
XVI CONGRESO DE SEAE/AGROECOLOGÍA, RAÍCES Y FUTURO/Una crónica de Ángeles Parra
27 de abril de 2026
"EL ARTE DE ENVEJECER CON SENTIDO: SUMA VIDA A TUS AÑOS"
JOSEFINA LLARGUÉS
“Mi libro es un manifiesto para reivindicar la madurez y la vejez en positivo”
Josefina Llargués es licenciada en Psicopedagogía, posgraduada en Psicopatología Clínica y máster en Nutrición y Salud. Ha cursado también estudios de Naturopatía, Homeopatía y Nutrición Ayurveda. Imparte charlas desde un enfoque holístico de la salud y es autora de más de una docena de libros sobre nutrición, cocina y cosmética natural, cuatro de los cuales han sido premiados con los Gourmand Cookbook Awards por su contribución al fomento de los hábitos saludables. Su nuevo libro, “El arte de envejecer con sentido: suma vida a tus años”, está a punto de publicarse y la autora, acompañada del Dr. Francisco Marín, lo presentará en primicia en BioCultura CN 2026, el viernes 7 de mayo, a las 15 h, en la sala 12.
—¿Le puedes explicar tu nuevo libro a alguien que no lo haya leído?
-Creo que es más que un libro sobre salud; es un manifiesto para reivindicar la madurez y la vejez en positivo. A menudo, la sociedad nos enseña a temer el paso del tiempo o a volvernos invisibles al cumplir años —el edadismo del que tanto se habla en la actualidad—, pero mi propuesta es justo lo contrario: vivir una «nueva primavera» y reivindicar la figura de los late bloomers (flores tardías), porque en la naturaleza no todas las flores florecen al mismo tiempo ni todos los árboles regalan sus frutos en la misma estación. El libro es una hoja de ruta para una madurez y un envejecimiento positivos, porque no se trata solo de cumplir años sino de «sumar vida a los años». Para ello, combina evidencia científica, así como consejos y experiencias personales y profesionales, sin perder de vista la filosofía de las “Zonas Azules” —las comunidades más longevas del planeta—, pero con un enfoque real y cercano que nos permita construir nuestra propia Zona Azul allá donde vivamos. A través de nueve apartados —que son el núcleo del capítulo central del libro dedicado al “Bienestar consciente” y que considero relevantes para que cada persona tome las riendas de su salud integral—, exploro una tríada esencial: cuerpo, mente y espíritu, para que, a medida que pasan los años, podamos seguir aportando valor a la sociedad y disfrutando de una vida sana y plena.
ENVEJECER BIEN
—¿Por qué es tan importante envejecer bien?
-Envejecer bien es fundamental porque la longevidad sin calidad de vida no es, probablemente, la senda por la que nos gustaría caminar. El objetivo es que podamos gozar de independencia y de autonomía, para poder seguir haciendo, el mayor tiempo posible, todo aquello que para cada uno de nosotros sea importante, nos aporte felicidad y bienestar y nos permita disfrutar de una vida con sentido. Aunque no todo está bajo nuestro control, sí está a nuestro alcance procurarnos el autocuidado consciente; esa tríada esencial que mencionaba anteriormente. Porque si el cuerpo nos acompaña, si la mente se mantiene funcional y curiosa, y si el espíritu sigue conectado con un propósito vital, la vejez deja de ser una etapa de «freno» para convertirse en un camino lleno de nuevas oportunidades. En mi opinión, el autocuidado que nos permita envejecer bien es un acto de amor hacia nosotros mismos y hacia quienes nos acompañan en este trayecto vital, que nos permitirá seguir siendo partícipes activos de la vida y del mundo, y no meros espectadores.

CUIDARSE ANTES DE ENVEJECER
—¿Por qué crees que hay tantas personas que envejecen mal?
-En mi opinión, el envejecimiento no se inicia de un día para otro ni con la jubilación. Necesitamos empezar a cuidarnos mucho antes e invertir en lo que yo denomino un «Plan de pensiones de salud»: una cuenta en la que debemos ingresar activos cada día, tal como propongo en el libro. Por supuesto, esto no implica renunciar a los placeres de la vida o a darnos un capricho de vez en cuando. El error está en delegar nuestra salud exclusivamente en el sistema sanitario o en los fármacos cuando surge un problema, en lugar de asumir nuestra responsabilidad individual de forma preventiva. No podemos pretender disfrutar de una vejez plena si hemos vivido de espaldas a nuestro cuerpo durante décadas. Es cierto, como he comentado anteriormente, que no todo está bajo nuestro control y que el entorno, a menudo, nos empuja a priorizar unos hábitos y una filosofía de vida poco saludables. Sin embargo, en la mayoría de ocasiones, envejecer mal es el resultado de haber «priorizado lo que nos apetece, en lugar de lo que nos conviene», a través de nuestras pequeñas decisiones diarias: qué alimentos llenan nuestra cesta de la compra, cuánto y cuándo dormimos, cómo gestionamos nuestras emociones, con quién y cómo nos relacionamos, cuánto tiempo dedicamos a las redes sociales y a nuestro sofá preferido… Asumir la responsabilidad de nuestra salud es el lenguaje universal para practicar con el ejemplo la filosofía de «vivir con sentido». Es el legado que transmitimos a nuestros hijos y nietos, si los tenemos: el valor de un estilo de vida saludable y sostenible. Porque, al cuidarnos nosotros hoy, estamos sembrando en ellos la semilla que les permitirá, en el futuro, tomar decisiones mucho más conscientes sobre su propia salud.
¿PARA QUÉ?
—No te enfades conmigo, pero… ¿Para qué queremos vivir más si cada vez hay gente sola en los asilos y en los pisos?
-No niego que, en la vejez, como en cualquier otra etapa de la vida, una persona con problemas graves de salud pueda precisar un centro especializado adaptado a sus necesidades. Sin embargo, es preocupante observar cómo gran parte de las personas mayores, de las llamadas «sociedades del bienestar», terminan solas en su casa o en una residencia en el momento en el que necesitan un poco más de atención y la familia decide que son una «carga» de la que no puede responsabilizarse. Citando a Zygmunt Bauman, formamos parte de una modernidad líquida, inmersos en una era marcada por el consumismo y la vertiginosa rapidez del día a día. Este ritmo ha debilitado profundamente los vínculos humanos hasta el punto en que todo lo que incomoda se oculta, se aparta o simplemente se ignora. Vivimos, tristemente, en la filosofía de «usar y tirar», en la que todo es efímero: los valores y, en ocasiones, por desgracia, también las personas. Y así, sin darnos cuenta, se nos pasa la vida. Pero no podemos esperar a que la sociedad cambie sus valores de la noche a la mañana; debemos empezar por nosotros mismos. Cuidar nuestra salud hoy es el mayor acto de soberanía personal para poder tomar nuestras propias decisiones mañana. Cuanto más fuertes y lúcidos lleguemos a la vejez, menos vulnerables seremos a esa «cultura del descarte». Invertir en nuestra tríada —cuerpo, mente y espíritu— no es solo para vivir más tiempo; es para ocuparnos de que nuestra voz se siga escuchando y para que nuestro lugar en el mundo no lo decida el ritmo de los demás, sino nuestra propia voluntad de decir: «Aquí sigo, con proyectos y con ganas».
PROPUESTAS
— ¿Cuáles son tus propuestas para vivir mejor y con alegría?
-Los factores que promueven una madurez y un envejecimiento saludables son diversos, pero «comer sano, dormir bien y la actividad física regular» son tres pilares que juegan un papel destacado. Aspectos que confirma el biólogo molecular Venkatraman Ramakrishnan, un reconocido científico en este campo, que recibió el Premio Nobel de Química en 2009 por su investigación sobre la estructura y función del ribosoma. Si a todo esto sumamos el contacto con la naturaleza, un propósito de vida —el Ikigai tan arraigado en la cultura japonesa—, disfrutar de momentos de soledad, sin olvidar la conexión de calidad con los demás y plantearnos nuevos desafíos, creo que es todo lo que necesitamos. En realidad, estos aspectos, con un toque de disciplina y dando pequeños pero sólidos pasos diarios, como propone la filosofía Kaizen, están al alcance de la mayoría de nosotros.
Pedro Burruezo





