malos. Cada situación es distinta. Lo que en un caso, como la muerte de un león para salvar la propia vida, puede resultar inevitable, se vuelve profundamente problemático cuando se hace por ocio o para obtener partes de su cuerpo. El budismo sugiere que la cuestión no pasa por condenar a las personas, sino por comprender las causas del sufrimiento y actuar para reducirlo. La descripción de los hechos pierde su fuerza cuando desemboca en la deshumanización del otro. Prefiero invitar a la reflexión. Como explico en el libro, el veganismo es una condición necesaria, aunque insuficiente, si termina levantando un muro entre nosotros. La compasión, en definitiva, deja de ser tal cuando establece bandos.
LA MÚSICA
-¿Qué papel juega la música en todo esto? ¿Existe una música zen no tradicional?
-No creo que exista una «música zen» en sentido estricto. Ni siquiera tengo claro qué queremos decir cuando hablamos de «zen». Si se entiende como una manera de estar aquí y ahora, entonces el instrumento, el estilo o la tradición musical importan mucho menos que la forma en que nos relacionamos con el hecho sonoro. Puede haber más presencia escuchando una improvisación de jazz, una obra de Bach o una canción de rock que reproduciendo una lista etiquetada como «música zen». Cuando dejamos de utilizar la música como un simple estímulo y empezamos a habitar plenamente su realidad física, también ella se convierte en una vía de práctica. Ocurre igual que con la ética: todo depende de cómo experimentamos el mundo, no de adoptar una determinada estética. La atención, la compasión y el respeto no tienen un género musical propio.
BIOCULTURA
-¿Qué es BioCultura para usted?
-Para mí representa una realidad: la biología, como todo lo demás, no está separada de la cultura. Alimentarnos, consumir o relacionarnos con los demás seres vivos responde tanto a necesidades biológicas como a valores, convicciones y decisiones éticas. Me gusta que BioCultura recuerde que nuestra vida nunca es neutra. Cada compra, cada alimento y cada decisión expresan una determinada relación con el mundo y con quienes lo habitan. Es precisamente ese vínculo entre lucidez, responsabilidad y acción lo que convierte a BioCultura en un espacio muy valioso.
Pedro Burruezo





