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OPINIÓN
LA PÉRFIDA BUROCRACIA ALEJA AL CAMPESINADO DEL CAMPO
Un artículo de María García
Ella ha dejado su trabajo en una oficina de Madrid para ecoemprender con la ganadería ecológica en extensivo. Pero podríamos decir que le dedica más tiempo a la burocracia y a los papeleos que a su trabajo de ganadera. El caso de X es uno más de los miles que podríamos citar. Si queremos alimentos sanos y saludables en nuestro territorio, si queremos una soberanía alimentaria contundente, hay que empezar por eliminar trabas, papeleos y trámites innecesarios, que, además, discriminan a los mayores, que prefieren tirar la toalla antes que enfrentarse a una batalla que sienten perdida de antemano.
La burocracia es la muerte de todo buen trabajo…
Albert Einstein
¡Qué tiempos aquellos los de la foto! La gente se dedicaba a lo que sabía hacer. Podían vivir con carencias materiales, pero no tenían problemas de estrés. La burocracia asfixia hoy a los agricultores españoles, especialmente a los ecológicos, con trámites interminables y requisitos cambiantes que ahogan su día a día. Un texto de María García…
EL LABERINTO
Muchos jóvenes se sienten atraídos por la vida en el campo. Pero ven la agricultura y la ganadería como un laberinto de papeleos, donde cada paso exige un nuevo problema, un formulario o una gestión que parece diseñada para desanimar. Si es así con la gente joven, acostumbrada a nuevas tecnologías, imagínense lo que ocurre con los mayores… Algunos/as no saben si quiera qué es una firma electrónica. Muchos/as están deseando jubilarse y olvidarse por fin de la pérfida burocracia… que erosiona sus vidas. Dicen los doctores holísticos que el estrés puede ser más perjudicial que otras hostilidades de la vida moderna. Pues de ese estrés tecnológico saben mucho nuestros campesinos y campesinas… Se les quiere sacar de las tierras. La congestión tecnoburocrática es una forma de hacerlo.
EXCLUSIÓN
La burocracia afecta muy negativa a los veteranos y veteranas que nos han dado de comer durante décadas. Los mayores, con lustros de experiencia, se sienten excluidos: la tecnología, los papeleos y los plazos ajustados son barreras que les cierran las puertas de subvenciones, ayudas y gestiones. Les complican la vista hasta tal punto que muchos/as prefieren tirar la toalla y/o desistir de cobrar ciertos derechos antes que enfrentarse a horas y horas de papeleos absurdos. Certificar un producto ecológico puede requerir meses de gestiones, mientras el mercado exige rapidez. Por no hablar del clima. Ecoemprendes y son tantas las barreras que, cuando ya el cultivo empieza a funcionar porque ya estás manos a la obra con los papeleos atrás, entonces el clima ya ha cambiado…
LA PAC
Las ayudas de la PAC llegan tarde y con condiciones tan complejas que muchos prefieren renunciar a ellas antes que perderse en el intento. Porque son horas y horas de gestiones delirantes. Y además son horas improductivas. Tienes que dejar lo que estás haciendo, lo importante, para meterte en una habitación, con un ordenador, lejos de lo que es realmente lo tuyo: la huerta, los campos, el ganado, etc. Y, en no pocas ocasiones, después de haber dedicado horas y horas, las subvenciones son denegadas, las gestionen no progresan y no se sabe cuándo se cobrará ni el qué… si es que hay algo que cobrar. La modernidad ha convertido a agricultores, artistas, autónomos… en pedigüeños digitales.
LA DIGITALIZACIÓN
La digitalización obligatoria deja atrás a quienes no tienen acceso a internet y/o no saben manejar plataformas en línea, profundizando la brecha generacional. También hay gente que, sabiendo manejarse con la tecnología, no quiere hacerlo. ¿Por qué habrían de ceder a la dictadura tecnológica? Si X quiere producir leche de cabra, ¿por qué tiene que pasarse tantas horas delante del ordenador? Si es precisamente eso lo que quiso dejar atrás al venir al campo. Eso lo puede argumentar X y muchos y muchas más… Cientos, miles…
LOS GOBIERNOS
Da igual que gobiernen unos o los otros. Cada año trae nuevas normas, nuevas obligaciones, y el agricultor se convierte en un funcionario (sin sueldo, sin derechos) más, en lugar de dedicarse a lo que sabe: trabajar la tierra. El sector ecológico, que debería ser el futuro (lo es, no nos cabe duda), se ahoga en un mar de papeleos en los que la orilla nunca llega. No queremos decir que las certificación no sea válida. Y tampoco señalamos que no tengan que haber inspecciones. Lo que denunciamos es que el hombre y la mujer del campo tengan que convertirse, ya produzcan en ecológico o en convencional, en una especie de robots más pendientes de las subvenciones, permisos, delegaciones, pasillos, plataformas, firmas digitales, certificaciones… que de lo que de verdad importa.
NO ME EXTRAÑA
Y así las cosas… Los jóvenes, formados y con ideas innovadoras, eligen otras profesiones donde el esfuerzo no se diluye en interminables colas y expedientes, sean presenciales o digitales. No me extraña. ¿Esas horas y horas de papeles quién las retribuye? Nadie quiere trabajar gratis. Y menos ante tamaña insensatez de papeles absurdos y lenguajes que no entienden ni siquiera los tecnócratas de la Administración. Y así, el campo se queda sin relevo, sin tradición, y con un futuro que se desvanece entre gestiones y firmas. Esperemos que, algún día, gobierne quien gobierne, el campesinado pueda vivir de lo que produce sin arrodillarse ante interminables gestiones, tan absurdas como malintencionadas. Mientras, la gran industria tiene a profesionales bien formados y liberados de otros trabajos que se dedican sólo a hacer lo que mejor saben: exprimir al tesoro público en detrimento de los menos pudientes.
María García





