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OPINIÓN
"LA ALIMENTACIÓN DEL AMOR"
Un artículo de Pedro Burruezo
Pedro Burruezo ataca de nuevo y nos brinda en este artículo unas cuantas claves sobre lo que debería ser la alimentación del amor… que es, según el autor, una de las más elevadas muestras de cariño que puede ofrecer el ser humano a sus congéneres…
El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto...
François de La Rochefoucauld
Una plaga de sentimentalismo está asolando la Tierra. Así es. Ya el profeta Jesús dijo: “Por sus actos les conoceréis”. Hoy, un gran porcentaje de la población prefiere hablar a actuar. Todo el mundo está dispuesto a lanzar sentencias solemnes (especialmente en las redes sociales y en los tabernáculos digitales) sobre cómo es el amor. Pero actuar es otro asunto. Cuántos y cuántas escriben frases edulcoradas en sus muros cuando se acerca San Valentín… Sin embargo, qué pocos de ellos/as se comportan como verdaderos “enamorados” al tratar con sus parejas, sus hijos, sus familiares, sus vecinos… y/o la Tierra…
LAS FORMAS EN QUE EL AMOR SE MANIFIESTA
La televisión, Hollywood y la cursilería de la prensa “rosa” nos han enseñado mil formas en las que el amor se manifiesta. Justo… son esas maneras las más alejadas de la entrega y del abandono de sí mismo, condiciones sine quanom para poder hablar en un sentido profundo y legítimo del término. De hecho, desde que el sentimentalismo impera en las relaciones presuntamente amorosas… hay más divorcios (y más violentos), más soledad, más aislamiento, más individualismo y más fragilidad en las relaciones (de cualquier índole). Efectivamente, yo me atrevería a decir que la desviación se produce tanto a la derecha como a la izquierda. Es decir, que, en el terreno de lo estrictamente emocional, los y las hay que han elegido el camino del desvío, bien a base de llegar a una edulcoración manifiesta e insana de su relación, bien a base de sustituir el “mariposas en el estómago” por la gimnasia sexual. Unos y otros viven en un sinsentido, completamente alejados de las leyes tradicionales que hoy aún perviven en el legado de los antiguos profetas y de los hombres y mujeres de sabiduría que han vivido siendo ejemplos de una senda que parece llamada, ya, desgraciadamente, a la extinción.
EL ALIMENTO MÁS AMOROSO
Yo no conozco muchas más muestras de amor, y más elevadas, que la producción de alimentos sanos, sabrosos y seguros… para tu pareja, tus hijos, tu tribu, tus vecinos. Cuando una persona cultiva y/o cría (si son animales) los alimentos de su familia, sean vegetales y/o de procedencia animal, y lo hace desde su sentir más afectuosamente profundo y genuino… no hay alimento sobre la faz de la Tierra que sea más sabroso, sanador y trascendente. Y, además, el margen para practicar la alquimia alimentaria da mucho de sí, porque, si no puedes ni cultivar ni criar, siempre podrás cocinar o preparar alimentos en tu propia casa. Si eres capaz de guisar, asar, freír… de forma atenta… alimentos que no sean “comestibles”, sino verdaderas bombas de la relojería del cariño, en su aspecto más hondo, estás abriendo la puerta del Paraíso no en el más allá, sino aquí y ahora. El hombre que lleva a su hogar las hortalizas de su huerto “bio” y libre… La abuela que cocina para toda la familia lo que compró en el mercado de abastos. La señora que cuida de un gallinero orgánico y regala el excedente de huevos a su familia y vecinos… El abuelo que se pasó la tarde recogiendo moras y se las obsequia a familiares y amigos… Qué pena que ahora las abuelas encarguen pizzas saturadas de productos químicos para sus nietos… Cuan grande desgracia que ahora las madres y padres prefieran perder el tiempo en los tentáculos de las redes sociales, antes que cocinar con dulzura para sus parejas, hijos/as, etc. Qué tristeza que ya no haya hijos/as que dan de comer a sus ancianos padres/madres… cuando ellos/as ya no saben valerse por sí mismos. Es importante que el alimento sea ecológico y lo más local posible. Sí. Pero, según los baremos de la espiritualidad más profunda, que el alimento sea orgánico sólo es la mitad del camino. Hay mucho más. Y no estoy hablando de si el producto viene envuelto en plástico o no, o de si pertenece a un pequeño productor o a una gran empresa… El que quiera entender que entienda…
¡QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!
¿Por qué motivo, incluso aunque hayamos visitado los restaurantes más lujosos, nunca hemos vuelto a saborear una crema catalana, unas costillas de cordero o una sopa de ajo… como las que comíamos cuando éramos niños? Porque allí estaban madres, padres, abuelas y abuelos, tíos y tías, vecinas y vecinos, para dejarse el alma cocinando para nosotros. El bocata más simple de queso y mantequilla sabía a gloria, cuando tu madre te lo bajaba al parque mientras tú acababas de sentenciar el partido infantil con un enorme golazo. Qué tiempos aquellos en que el vecino, que había batallado en la guerra junto al padre (teniente), y al que le estaba enormemente agradecido por toda la eternidad por el trato de favor recibido, traía a casa cada viernes las verduras, frutas y hortalizas de su finca, más los huevos y conejos que él mismo criaba… Qué sabor tan inenarrable. La química no había llegado aún a los campos. Todo era naturalmente ecológico. Aquel hombre, un humilde payés que jamás había tocado un fusil, se sentía tan agradecido con mi padre… porque siempre le trató con cariño a pesar de lo duras que eran las condiciones de vida en el frente… que su manera de mostrarle un amor incondicional era darle lo que él mejor sabía hacer: sus verduras, sus gallinas, sus frutas… Recordándole se me humedecen las mejillas. Aquel hombre sabía el valor de aquellas cestas llenas de alimentos. No confundía valor por precio. Mi padre tampoco. Doy gracias al Cielo por haber sido testigo de aquel reencuentro y de su hermoso significado.
EL AMAMANTAMIENTO Y EL AYUNO
Para terminar, dos maneras en las que el amor, en su relación con la alimentación, se muestra en su forma más sublime (poco que ver con las mojigaterías sentimentaloides de las películas americanas). Por un lado, la mujer que ha parido recientemente y que, además de amamantar a su vástago, nutre a un huérfano o al hijo de una mujer que se ha quedado seca. La mujer que sustenta al que no es de su sangre, y que no tiene posibilidad de recibir la leche de su progenitora (por la razón que sea), es un ejemplo extraordinario de amor. Si, además, el acto se realiza con la voluntad profunda de contribuir al bien de un bebé (el que salva a un niño del sufrimiento o del hambre… está salvando a toda la Humanidad)… esa lactante está obteniendo un pasaporte infinito para la paz de su espíritu (en esta vida y en la que vendrá). Igualmente, otro acto de amor enorme es no comer, ayunar, para ponerse en la piel del hambriento. Una vez satisfecha la privación, comprendido el mensaje profundamente esotérico que conlleva, dar de comer al necesitado (aunque no sea de la familia, ni un vecino, ni amigo, y quizás mayormente por ello) es un acto de amor tan poderoso… cuyas consecuencias no sólo podrá percibir el receptor, sino, y especialmente, el donante. Se manifestarán de mil formas, todas ellas invisibles para la sociedad egoísta, individualista y materialista en la que nos ha tocado vivir. Si ese alimento, además, es ecológico, local, de temporada… entonces ya el beneficio será tan excepcional que no hay palabras en nuestro vocabulario… para definirlo.
Pedro Burruezo




